Preguntas y respuestas: Cochav Elkayam-Levy
‘Lo que Hamas más quería lograr el 7 de octubre fue romper nuestra creencia en que la coexistencia es posible.'
Oct. 20, 2026
Modi’in, Israel
Cochav Elkayam-Levy, 42 años, es una profesora israelí de derecho, abogada de derechos humanos y feminista—una palabra que me pide destacar en el curso de una conversación de dos horas en su oficina en esta ciudad a mitad de camino entre Tel Aviv y Jerusalén. Ella ha pasado tres años documentando la violencia sexual cometida por los terroristas de Hamas y civiles gazatíes en Israel el 7 de octubre del 2023, tanto como contra los rehenes—tanto mujeres como varones—que fueron secuestrados y mantenidos cautivos en Gaza.
Semanas después de los ataques, ella cofundó la Comisión Civil sobre los Crímenes del 7 de Octubre cometidos por Hamas contra mujeres y niños. En mayo de este año, esta comisión independiente publicó su informe, titulado "Silenciadas Nunca Más", el primero en recopilar, verificar y analizar de manera sistemática las pruebas de violencia sexual cometida durante los ataques y durante el cautiverio; crímenes cuya existencia Hamas y sus apologistas siguen negando. Como han demostrado las generalizadas manifestaciones antiisraelíes y a favor de Hamas en el tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre, defensoras como la Sra. Elkayam-Levy se enfrentan a una batalla cuesta arriba contra quienes se burlan de la verdad, incluso ante pruebas que resultan desgarradoras e irrefutables.
Tunku Varadarajan: ¿Se siente traicionada por la comunidad de derechos humanos?
Cochav Elkayam-Levy: Es algo muy complejo. Me sentí traicionada, no solo a nivel personal, sino en nombre de todas las mujeres israelíes. Tras el 7 de octubre, experimenté una forma de "otredad" realmente peligrosa. Teníamos a los rehenes —mujeres, niños y hombres— que fueron llevados a Gaza de manera sumamente violenta. Tanto yo como muchos expertos de aquí, especializados en derecho internacional, sentimos que algo andaba profundamente mal. No veíamos ninguna respuesta por parte de las instituciones internacionales. Y cuando hablo de respuesta, me refiero a expresar solidaridad, manifestar preocupación de manera urgente y exigir el regreso de los rehenes. Nos sorprendió enormemente no ver nada de esto. Al contrario, observamos otras cosas.
¿A qué otras cosas se refiere?
El secretario general de la ONU llegó a decir que estos crímenes no habían ocurrido en el vacío. Todavía estábamos recuperando los cuerpos y, sin embargo, no hubo ninguna reacción por parte de ONU Mujeres, la entidad dedicada al empoderamiento femenino. El Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer emitió una declaración después que les enviáramos una gran cantidad de información. Esperábamos un pronunciamiento que condenara los crímenes y exigiera la liberación de los rehenes. Pero la declaración ni siquiera mencionó el 7 de octubre, ni siquiera la fecha, ni a los rehenes. No mencionó absolutamente nada. Era como si nosotros, los israelíes, viviéramos en otro planeta; como si el derecho internacional no existiera para nosotros. Éramos testigos de cómo las instituciones más importantes les fallaban a las mujeres israelíes. Les pregunté: "¿Existe el derecho internacional para las mujeres israelíes?." Quedé realmente conmocionada.
Hablame sobre tu labor de documentación de los crímenes cometidos el 7 de octubre.
