viernes, 21 de agosto de 2026

 De INN:

El mandato de la Toráh de no temer

por Michael Freund
Agosto 12, 2026

Hay pocas cosas más naturales que temer en el campo de batalla.

Un soldado que enfrenta a un enemigo sabe lo que está en juego. Los siguientes minutos pueden determinar si él vive o muere, y sería antinatural que no sienta miedo.
Y aún así, en la parashá de esta semana de Shoftim, la Toráh ordena precisamente lo opuesto.
"Cuando vas a la guerra contra tu enemigo, y ves el caballo y la carroza, y un pueblo más numeroso que tu, no les temas, porque el Señor tu Dios está contigo, Quien te sacó de la tierra de Egipto" (Deuteronomio 20:1).
La Toráh no minimiza el peligro. Admite que Israel puede enfrentar a una fuerza más poderosa y sin embargo todavía insiste: No temas.
Antes que encaremos ese mandato, Rashi (el Rabino Shlomo Itzjaki, 1040-1105) atrae nuestra atención a una frase anterior en el versículo: "contra tu enemigo." A primera vista, las palabras parecen innecesarias. Después de todo, ¿contra quien más una nación iría a la guerra?

Rashi explica: "Considéralos tus enemigos; no tengas piedad de ellos, porque ellos no tendrán piedad de tí."

La compasión no debe cegarnos ante los que buscan nuestra destrucción. Si alguien está determinado a matarnos, no podemos permitirnos fingir lo contrario simplemente porque la verdad es poco placentera.
Pero si Rashi advierte contra subestimar al enemigo, el Ramban (Rab Moshe ben Najman, 1194-1270) advierte contra sobreestimarnos.

Comentando sobre el mismo versículo, él explica que los soldados judíos no deben confiar en su propia destreza militar, imaginando que prevalecerán a través de su propia fuerza. En su lugar, ellos deben volver sus corazones hacia Dios y colocar su confianza en El.

El Ramban no está minimizando la importancia de la fuerza militar. Su advertencia es contra confundir esa fuerza con la fuente trascendental de la victoria.
Apenas algunos versículos después, la Toráh hace esto explícito. Antes de la batalla, un Kohen especialmente designado dice al pueblo: "Porque el Señor tu Dios es El que va contigo, para luchar por tí contra tus enemigos, para salvarte" (Deuteronomio 20:4).
Rashi destaca que mientras los enemigos de Israel "vienen confiando en la fuerza de la carne y la sangre," el pueblo judío "viene confiando en la fuerza del Omnipresente." Los filisteos colocaron su confianza en Goliat, señala Rashi, pero cuando él cayó, ellos huyeron.
En otras palabras, estamos obligados a prepararnos, a luchar y a usar todo medio a nuestra disposición, mientras recordamos que finalmente es Hashem Quien lucha por Israel y concede su salvación.
Esto también ayuda a explicar el mandato de no tener miedo. Si todo depende únicamente de nuestra propia fuerza, un ejército más grande o mejor armado puede inspirar terror. Pero si el esfuerzo humano es necesario aunque el resultado finalmente depende de Dios, el miedo no tiene que determinar cómo actuamos.
El Rambam (Rab Moshe ben Maimón, 1138-1204) desarrolla esta idea en su Mishné Toráh (Hiljot Melajim 7:15). Una vez que un soldado entra en la batalla, escribe él, debe colocar su confianza en Dios y "no temer ser atemorizado." El debe poner a un lado los pensamientos de su esposa e hijos y concentrarse en la batalla ante él.
El punto no es que un soldado judío deje de sentir miedo. Es que no se pueda dejar que el miedo asuma el control.
Durante la mayor parte de los últimos dos mil años, los judíos fueron en gran medida impotentes para defenderse y a menudo turiveron que depender de otros para su protección.
El retorno a Eretz Israel cambió eso. Tras siglos de impotencia, el pueblo judío una vez más asumió la responsabilidad por su propia defensa. Un ejército judío ahora cuida el estado judío y protege la vida judía en la patria judía.
Considerados juntos, Rashi, Ramban y Rambam ofrecen una lección poderosa: debemos ver claramente a nuestros enemigos, nunca confundir nuestra fuerza con la fuente final de la victoria, y rehusarnos a permitir que el miedo gobierne nuestras decisiones.
A nuestra generación se le ha dado algo por lo que los judíos rezaron durante el curso de los siglos: la capacidad de defendernos en nuestra propia tierra. Después del exilio, la persecución, los pogromos y el Holocausto, hemos regresado a casa al fin.
Las armas y los enemigos pueden haber cambiado, pero el mandato no lo ha hecho: "No les temerás."

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