lunes, 24 de agosto de 2026

de Ynet:

Cómo el Mossad robó el avión de combate más avanzado del mundo

Tras casi tres años de planificación, el Mossad reclutó al piloto iraquí Munir Redfa para volar un MiG-21 a Israel en 1966, llevando a cabo una de las operaciones de inteligencia más audaces en la historia israelí

Por Oded Kramer, Itzik Shasho

En la mañana del 16 de agosto de 1966, exactamente a las 8 a.m., un avión de combate extranjero aterrizó en la base de la Fuerza Aérea de Israel en Hatzor. Esta no era una aeronave amistosa en una visita de rutina. La insignia de la Fuerza Aérea de Irak estaba exhibida en sus alas y un piloto de 30 años de edad estaba sentado en la cabina, habiendo aterrizado voluntariamente en territorio enemigo. Al cabo de minutos, la importancia del hecho se volvió clara: Israel había obtenido un MiG-21, el avión de combate clasificado de la Unión Soviética y el más avanzado de la época, un arma a la que los gobiernos occidentales estaban desesperados por echarle las manos encima.

Un avión que nadie conocía

La historia empezó no en Bagdad, sino en Moscú. En la segunda mitad de 1962, Israel recibió información preocupante: la Unión Soviética había empezado a suministrar a los países árabes vecinos los MiG-21, una nueva generación de aeronaves interceptoras rápidas y sofisticadas cuyas capacidades eran desconocidas para la Fuerza Aérea de Israel y para cualquiera de sus aliados, incluidos los países de la OTAN.
El comandante de la Fuerza Aérea de Israel, Mayor General Ezer Weizman, entendió la escala de la amenaza. En abril de 1965, se reunió con el jefe del Mossad, Meir Amit, y le explicó que la Fuerza Aérea necesitaba saber todo acerca de los MiG-21 que estaban en manos árabes. El hizo una solicitud aparentemente imposible: obtener un MiG-21 para la Fuerza Aérea para que ésta pudiera estudiar en profundidad la aeronave.

El piloto cuya religión lo frenaba

Aunque en los papeles la misión parecía imaginaria e imposible, el Mossad asumió el reto. La solución no llegó a través del espionaje tecnológico o a través de irrumpir en una base militar sino a través de algo mucho más humano: la frustración.

Desde la década de 1950, el Mossad había mantenido un agente judío viviendo en Irak, quien tenía vínculos estrechos con los círculos del gobierno y del ejército. A través suyo se las arreglaron para identificar a Munir Redfa, un comandante de la fuerza aérea en Mosul en el norte de Irak — un piloto talentoso y respetado cuyo ascenso en las filas se había estancado cuando llegó al rango de capitán.

La razón no era profesional. Redfa era cristiano, una minoría religiosa en Irak, y fue excluido de la promoción a pesar de sus capacidades.

Esa frustración, combinada con su deseo de emigrar al Occidente, lo hizo el candidato ideal. Agentes del Mossad establecieron contacto con él con gran precaución. Algunos de los preparativos para la operación tuvieron lugar lejos del Medio Oriente — en una cafetería en Roma en enero de 1966. Durante una reunión entre agentes del Mossad, Redfa y un oficial de la Fuerza Aérea secundado por el Mossad para la misión, los detalles finales de una de las operaciones de espionaje más audaces en la historia israelí fueron acordados tomando un café italiano.

En un momento, Redfa fue incluso traído en secreto a Israel por 24 horas. Allí, se reunió con el jefe de la Rama de Inteligencia de la Fuerza Aérea para prepararse para la etapa más complicada: identificar con precisión la base aérea donde iba a aterrizar a salvo sin cometer un error y, Dios no lo permita, aterrizar en una base enemiga.

Uno de los retos operativos que enfrentaba el Mossad era encontrar la forma de decir a Redfa que todo estaba preparado y que él podía avanzar con el plan. Enviar un mensaje directo a alguien en el corazón de Irak era considerado muy arriesgado. La solución fue una transmisión de radio abierta.

La canción “Marhabtayn Marhabtayn” fue elegida como el medio de comunicación. Su transmisión en el servicio en idioma árabe de Radio Israel fue la señal acordada. Cuando Redfa escuchó tocar la canción, supo que había llegado el momento.

El escape: navegación precisa y nervios de acero
El 16 de agosto de 1966, Munir Redfa abordó su avión y despegó de su base — pero no para su misión de costumbre. El se dirigió hacia el oeste, cubriendo casi 2,000 kilómetros a través del aire en una ruta que requería navegación precisa y nervios de acero.

Cerca de la frontera israelí-jordana, dos aviones Mirage de la Fuerza Aérea de Israel lo localizaron, lo interceptaron y lo escoltaron hacia el oeste. Redfa señaló a los pilotos israelíes que tenía intención de aterrizar en Israel y ellos lo guiaron a salvo a la Base Aérea Hatzor.

El día después del aterrizaje, los medios de comunicación informaron que un "MiG-21 de la Fuerza Aérea Iraquí" había aterrizado "ayer a las 8 a.m. en una de las bases de la Fuerza Aérea de Israel,” con su piloto “ahora bajo interrogatorio” — sin revelar, por supuesto, el trasfondo operativo total detrás de la historia.

Tan pronto como la aeronave aterrizó en Hatzor, la Fuerza Aérea de Israel comenzó a examinarlo en profundidad. El deseo era intenso: comprender finalmente exactamente de qué era capaz el MiG-21. Pilotos israelíes despegaron y aterrizaron en él repetidamente, probando su actuación, limitaciones y ventajas — hasta que sus neumáticos quedaron completamente gastados y la aeronave fue inmovilizado.

Pero el daño a los neumáticos fue insignificante comparado con la ganancia de información. La información reunida a partir de examinar la aeronave hizo una contribución enorme al entendimiento del MiG-21 por parte de Israel. El conocimiento fue también compartido con los aliados de Israel, por sobre todo Estados Unidos, que obtuvieron una mirada poco común a un avión que hasta entonces había sido un misterio para el Occidente.

El legado
Operación Diamante, también conocida como "El Pájaro Azul", es todavía considerada uno de los logros más notables del período de Meir Amit como jefe del Mossad. No fue el producto de un avance tecnológico, sino un entendimiento profundo de la naturaleza humana — identificar la fuente de frustración de un hombre y cultivar paciente y cuidadosamente una relación de confianza durante casi tres años.

Docenas del personal del Mossad, de la inteligencia y la Fuerza Aérea estuvieron involucrados en la operación. Su impacto fue mucho más allá de obtener una sola aeronave: fortaleció significativamente la postura internacional del Mossad como uno de los servicios de inteligencia más sofisticados del mundo.

El propio Munir Redfa, quien cambió su vida anterior en Irak por una nueva vida bajo una identidad diferente, se volvió una figura legendaria en la historia de los servicios de inteligencia israelíes — un piloto cuya religión le había impedido avanzar en un ejército, pero le abrió la puerta a un capítulo completamente nuevo en su vida.

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