New York no es lo mismo para los judíos
El término 'crimen de odio' no existía cuando yo estaba creciendo en Queens en la década de 1970.
Por Tevi Troy
Agosto 20, 2026
Mucha gente sabe que los judíos tocan el shofar, o cuerno de carnero, en los días santos de Rosh Hashana y Iom Kipur. Menos conocida es la costumbre de tocar el shofar al final del rezo matutino diario durante el mes que precede a los Días de las Altas Fiestas para proporcionar una advertencia que están llegando los días del juicio. En estos días los judíos neoyorquinos sienten un tipo de advertencia diferente.
Cuando yo estaba creciendo en Queens en la década de 1970, unos 2,000 judíos rezaban en Rosh Hashana y Iom Kipur en mi sinagoga, el Hollis Hills Jewish Center. Las puertas traseras al santuario principal estarían abiertas, y la sala de banquetes detrás de ella estaría llena de asientos, llegando hasta el escenario al final de la sala. Si había policía afuera, estaban allí sólo para dirigir el tráfico, no para proporcionar protección de algún tipo de "crimen de odio," un término que no existía todavía.
Este año, a medida que se acercan las Altas Fiestas, la comunidad judía en New York está pensando de forma diferente acerca de los servicios de las fiestas. Toda sinagoga tiene una comisión de seguridad; la presencia policial es una necesidad—no debido al tráfico—y en muchas sinagogas el proceso de pasar a través de la eguridad a la entrada me recuerda de mi época trabajando en la Casa Blanca.
En la New York de mi juventud, el desfile anual Día de Israel era una gran celebración, a la que casi siempre asistía un alcalde, quien se paraba en solidaridad con Israel. Este año, no hubo ningún alcalde en el público, y Jessica Tisch, comisionada del Departamento de Policía de la Ciudad de New York, dijo que el desfile requería "el plan de seguridad más extenso que haya ensamblado jamás el Departamento de Policía de New York."
Si bien los judíos otrora se sintieron seguros caminando por las calles de la ciudad—o al menos sólo tan amenazados como todos los demás—ahora ellos siente, con buena razón, como si tuvieran un círculo de tiro al blanco en sus espaldas. La mayoría de los crímenes de odio en New York están dirigidos hacia judíos, aun cuando ellos no son ni cerca una mayoría de la población. En julio, el 70% de los crímenes de odio tomaron como objetivo a judíos en la ciudad. La semana pasada un antisemita interrumpió un servicio en una sinagoga y atacó a un fiel. El mes pasado, un judío fue apuñalado cuando abandonaba los servicios religiosos en un día de ayuno.
La amenaza penetrante es un tema de conversación constante en una forma en que lo era el crimen cuando yo estaba creciendo: quien había sido asaltado, el departamento de quién había sido robado, el coche de quién había sido robado. Con las políticas contra el crimen de los Alcaldes Rudy Giuliani y Michael Bloomberg, el delito disminuyó, pero ahora las discusiones con los neoyorquinos judíos tratan sobre el último crimen de odio, o acerca de nuevas medidas de seguridad comunitarias o personales, o acerca de quien ya no está má cómodo tomando el subte.
La naturaleza generalizada de la amenaza tiene a los judíos pensando constantemente en ella. Antes de salir a un restorán kosher, ¿quieres convertirte en un blanco de ataque sólo para conseguir una hamburguesa o una porción de pizza? Cuando vas a la sinagoga, ¿puedes enfocarte en el rezo contemplativo sabiendo que tan sólo estar allí te vuelve vulnerable? Cuando visitas una institución judía, ¿por qué ninguna institución no judía comparable necesita las mismas capas de seguridad?
En mis visitas semanales de enseñanza a New York desde Maryland, elijo—por ahora—continuar tomando el subte, ir a la sinagoga, comer en restoranes kosher. Pero otros judíos pueden tener elecciones diferentes. Ellos pueden dejar de ser observantes, o dejar de hacer cosas que los identifiquen como judíos. Ellos pueden mudarse a Florida o a Texas o fuera de un barrio judío. Sumen en conjunto todas esas elecciones individuales y perdimos las cosas que durante más de un siglo hicieron de New York una ciudad tan judía.
Lo que está sucediendo en New York es más que cualquier alcalde dirigiendo una administración extrañamente enfocada en demonizar a Israel. La atmósfera está cambiando el carácter de lo que fue una vez la ciudad más judía de Estados Unidos y convirtiéndola simplemente en otro lugar. Se siente para muchos judíos neoyorquinos como si les estuviesen arrancando algo, un sentimiento atípico en la experiencia judía estadounidense.
En este período antes de Rosh Hashana, los toques diarios del shofar se supone que hagan pensar a los judíos en lo que han hecho mal en el año pasado y cómo podrían ser mejores en el siguiente. Este año ese sonido está también haciendo que ellos miren a la ciudad que durante mucho tiempo ha sido el centro de la vida judía estadounidense y esperar contra la esperanza que pueda ser también mejor en el año por delante.
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