Regresa el cambio de régimen en Irán—nuevamente
Trump podría haber tomado una salida fácil y haberla llamado victoria No hizo eso. ¿Por qué?
Por Barton Swaim
Septiembre 2, 2026
Dentro de la administración Trump, la creencia en la República Islámica de Irán como un rasgo permanente de la vida geopolítica parece haber ido y venido. El Secretario del Tesoro Scott Bessent, cuando fue interrogado el lunes acerca de los efectos de la campaña de presión económica de EE.UU., destacó que el colapso de Irán podría suceder "al cabo de semanas o meses."
Nadie sabe, pero los hechos observables no contradicen su suposición. Un país no puede sobrevivir mucho tiempo con una economía que se achica, una divisa sin valor, una ciudadanía desafectada y un ejército humillado. La semana pasada el Presidente Masoud Pezeshkian habló claramente de la economía moribunda del país y se ganó un reproche del líder supremo Mojtaba Khamenei. El bloqueo sobre los puertos de Irán ha causado una seria escasez de combustible, a lo que el gobierno en Teherán puede responder ya sea no haciendo nada o volviendo más miserable a una población ya inquieta, o levantando las restricciones sobre la suba del precio de la nafta. La última vez que los precios se dispararon hacia arriba, hace siete años, estallaron protestas por todo el país y duraron ocho meses.
Pero, el Sr. Bessent dijo, “la economía no tiene que colapsar. Sólo tenemos que hacer que el régimen recupere sus sentidos." Algo político que decir, tal vez, pero los gobernantes de Irán no recuperarán sus sentidos por la misma razón que Saddam Hussein en el 2003 no pudo admitir que no tenía armas de destrucción masiva. El comportamiento racional en el Occidente puede verse como bochorno y deshonor en el Medio Oriente. El régimen, de hecho, tiene que colapsar si el secretario del Tesoro y su jefe esperan decir que la guerra es un éxito sin que la gente se les ría en la cara. Cambio de régimen o fracaso—elijan uno.
El Presidente Trump sabe esto. Lo que es el motivo por el cual, a pesar de todas sus jactancias y amenazas y equivocaciones que dan dolor de cabeza, él no ha hecho lo que todos pensaban que haría: dejar que Irán mantenga su soberanía falsa sobre el Estrecho de Ormuz y llamar a todo una victoria porque su ejército y programa nuclear están en ruinas. Pueden dar crédito a lo incorregible del régimen por ese resultado también, pero el hecho sigue siendo que: el Sr. Trump podría haberse contentado con una pérdida de facto y no lo ha hecho.
Durante seis meses la clase experta ha predecido la catástrofe mundial causada por la decisión del Sr. Trump de ir a la guerra. La guerra sigue siendo impopular, y los republicanos preferirían hablar de otra cosa. Los informes de los medios de comunicación sobre la escasez de armas y los comandantes militares quejosos—algunos de ellos exagerados y claramente dirigidos a abochornar al gobierno—hacen que una salida fácil se vea más atractiva todo el tiempo. Pero el Sr. Trump no la ha tomado.
El ha detestado al liderazgo de Irán durante décadas, pero el régimen últimamente le ha dado otra razón más potente para liquidarlo. Aspirantes a asesinos vinculados a Irán han hecho al menos dos atentados contra la vida del presidente. An el funeral de una semana de duración de Ali Khamenei, el líder supremo anterior de Irán, aduladores del régimen agitaron carteles ofreciendo recompensas monetarias por la vida del Sr. Trump. La semana pasada surgió la noticia que la radiodifusora estatal iraní transmitió un video de tres minutos ofreciendo us$10 millones por la vida de su hijo menor, Barron, y proponiendo divulgar su paradero habitual. Otros medios estatales han defendido atacar a la Primera Dama Melania Trump y a la hija del presidente, Ivanka.
El Sr. Trump abandonará el cargo en el 2029, pero los llamados de Irán a la violencia contra él y su familia no expirarán entonces. Han pasado treinta y tres años entre el pronunciamiento del Ayatola Ruhollah Khomeini de una sentencia de muerte contra Salman Rushdie por su novela “Los Versos Satánicos” y un intento de llevarla a cabo por parte de un islamista nacido en EE.UU. Teherán afirmó que no tenía ningún conocimiento de lo que haría el aspirante a asesino, pero celebró la herida casi fatal del Sr. Rushdie de todas formas.
El odio de este tipo no disminuye. En tanto perdure la revolución que comenzó en 1979, su sed de sangre perdurará también. El error de Barack Obama fue creer lo contrario.
Aparte de los ataques militares y el bloqueo, el Sr. Trump podría usar el recurso que siempre tiene en gran cantidad: las palabras. Cuando empezó la guerra, el presidente habló directamente a los desvalidos de Irán. "La hora de su libertad está al alcance de la mano," dijo en comentarios preparados el día en que comenzó Operación Furia Epica. “Permanezcan refugiados, no abandonen sus casas. Es muy peligroso afuera... Cuando terminemos, asuman su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única posibilidad en generaciones."
Cuando el gobierno no colapsó, el siempre indisciplinado Sr. Trump olvidó su apetito por el espectáculo y realización de acuerdos. Eso casi seguramente desalentó cualquier intento de revuelta. De todas formas todo el cortejo y memorandos no llegaron a nada, como fue previsto en estas páginas y otros lados. Ahora, con una población airada y un gobierno privado de dinero, un poco de discurso reaganesco podría tener un efecto poderoso.
Y olviden la objeción que Irán censura agresivamente lo que sus ciudadanos pueden ver online. Si los discursos anticomunistas de Ronald Reagan encontraron su camino dentro de las celdas oscuras de los gulags siberianos, el Sr. Trump puede hablar a los enemigos internos de la República Islámica y saber que será escuchado. "Cuán difícil es," escribió el gran poeta polaco y disidente Czeslaw Milosz (1911-2004), “para los sistemas totalitarios combatir la palabra, la cual se desliza sobre las fronteras más rápidamente y más efectivamente de lo que la gente de afuera imagina.”
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