En muchos sentidos, parecía una "misión imposible," porque la información sobre la violencia sexual es sumamente frágil. Su propia existencia es casi intangible, ya que las personas están traumatizadas. Además, resulta difícil localizar y examinar el material. Nadie clasificó los videos para decirnos: "Miren, en estos videos es probable que encuentren indicios de violencia sexual." Recopilamos miles de videos e imágenes del ataque; la mayor parte fue publicada por el propio Hamas. Ellos mismos se grabaron, glorificaron el ataque y lo celebraron. Uno de los casos más conocidos fue el de Shani Louk [una joven israelí de 22 años asesinada en el festival de música Nova]. Vimos cómo la llevaban a Gaza en un camión, casi desnuda y con el cuerpo desfigurado. Nuestro informe comienza, de hecho, con una cita de la madre de Shani, Ricarda, quien habla del dolor que le causó ver el cuerpo de su hija siendo trasladado de esa manera. Ricarda dijo: "Querían que el mundo viera lo que le hicieron."
¿Entonces, durante la elaboración de tu informe, hubo una ausencia total de empatía por parte de las instituciones internacionales?
Silencio. Y declaré públicamente que ese silencio alimentaba la negación y el odio. Además, reforzaba la propaganda de Hamas, ya que los únicos crímenes que el grupo negaba eran precisamente los cometidos contra las mujeres: la violencia sexual.
¿A pesar que lo grabaron y difundieron todo?
Es difícil identificar la violencia sexual a partir de los videos. Se puede observar el estado de los cuerpos, pero hace falta la intervención de profesionales para determinar qué ocurrió exactamente.
Debo hacerte esta pregunta, así que disculpame: ¿no se grabaron a sí mismos violando a las mujeres?
Por lo general, en cualquier parte del mundo —como ocurrió en Bosnia, por ejemplo, y en otros lugares— no existen videos de la violencia sexual. Pero sí hay testigos presenciales. Y eso es lo que ocurre en el caso del 7 de octubre. Hay que determinar la violencia sexual a partir de información recopilada de múltiples fuentes.
Es como armar un rompecabezas espantoso.
Exactamente. Recuerdo haber dicho: "Tenemos que crear un archivo conforme a las normas internacionales más rigurosas." Sabía que debíamos empezar a reunir el material y formar una comisión que se encargara de esta labor.
¿Habías realizado un trabajo así anteriormente?
No, no lo había hecho. Irónicamente, yo era investigadora en la Universidad Hebrea, centrada en temas de género, paz y resolución de conflictos. Existe una diferencia abismal entre enseñar sobre estas cuestiones y, por otro lado, recopilar testimonios, examinar las pruebas —revisándolas una y otra vez— y sumergirse de lleno en el fango de este tipo de violencia. Reunimos a los mejores expertos en trauma, violencia sexual y archivo, y comenzamos a grabar testimonios. No solo de personas de los kibutzim y del festival Nova, sino también de los equipos de primera respuesta que estuvieron allí. Fueron testimonios sumamente difíciles de recabar. Tuvimos que desarrollar metodologías propias; queríamos ceñirnos a los protocolos más estrictos para la documentación de la violencia sexual. Sentíamos que no podíamos permitirnos ni un solo error.
No querían que, más adelante, alguien pudiera cuestionar el trabajo basándose en algún "detalle técnico."
Porque eso habría echado todo a perder, ¿verdad? Basamos nuestros códigos éticos en normativas internacionales empleadas para documentaciones similares. Hablé con Nadia Murad [galardonada en 2018 con el Premio Nobel de la Paz] sobre cómo documentar la violencia sexual; ella misma es una superviviente, perteneciente a la comunidad yazidí. Existe ahora el "Código Murad," que establece las pautas para documentar la violencia sexual. Durante el proceso de documentación de la violencia sexual ocurrida el 7 de octubre, identificamos patrones claros de abuso. La repetición de estos patrones en los distintos lugares demuestra que la violencia sexual fue algo calculado, no un acto aleatorio.
Además, el informe no se limita al 7 de octubre; abarca también los meses de cautiverio y recoge los testimonios de los rehenes sobre la violencia sexual que sufrieron.
La última rehén que regresó con vida fue Arbel Yehoud. Dijo muy poco, pero sus palabras tienen una fuerza inmensa. Contó que, al ser liberada y enterarse de lo que les había ocurrido a otros rehenes, comprendió la situación. Explicó que lo que ella vivió ha quedado guardado bajo llave en "una valija que no quiero abrir."
