viernes, 1 de mayo de 2015

Gadafi, el Depravado

0
Muamar el Gadafi.
Trípoli, septiembre de 1981. En el aniversario del golpe de Estado que le llevó al poder, elcoronel Gadafi felicita a las primeras graduadas de la Academia Militar de Mujeres por él fundada:
Nosotros, en la ‘Yamahiriya’ y la gran revolución, afirmamos nuestro respeto por las mujeres y alzamos nuestra bandera (…) Llamamos a una revolución de las mujeres de la nación árabe (…) Hoy no es un día normal y corriente, sino el comienzo del fin de la era del harén y de las esclavas.
Durante su mandato, fijó los veinte años como edad legal mínima para el casamiento,denunció la poligamia y la sociedad patriarcal y otorgó a la mujer divorciada más derechos que en otros países musulmanes. Estableció el Primer Festival de la Moda Africana, se hizo custodiar por una guardia personal compuesta por mujeres –conocidas como las Amazonas– e instó a crear un movimiento de monjas revolucionarias:
¿Acaso las monjas cristianas son más abnegadas que la nación árabe? Con su abnegación, la monja revolucionaria es sagrada y pura, y se sitúa por encima de los individuos comunes para estar más cerca de los ángeles.
Roma, noviembre de 2009. Muamar Gadafi participa de una reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y aprovecha la ocasión de su visita a Italia para convocar, por medio de una agencia de modelos y azafatas, a doscientas jóvenes italianas: deben medir al menos 1,70, ser bellas y vestir tacos saltos, aunque sin minifaldas ni escotes. Se reúnen en un hotel, se les paga sesenta euros y son transportadas hacia la embajada libia. Allí las recibe el líder del país árabe, quien, tras descender de una limusina blanca, les ofrece un largo discurso proselitista en el que las invita a convertirse al islam, les obsequia el Corán y el Libro Verde de su autoría y les revela una delirante hipótesis histórica:
Ustedes creen que Jesús fue crucificado, pero no es verdad: Dios se lo llevó al cielo. Crucificaron a otro que se le parecía.
Esa misma agencia italiana llevará grupos de entre 12 y 26 mujeres a Libia, con gastos cubiertos por el Gobierno de Trípoli, para “profundizar en el conocimiento de la cultura y el modo de vida libios”. Con los paseos por el desierto, los desayunos con dátiles y leche de camello y los encuentros con Gadafi, las chicas quedarán encantadas. “Se trata mejor a las mujeres en Libia que en ninguna otra parte”, dirá posteriormente una de ellas. Cuando la OTAN comienza sus bombardeos contra el régimen en el contexto de las revueltas iniciadas en 2011, algunas de estasragazze saldrán a manifestarse en Roma a favor del coronel libio.
Sirtre, abril de 2004. Soraya acaba de cumplir quince años y está en el liceo. El director llama a todas las alumnas al patio y les anuncia que el Guía visitará el centro al día siguiente. Deben presentarse puntuales, impecables y dar ejemplo. Soraya es bonita y es elegida para entregar un ramo de flores al líder de la nación. ¡Qué honor! Está excitada y contentísima. Llegado el momento, se aproximó a Gadafi y le entregó las flores, le besó la mano y se inclinó en un gesto de deferencia. El coronel la observó fríamente, posó su mano sobre su cabeza y le acarició el cabello. Ese instante marcó un giro trágico para la vida de la niña. Gadafi había hecho su toque mágico: la señal para sus guardaespaldas que significaba que él la deseaba.
Al día siguiente, Faiza, Salma y Mabruka –la trinidad proxeneta del coronel– fueron a por Soraya. Se presentaron como miembros del Comité de la Revolución, la metieron en una 4×4 y enfilaron hacia Bab al Azizia, el palacio presidencial. Sin explicación alguna, la desvistieron, le pusieron una tanga, un vestido blanco escotado, la maquillaron, perfumaron y llevaron a la habitación de Gadafi. Abrieron la puerta y la empujaron adentro. El coronel estaba desnudo sobre la cama. Soraya se tapó los ojos, pensó que se trató de una equivocación y salió del cuarto espantada. “No está vestido”, le dijo a Mabruka, pero ésta le ordenó que regresara. El coronel la agarró de la mano y la sentó a su lado en la cama. La niña miró para otro lado. “¡Mírame, puta!”, le espetó. Él se abalanzó, ella se resistió, lloró, protestó y luchó, y Gadafi, enfadado, llamó a su guardiana:
¡Esta puta se niega a hacer lo que yo quiero! ¡Enséñale, edúcala y trámela de vuelta!
Así describió Soraya su siguiente encuentro con el Guía:
Gadafi estaba desnudo. Acostado en una gran cama de sábanas beis, en una habitación del mismo color sin ventanas: parecía enterrado en la arena. El azul de mi ropa contrastaba con el resto. “¡Ven aquí, mi puta!”, dijo abriendo los brazos. “¡Ven, no tengas miedo!”. ¿Miedo? Yo estaba más allá del miedo. Iba al matadero. Quise huir, pero sabía que Mabruka vigilaba detrás de la puerta. No me moví. Entonces él se puso de pie de un salto y, con una fuerza que me sorprendió, aferró mi brazo, me arrojó sobre la cama y se acostó sobre mí. Intenté rechazarlo, pero era pesado y no pude hacerlo. Me mordió el cuello, las mejillas, el pecho. Yo me debatía gritando. “¡No te muevas, sucia puta!”. Me golpeó, me aplastó los senos y luego levantó mi vestido, inmovilizó mis brazos y me penetró violentamente. Nunca lo olvidaré. Profanó mi cuerpo, atravesó mi alma con un puñal. La hoja nunca volvió a salir.
