La innovadora decisión de Israel se siente como un cálido abrazo para cada criatura cuyo pelaje alguna vez lució en una pasarela.
Tras años de discreta labor de defensa, la nación ha prohibido la mayor parte de la venta de pieles para la moda, enviando la señal de que el estilo ya no requiere crueldad. Aunque se mantienen algunas excepciones limitadas por motivos de tradición e investigación, el mensaje es meridianamente claro: los animales merecen respeto, no convertirse en prendas de vestir. La esperanza ahora teje un futuro más compasivo para todas las especies.

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