¿Cuántas personas participaron en la toma de testimonios?
Alrededor de 40 expertos y más de 20 voluntarios. La responsable de la documentación fue Sharon Rapaport, especialista en testimonios sobre traumas. Entendíamos que debíamos recurrir a personas con autoridad en sus respectivos campos. Sabíamos que todo lo que hiciéramos iba a ser cuestionado.
¿Y fue cuestionado todo lo que hicieron?
Sí. Y, en el proceso, nos convertimos en blanco de ataques.
¿Por parte de quiénes?
Empezó con los "trolls" en las redes sociales. Muchos antisemitas. La negación de las atrocidades era muy burda al principio, pero, con el paso del tiempo, se volvió más sofisticada. Figuras respetadas, como Judith Butler, calificaron las acciones de Hamas de "resistencia armada." Por su parte, la relatora especial de la ONU sobre la violencia contra la mujer y las niñas, Reem Alsalem, afirmó que no existían pruebas independientes de que se hubiera cometido violencia sexual el 7 de octubre.
Así que no fueron solo los "trolls" quienes los atacaron.
Exactamente. Pero quiero contarles algo de lo que nos dimos cuenta mientras revisábamos el material. Al buscar pruebas de violencia sexual, empezamos a ver videos de los terroristas entrando en las casas. En lugar de maximizar la matanza —al fin y al cabo, podrían haber matado a todos en el acto—, optaban por asesinar a un miembro de la familia y, a continuación, grabar a los demás, que quedaban destrozados. Incluso retransmitieron algunos de estos asesinatos en directo; utilizaron el teléfono de una madre para emitir en Facebook. Ese video es una ventana al infierno: se ve a la familia completamente desolada. Acaban de asesinar a su hija mayor, Maayan Idan [del kibutz Nahal Oz]. La casa está llena de globos de su decimoctavo cumpleaños. El padre aparece en estado de shock, catatónico. La madre y los hermanos pequeños de Maayan están sentados en el suelo, llorando tras haber visto cómo asesinaban a su hermana; la madre grita: "¡Esto no ha pasado, esto no ha pasado!."
Empezamos a escuchar relatos similares de testigos que vieron, ante sus propios ojos, cómo asesinaban a sus seres queridos o cómo se los llevaban como rehenes. Empecé a llamar a colegas de todo el mundo —académicos internacionales— y les pregunté: "¿Qué es esto? ¿Dónde puedo leer sobre la tortura sistemática de familias en situaciones de conflicto?." Les expliqué que no lograba encontrar una conceptualización jurídica para este tipo de delito. Nos enfrentábamos a un fenómeno que nunca había sido definido legalmente —un nuevo crimen contra la humanidad—, ya que el Estatuto de Roma [de 1998, que define los crímenes contra la humanidad] ni siquiera menciona esta clase de violencia. Denominé a este fenómeno «kinocidio» (del inglés *kin*, que hace referencia a los vínculos familiares). Estábamos ante una forma de tortura que utilizaba los lazos familiares como arma para intensificar el sufrimiento. Comenzamos a registrar los testimonios en una hoja de cálculo de Excel e investigamos más de 450 casos.
No me cabe la menor duda que Hamas ha comprendido el poder que reside en abusar de los vínculos familiares para amplificar el sufrimiento. Filmaban a las familias mientras estaban cautivas. Separaban a los miembros de una misma familia durante el cautiverio. Al hablar con los rehenes, este es un tema recurrente: "Me separaron de mis hijos", "Nos separaron."
A menudo digo que no tenés que ser una profesora feminista para entender lo que podría suceder en este tipo de circunstancias.
En vista de eso, ¿cómo explicas el instinto reflejo por parte de tantas personas que quieren negar que sucediera la violencia sexual? ¿Por qué la reacción inmediata no fue empática?
