Ankara ocupa Siria y luego da lecciones de soberanía a Israel
Un miembro de la OTAN que se niega a designar a Hamas, y alberga a su liderazgo no tiene derecho
a dar lecciones a un estado que tiene preocupaciones legítimas por el terrorismo.
Soldados turcos parados en la entrada fronteriza Cilvegozu para cruzar a Siria. Diciembre 10, 2024.(foto crédito: REUTERS/DILARA SENKAYA)
Por SINAN CIDDIAGOSTO 20, 2026
Antes del amanecer del 18 de agosto, la aviación israelí bombardeó la pista y plantas de almacenamiento en la base aérea
de Abu al-Duhur en el este de Idlib, aproximadamente a 70 kilómetros de la frontera turca, resultando en ocho ataques,
significativo daño material, pero ninguna víctima.
Las condenas llegaron más rápido que la evaluación de daños después que Damasco declaró a la operación una violación
flagrante de su soberanía. Ankara acusó al Primer Ministro Benjamin Netanyahu de seguir políticas “expansionistas y
desestabilizadoras” antes de la elección de Israel el 27 de octubre. El propio embajador de Washington en Ankara, Tom
Barrack, lo pronunció una "escalada innecesaria" que no hace nada por la paz regional.
La oficina del Primer Ministro Benjamin Netanyahu, de Israel, confirmó que Jerusalén y Damasco habían acordado un
status quo de seguridad, pero que Siria estaba “al borde de violarlo” permitiendo que tropas turcas se desplieguen en una
base aérea cerca de Aleppo. Israel había advertido repetidamente a Damasco, pero Damasco eligió proseguir de todas
formas.
Nadie debería tomar seriamente las protestas de Turquía o Barrack.
En marzo del 2025, equipos del ejército turco analizaron pistas y hangares en las bases aéreas T4 y Palmyra en la provincia
de Homs y la base aérea principal en Hama, mientras Ankara negociaba un acuerdo de defensa conjunto con los nuevos
gobernantes de Siria. Una inspecció de seguimiento agendada para el 25 de marzo nunca sucedió, porque aviones caza
israelíes habían atacado ambos sitios horas antes. Israel luego atacó T4 nuevamente a principios de abril, dejándola, de
acuerdo con una evaluación de inteligencia regional, inutilizable. El mensaje fue idéntico entonces y ahora: Israel no
permitirá que otra fuerza aérea, particularmente una perteneciente a un gobierno que la ha amenazado con la invasión,
erosione su libertad de acción sobre Siria. La percepción de Israel que la huella militar de Ankara en Siria pone en peligro
la seguridad israelí no es una proposición novedosa en Jerusalén. El gobierno israelí ha argumentado esto durante bastante
más de un año.
Las líneas rojas de Israel en Siria no son un misterio, y no tienen que ver con el discurso de Ahmad al-Sharaa. Tienen que
ver con la capacidad y la confianza. Sharaa es un ex comandante de al-Qaeda que ha sido recibido cálidamente en las
capitales occidentales en la esperanza que él haya cambiado. Tal vez lo haya hecho. Pero su ejército todavía alberga
formaciones de yihadistas extranjeros, incluidas unidades provenientes del Partido Islámico del Turquistán, cuyo liderazgo
ha estado vinculado con el Consejo Shura de al-Qaeda. El Estado Islámico mientras tanto se está reconstruyendo mientras se
achica la huella estadounidense. Israel no puede darse el lujo de asumir que un estado construido sobre esas bases, armado
y cubierto por aire por Ankara, seguirá siendo permanentemente no beligerante. Los analistas sobrios han destacado que un
entendimiento funcional entre Siria e Israel es asequible — lo cual es precisamente el motivo por el cual una guarnición
turca dentro del perímetro del acuerdo es tan corrosiva.
La refutación de Ankara es que su presencia en Siria es legal porque Damasco consiente, mientras que la de Israel no lo es.
