lunes, 13 de julio de 2026

DEL WSJ

 

Putin puede ver una oportunidad de destruir a la OTAN

Más allá del consebido melodrama humano que se desarrollará cuando el Presidente Trump se reúna con los líderes europeos en la cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, esta semana, se cierne una pregunta: ¿Está Vladi­mir Putin a punto de atacar a un estado miembro de la OTAN?
En principio la idea parece absurda. En su guerra des­astrosa contra Ucrania, el ejército ruso ha sufrido 1.4 mil­lón de bajas, un tercio de ellas muertas en acción. Su economía se tambalea, ya que la escasez de combustible y trabajo y los elevados precios hacen mella en el nivel de vida de su población. Los drones enemigos están llegando más profundo dentro de su territorio, causando daño y miedo en proporciones similares.
El está inmerso en una lucha contra un país con una población y un ejército que es una fracción del tamaño del suyo. Dado el éxito de esa guerra, ¿se nos pide en serio que creamos que él atacaría a una alianza con una economía y ejército mucho más grandes que los suyos?
Hace un mes me habría burlado de la idea. Pero las conversaciones con múltiples figuras políticas, militares y de la inteligencia europeas en las últimas semanas me sugieren que la posibilidad es real y está aumentando.
Para algunos estadounidenses, incluidos tal vez el presidente, la idea que Rusia pueda atacar a algunos europeos imprudentes que han sido notablemente de poca ayuda con las preocupaciones militares de Estados Unidos en los últimos meses podría inducir un bostezo de indiferencia o incluso una sonrisa de regocijo. Pero los riesgos de cualquier provocación rusa en Europa para la seguridad mundial de Estados Unidos son profundos. Ucrania, un país que no es miembro de la OTAN, es una cosa. Si fallamos en responder a la agresión rusa contra un miembro de la alianza, la OTAN se volvería una letra muerta.
Lo cual es el motivo por el cual el Sr. Putin podría atacar. Como me dijo un analista de inteligencia la semana pasada: Su inspiración puede ser Mar­shal Ferdin­and Foch, el gen­eral que comandó las fuerzas francesas en la Batalla del Marne en 1914. El informó notoriamente: “Mi centro está cedieno. Mi derecha está retrocediendo. Situación excelente. Estoy atacando."
Una muestra repentina de fuerza inesperada justo cuando él parece estar tambaleando a partir de su mal aconsejada guerra en Ucrania podría ser ventajosa para el Sr. Putin. Si bien el tratamiento de choque verbal del Sr. Trump ha impulsado a los miembros europeos de la OTAN a hacer finalmente más por su defensa propia, aun están lejos de estar preparados para una guerra defensiva. Los funcionarios de gobierno dicen que pasarán al menos cinco años antes que sus ejércitos estén cerca de poder reemplezar las capacidades estadounidenses en Europa.
Incluso una incursión pequeña podría condenar a la alianza si ésta carece de la voluntad política de responder con fuerza.
Al Sr. Trump le quedan 2 años y ½ en el cargo. No hay garantía que su sucesor tenrá un enfoque tan escéptico respecto a la OTAN. Si el Sr. Putin eligió los objetivos correctos, los líderes europeos sospechan que la administración del Sr. Trump no llegaría en ayuda de un país de la OTAN, debilitando fatalmente la credibilidad del compromiso de defensa colectiva de la alianza—y con él, la existencia de la OTAN—un resultado soñado para el Sr. Putin.
Sus necesidades polít­icas podrían también verse favorecidas por un ataque contra la OTAN. Un ex funcionario de defensa británico me dijo la semana pasada, "Tras cuatro años de fracaso y creciente descontento popular en casa, él necesita desesperadamente una victoria militar." ¿Qué mejor forma de levantar la moral que plantar la bandera rusa en algún cambo de la OTAN?
Todo esto sugiere que estamos ahora ante una estrecha ventana de oportunidad para que Rusia haga un movimiento. Si el Sr. Trump avanza con los planes de cortar los despliegues europeos, esa ventana se ensancha.
De hecho, informes de inteligencia apuntan a riesgos crecientes de acción rusa. La semana pasada un sitio noticioso polaco dijo que los funcionarios estadounidenses habían advertido a Varsovia que Rusia puede atacar el país. En una entrevista el mes pasado, una alta figura militar de una nación de la OTAN identificó múltiples riesgos, incluyendo una captura rusa de las islas en el Báltico y una incursión para "ayudar" a la minoría rusa en Estonia. Nada de esto equivaldría a una invasión a gran escala, pero cada uno sería suficiente provocación que si la OTAN fallara en responder, su credibilidad estaría en ruinas.
¿Realmente vale la pena defender a Europa con sangre y dinero estadounidenses? ¿La OTAN es todavía un interés estratégico esencial? He simpatizado durante mucho tiempo con el argumento que un gran compromiso estadounidense con el teatro europeo es un anacronismo en nuestra postura de seguridad, un retroceso a la geopolítica del siglo XX. China es obviamente la amenaza más grande para la seguridad y liderazgo de Estados Unidos; gestionar esa relación requiere un cambio de recursos estratégicos y atención hacia el Pacífico. Los europeos pueden y deberían cuidar de su propia libertad y seguridad.
Pero lo querramos o no, estamos en una guerra latente con un eje de la resistencia que corre desde Beijing pasando por Teherán hasta Moscú. Estados Unidos está todavía lidiando con las consecuencias de una guerra inconclusa con Irán que nos ha dejado militarmente debilitados. Mientras nos esforzamos por gestionar los potenciales movimientos oportunistas por parte de Xi Jin­ping de China en el Pacífico en Asia, el Sr. Putin podría asestar un golpe oportuno y fatal a una alianza transatlántica ya debilitada. Ese sería otro martillo en la cabeza de la seguridad y hegemonía occidentales, y un realce drástico del poder de la alianza de Rusia con China y nuestros otros adversarios.
Quizás toda la charla de un ataque ruso inmin­ente sea meramente desinformación de los funcionarios europeos, tratando de impedir que el Presidente Trump debilite más a la OTAN. Pero si ustedes fueran el presidente estadounidense, ¿querrían asumir ese riesgo?

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