Es una pregunta que me han hecho muchas veces. Hay que tener en cuenta que, por lo general, no se cree a las víctimas de violencia sexual. El movimiento #MeToo surgió precisamente porque no se creía a las mujeres y porque la sociedad se negaba a aceptar que estos hechos ocurren. Y ahora vemos cómo esos mismos mecanismos se aplican a nosotros, colectivamente, como pueblo.
¿Incluso por parte de ONU Mujeres?
Sí. A mis estudiantes les enseño que los derechos humanos importan. Los valores universales son fundamentales porque dan voz a las víctimas. Tras el 7 de octubre, sentí que los mecanismos de justicia nos estaban fallando. Si no somos capaces de ofrecer a las víctimas un mínimo de credibilidad, solidaridad y empatía, estamos ante un fracaso profundo. Poco a poco comprendí que estábamos presenciando un antisemitismo institucional; no encontraba otra explicación. Observé dos procesos en marcha: la deshumanización de Israel y, muy rápidamente, su demonización. Ambos son manifestaciones profundas de antisemitismo. Sin embargo, al establecer una base jurídica sólida que consolida la verdad, hemos creado también una herramienta para combatir el antisemitismo.
¿Cómo han reaccionado las familias de las víctimas ante tu informe?
Con muchísima gratitud. Sentimos que el hecho de que la verdad salga a la luz forma parte de su proceso de sanación. Es probable que los rehenes, que hasta ahora no han dicho ni una palabra sobre la violencia sexual, compartan sus testimonios en los próximos años. Pero saben que los hechos ya han quedado documentados. El informe les libera de la carga de tener que demostrar lo sucedido una y otra vez. El documento ha sido respaldado por Hillary Clinton, por académicos de gran prestigio y por antiguos funcionarios de la ONU que lo revisaron antes de su publicación. Llevamos a cabo un proceso exhaustivo de revisión en el que participaron los mejores expertos del mundo. Algunos de ellos no pudieron incluir sus nombres en el documento.
¿Por qué?
Porque te convertís en un blanco. Te expones a ser juzgado por apoyar este tipo de labor. Pero para ellos era importante hacernos llegar sus aportes.
Cuando decís que algunos no permitieron que sus nombres aparecieran en el documento, ¿se refiere a ex funcionarios de la ONU o a expertos académicos?
A profesores especializados en violencia sexual en contextos de conflicto. Pero no pretendo juzgarlos; al contrario, nos han ayudado muchísimo. Solo puedo sentir gratitud y comprender las circunstancias políticas que atraviesan en sus propias trayectorias profesionales. En el informe se menciona que hemos contado con la orientación de una prestigiosa universidad estadounidense. Cuentan con un centro que acumula más de 20 años de experiencia en la documentación de casos de violencia sexual. No podemos revelar de qué universidad se trata; forma parte del acuerdo que establecimos con ellos, ya que temían que, de hacerse pública esta colaboración, les impidieran seguir ayudándonos.
¿Te ha pasado factura trabajar en este informe?
No estaba segura de si lograríamos terminarlo. El equipo estaba emocionalmente agotado. Tuvimos que prescindir de algunos colaboradores porque no queríamos causarles un daño emocional. Hubo personas que simplemente dijeron: «Ya no puedo más». Hacia el final, llegué a sentirme físicamente enferma.
¿Tenés hijos?
Tengo cuatro. El mayor tiene 16 años y el menor, casi cinco. El mayor era demasiado joven para haber estado en aquel concierto; las víctimas tenían, en su mayoría, 20 años o más. Aun así, sí pienso que podrían haber sido mis hijos quienes estuvieran allí. Es un pensamiento que llevo conmigo. Cuando la gente me pregunta: «¿Cómo podés hacer esto teniendo cuatro hijos?», respondo que es justo al revés: no sé cómo lo habría logrado sin ellos. Me aportan un profundo sentido de propósito para realizar este trabajo.
Van a vivir en un país donde, precisamente, no querés que algo así vuelva a suceder. Exactamente; además, en un mundo en el que no queremos que esto vuelva a suceder.