Turquía también ha negado llanamente que estuviera en marcha algún despliegue en Abu al-Duhur, llamando a la afirmación
israelí un pretexto inventado, aunque los funcionarios israelíes dicen que información altamente sensible sobre ese
despliegue fue compartida de antemano con Washington. El argumento del consentimiento todavía merece análisis en sí
mismo, porque es una pieza destacable de legalismo retroactivo.
Turquía rara vez ha esperado el permiso cuando entró en Siria. Lanzó tres grandes operaciones transfronterizas — Escudo
del Eufrates en el 2016, Rama de Olivo contra Afrin en el 2018, y Fuente de Paz frente a Ras al-Ain y Tell Abyad en el
2019 — cada uno justificado por Ankara como legítima defensa contra el terrorismo, cada uno conducido a pesar de la
objeción explícita de Damasco. Armó y pagó a milicias islamistas y yihadistas durante la guerra. Todavía controla de forma
efectiva porciones del norte y continúa pagando los salarios de anteriores facciones del Ejército Nacional Sirio ahora
integradas en el nuevo ejército sirio — facciones documentadas deteniendo, extorsionando, y abusando de los civiles.
Entonces la doctrina turca operativa es esta: Ankara puede cruzar fronteras y ocupar territorio extranjero cuando percibe
una amenaza para la seguridad nacional, y todos los demás deben aceptarlo, sin embargo, Israel no puede. Turquía pasó
una década desmantelando la soberanía siria y ha pasado los últimos veinte meses invocando la "integridad territorial" de
Siria como si fuera un principio fundador. Esto no es ley, sino un posicionamiento regional disfrazado como ley.
No sabemos con precisión qué activo específico o actividad destruyeron las FDI en Abu al-Duhur. Israel ha declarado su
lógica sin exponer su información, lo cual es práctica normal cuando están en juego las fuentes y métodos. Pero el personal
general turco casi con seguridad sabe exactamente lo que había allí, sabe que Israel no lo toleraría, y tiene fuertes razones
para preferir que la conversación se quede en el nivel de los motivos electorales de Netanyahu. El argumento de la elección,
notablemente, es la pieza central de Ankara, y sustituye de forma conveniente cualquier afirmación sobre la conducta turca
por cualquier acusación sobre la conducta israelí.
Ankara también prefiere no discutir sobre la opinión pública siria. En julio del 2024, los motines contra Turquía arreciaron
en el norte controlado por Turquía; los manifestantes quemaron instalaciones turcas y cinco personas resultaron muertas.
Ese resentimiento no se ha evaporado. Los sirios comunes comprenden cada vez más que la expansión turca dentro de su
país invita sistemáticamente a las bombas israelíes en las pistas sirias, y que ellos absorben los costos de una rivalidad que
no eligieron.
El consentimiento de Damasco, en cualquier caso, no arregla nada respecto a Israel. Un miembro de la OTAN que se niega a
designar a Hamas, alberga a su liderazgo, y en cuyo suelo la inteligencia israelí expuso recientemente una red de
financiación a Hamas dirigida por Irán moviendo cientos de millones de dólares, no tiene derecho a dar lecciones a un
estado que tiene legítimas preocupaciones por el terrorismo. Tampoco el discurso escalatorio de Erdogan es un producto del
7 de octubre. Se remonta al enfrentamiento de "un minuto" con Shimon Peres en Davos en el 2009, pasando por el Mavi
Marmara, a su jactancia en el 2024 que Turquía podría entrar a Israel “así como entramos a Karabaj, así como entramos a
Libia” — una frase que repitió en abril del 2026.
El instinto de Washington por desintensificar es acertado, y vale la pena construir un mecanismo de desconflicto trilateral;
sin embargo, los intentos anteriores produjeron poco. Pero culpar automáticamente a Jerusalén, antes que se haga pública
la información de inteligencia, dice a Ankara que la escalada es gratis y que la presión estadounidense fluye en una
dirección. Erdogan ha pasado años escuchando que sus amenazas son mero discurso. Israel se negó a hacer esa presunción
en T4, y se negó nuevamente en Abu al-Duhur. Tom Barrack debería preguntar por qué una base cerca de Aleppo importaba
lo suficiente antes de concluir que no debería haber sido atacada.
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