NUEVO. Un analisis del exito de la serie Fauda, desde el punto de vista arabe
Por qué en los países árabes no pueden dejar de mirar Fauda
La quinta temporada llegó a las pantallas árabes después del 7 de octubre y volvió a despertar una pregunta incómoda:
Qué encuentran sus espectadores en una ficción israelí que no deja de sumar audiencia.
La serie israelí Fauda es un éxito en los países árabes, pero eso no es una novedad: las temporadas anteriores también encontraron allí una audiencia importante.
Sin embargo, esta vez esta ocurriendo algo diferente.
¿Qué hace que la quinta temporada, atravesada por el trauma del 7 de octubre, vuelva a conquistar al público árabe?
Periodistas y medios de la región ensayan algunas respuestas.
Casi tres semanas después de su estreno en Netflix —en Israel debuto en mayo en la pantalla de la cadena de cable Yes— la serie está abandonando lentamente el top ten que conquistó en sus primeros días en el gigante del streaming, pero las preguntas permanecen.
Una es: ¿Habrá una sexta temporada?
Y, al parecer, sus creadores, el actor Lior Raz y el periodista Avi Issacharoff, tienen todas las intenciones de continuar con las historias de los comandos israelíes liderados por Doron Kabilio, en forma de nuevos capítulos o de una película.
La otra es:
¿Por qué tiene la serie tanto éxito en los países árabes? Fauda llegó a estar en el top ten de los abonados a Netflix en los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Egipto, Jordania y Kuwait. También en Pakistán, cuyo gobierno es un enemigo acérrimo de Jerusalén.
En El Líbano debutó en el puesto número uno (al igual que en Israel), y recién ahora, después de más de dos semanas en la grilla de programación de Netflix, cayó…al número dos.
Una de las respuestas a esta llamativa tendencia apareció en un análisis publicado por el diario Al-Arab, que puso el fenómeno en un contexto más amplio: el de un público que gracias a las plataformas digitales, ya no recibe sus relatos sobre el conflicto únicamente a través de los medios tradicionales y puede acercarse también a la mirada del otro lado.
Según el periódico árabe, este «interés excepcional» en los capítulos de la quinta temporada de Fauda se debe a la recreación de los hechos del 7 de octubre del 2023, el día del salvaje ataque terrorista de Ham@s y «sus implicaciones de seguridad y humanitarias desde una perspectiva israelí».
Esta «penetración dramática» en las pantallas árabes «va más allá de un mero éxito artístico transitorio» y «destaca la caída de las narrativas tradicionales» y del «muro del boicot» sobre Israel y su producción audiovisual. El acceso al relato israelí, anadio la publicación, puso «al espectador y al crítico árabe ante una nueva realidad mediática e intelectual».
Además, una «gran parte del atractivo» de Fauda radica en su preciso uso del idioma árabe, un recurso «que desarma las barreras psicológicas del espectador regional».
Los soldados y los agentes encubiertos israelíes, añadió la nota, «hablan árabe con fluidez» e incluso «se integran en el entorno árabe» con la comodidad suficiente «para llevar a cabo sus misiones» de venganza tras la masacre del 7/10.
«Esta superposición lingüística y cultural hace que el mensaje dirigido sea más fluido y accesible para el público árabe, ya que la narrativa israelí se presenta con herramientas expresivas familiares para el espectador, aumentando la seriedad e impacto de la obra intelectual», completó el diario.
Para preparar una columna para la revista estadounidense The Atlantic, el periodista palestino John Aziz decidió hacer algo que hasta entonces nunca había hecho: ponerse a ver Fauda. Terminó siguiendo los cincuenta y nueve episodios disponibles de la serie, y a partir de esa experiencia, se preguntó que encuentran en ella los espectadores árabes.
Aziz halló una primera explicación en algo bastante sencillo: la curiosidad.
Los espectadores árabes pueden mirar Fauda para descubrir cómo son representados los palestinos y preguntarse:
«¿Nos retrataron con precisión o están inventando cosas?». Esa curiosidad, sostiene, también puede extenderse a la mirada israelí sobre el conflicto.
El periodista señaló además que la serie permite una identificación que va más allá de las posiciones políticas.
Los espectadores pueden reconocer en sus personajes «el dolor, el miedo, la familia, la lealtad y la pérdida», incluso cuando no comparten las ideas o las acciones que representan.
Y finalmente plantea una posibilidad más incómoda: que parte del publico arabe esté «cansado de las narrativas de resistencia» anti-israelí asociadas a Ham@s, Hezboll@ o Irán y pueda encontrar en Fauda una representación de su propio mundo «más realista», un mundo donde la gente común de ambos lados simplemente aspira a vivir en paz.
Aziz también apunta a un elemento clave del éxito de Fauda en estos países: «Gran parte de los dialogos son en arabe, muchos de los chistes son en árabe y los personajes escuchan música árabe».
Y si bien critica que la serie no refleje el sufrimiento de los civiles palestinos atrapados en Gaza entre Ham@s y las fuerzas israelíes y la presentación de Kabilio y sus compañeros como personajes sin ideología política, el autor reconoció que «el atractivo principal de la serie reside sin duda en su capacidad para contar una historia apasionante, con personajes dinámicos».
«El drama es un lenguaje universal» que, «a su manera, puede unir a las personas incluso si discrepan profundamente entre sí», completó Aziz.
Todavía más crítico fue Mohammed Ghandour, director de corresponsales de The Independent Arabia, quien en una columna sostuvo que la quinta temporada de Fauda construye una memoria dramática del 7/10 dejando fuera otros escenarios del conflicto.
A su juicio, la serie utiliza el «entrelazamiento emocional» como mecanismo de persuasión y convierte la recreación del ataque en una «memoria colectiva alternativa» que comienza precisamente en ese momento.
Pero Ghandour también admitió que los creadores de Fauda conocen muy bien su oficio. Destacó que «la actuación es sólida», que el ritmo narrativo está calculado para llevar al espectador de un episodio al siguiente y que la producción mantiene coherencia visual al trasladarse entre Tel Aviv y Marsella.
Esa eficacia, sostuvo, es precisamente lo que vuelve más potente el mensaje, ya que «la obra mediocre no convence a nadie, mientras que la obra bien hecha puede transmitir los mensajes más peligrosos sin que el espectador sienta que está ante una propaganda».
Daniela Cohen
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