¿Recibieron alguna reacción por parte de ONU Mujeres cuando se publicó el informe?
No.
¿Hasta la fecha no han recibido ninguna reacción de ONU Mujeres?
No.
Si lo que ocurrió el 7 de octubre hubiera sucedido, digamos, en Sierra Leona o en Sri Lanka, ¿habría guardado silencio ONU Mujeres?
No. Quiero decir que, en nuestro caso, la negación es muy deliberada. Hay algunos funcionarios que han participado activamente en la negación de los crímenes.
¿Han perdido la fe en la ONU? ¿Y en el derecho internacional de los derechos humanos?
No. Pero soy mucho más crítica respecto a cómo funciona actualmente; más que crítica, siento temor. Tengo información y conocimiento de diversos mecanismos dentro de la ONU que actúan en nuestra contra como pueblo.
¿Se refiere a los israelíes?
Al pueblo judío. Al país del pueblo judío. Al Estado del pueblo judío. Estamos ante un sistema internacional que actúa en nuestra contra como pueblo y deslegitima nuestro propio derecho a la autodeterminación, nuestra propia existencia. Temo por mis hijos.
Tu informe es muy explícito. ¿Sentiste que era necesario ser tan gráfica para superar el escepticismo orquestado?
Exactamente. Desde la publicación del informe, he constatado los límites de la capacidad humana para ser testigo de estos hechos. El informe también cierra una brecha de percepción entre cómo se habían relatado los acontecimientos hasta ahora y lo que se revela al detallar en qué consiste realmente la violencia sexual en situaciones de conflicto: mutilación de cuerpos, humillación de las víctimas, extirpación de órganos. Quienes pretendan negarlo se enfrentan ahora a un problema mucho mayor tras la publicación de este informe.
¿Te ha ayudado este informe a cerrar, de algún modo, este capítulo?
Sin dudas. Gracias por preguntarlo; me siento mucho más fuerte ahora. Siento que estoy recuperando mi esencia, la identidad que tenía antes del 7 de octubre. Lucho por las mujeres, no solo en Israel, sino en todo el mundo.
He hablado con muchas mujeres de diversas partes del mundo y percibo un fuerte sentimiento de sororidad, algo que intento transmitir a las mujeres israelíes. No estamos solas. Debemos recordar que, junto a todo el mal, existe una cantidad equivalente de bondad.
Una pregunta delicada: ¿crees que, junto al mal que hay en Gaza, existe también esa misma cantidad de bondad?
Por supuesto.
¿A pesar de la participación generalizada de civiles el 7 de octubre?
Creo que lo que Hamas pretendía lograr, sobre todo, el 7 de octubre, era destruir nuestra convicción en que la coexistencia es posible. Querían acabar con la creencia en nuestra humanidad —tanto la de los israelíes como la de los palestinos— y hacernos olvidar que somos seres humanos y que compartimos una humanidad común. Debo asegurarme de preservar mi propia integridad moral. Porque he visto la glorificación de los crímenes, la celebración; he visto cómo los civiles entraban, saqueaban las casas, lo destrozaban todo y masacraban a las personas. Esa era la realidad de lo que yo estaba documentando, y tenía que recordarme a mí misma que la bondad también existe en el otro bando, a pesar de todo lo que estábamos presenciando.
Supongo que parte de la violencia sexual contra las mujeres israelíes fue perpetrada por civiles, no solo por miembros de Hamas.
Sí, absolutamente.
¿Hubo algo en tus conversaciones con los sobrevivientes y con los rehenes que regresaron que indicara que recibieron algún tipo de empatía? ¿Se acercaron a ellos mujeres en Gaza, por ejemplo, de forma discreta, para intentar ayudarles o mostrarles compasión?
No recuerdo nada relacionado con la empatía. Más bien todo lo contrario. Ojalá pudiera decirte algo distinto. No recuerdo ni un solo testimonio que describiera momentos de compasión. No, no lo hay. Y he leído cada palabra de cada testimonio.
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