Soraya permaneció el siguiente lustro secuestrada en un sótano de la residencia presidencial, en un cuartito sin ventanas, con un camastro y un televisor donde debía ver películas pornográficas para aprender a complacer a su amo. Era llamada a cualquier hora del día y de la noche para verse con Gadafi. A veces la llamaba junto a otra de las varias adolescentes cautivas y las hacía bailar y turnarse para tener sexo con él. “¡Vengan a bailar, zorritas! ¡Vamos! ¡Hop! ¡Hop!”. Hizo que viera cómo otra niña le hacía sexo oral para que la próxima vez ella se lo hiciera. Cierta vez, se le ordenó ir a la habitación de Gadafi y presenciar cómo sodomizaba a un muchacho llamado Alí mientras otro, un tal Husam, bailaba vestido de mujer. “Amo, Soraya está aquí”. Soltó al joven y fue a por ella. Por cinco largos años, Gadafi golpeó y abusó de Soraya, orinó sobre ella y la forzó a drogarse, fumar y alcoholizarse, incluso durante el mes del Ramadán. Soraya sangraba profusamente y más de una vez despertó en la enfermería con una máscara de oxígeno en la cara.
Con el tiempo se le permitió salir brevemente del palacio a visitar a su familia, y en una ocasión su padre aprovechó para sacarla del país. La envió a París, donde la pobrecilla, que no tenía el menor conocimiento del mundo, no pudo adaptarse. Se relacionó con las personas equivocadas de la comunidad árabe local y, sola, desesperada y sin dinero,tomó la decisión increíble de regresar a Libia. “Era como un pajarito que, al querer emprender vuelo, se estrella una y otra vez contra el vidrio de la ventana”, describió un conocido. Al poco tiempo de su arribo, Mabruka fue a buscarla; el Guía la requería.
La revolución que terminaría derrocando a Gadafi estalló el 17 de febrero de 2011, día en que Soraya cumplía 22 años. Para entonces fumaba tres paquetes de cigarrillos al día. Su familia la despreciaba: la ley islámica prohíbe las relaciones sexuales premaritales. Así se trate de una relación forzada, la mujer es vista en la sociedad árabe como una prostituta y los parientes varones deben matarla para redimir el honor familiar. Una crueldad sobre otra que arruinó para siempre la vida de una niña. Debió ocultarse al enterarse de que los asesinos a sueldo del régimen –los temibles kataebs– estaban buscando a las cautivas de Gadafi: en sus horas finales, el coronel no quería dejar testigos de sus perversidades. Los rebeldes le dieron refugio; uno de ellos abusó de ella.
Su relato es narrado en un libro imprescindible, Las cautivas: el harén oculto de Gadafi, de la periodista del diario francés Le Monde Annick Cojean. Publicado en 2012, fue traducido a diez idiomas, entre ellos el español, aunque es todavía muy poco. Esta obra debe ser traducida a cada idioma y a cada dialecto que se hable en el mundo, debe ser ofrecido en código braille, nadie debe dejar de conocer las historias sórdidas e inimaginablemente tristes de estas chicas, secuestradas para ser ofrendadas al ogro sádico y bestial que gobernó Libia durante 42 años: violó a cientos –posiblemente miles– de mujeres y hombres, y su apetito sexual insaciable se transformó en política de Estado que amenazaba a toda presa sobre la que posara sus ojos lascivos. La autora da cuenta de cómo el servicio de protocolo del coronel actuaba en realidad de eficiente proxeneta: buscaba jóvenes para Bab al Azizia en las escuelas, universidades, prisiones y peluquerías del país, incluso filmaba las bodas de los ministros y generales del régimen para dar con sus esposas, hermanas e hijas. Libia era el burdel de Gadafi.
Las víctimas del monstruo eran presionadas con acusaciones infundadas contra sus hermanos o padres y obligadas a brindarse al líder para salvarles el pellejo. Algunas fueron entregadas como carnada sexual a ministros y diplomáticos que el régimen quería extorsionar. Otras, ya liberadas de Bab al Azizia, fueron llamadas a ver al coronel el mismo día de sus bodas. Las obligaban a besar cariñosamente al líder en la televisión o en actos oficiales. Las fugitivas eran escarmentadas a modo: a unas capturadas en Turquía las repatriaron, les raparon la cabeza, las acusaron de traidoras, las presentaron en televisión como prostitutas y las ejecutaron. Un general del Ejército enloqueció al enterarse de que Gadafi había poseído a su esposa y a su hija, y murió tras un derrame cerebral. Unos oficiales que se opusieron a que el coronel violara a sus esposas fueron linchados ante los ojos de toda la nación. Tal como se lamenta Soraya, “¿A quién se le ocurriría quejarse del diablo en el infierno?”.
Gadafi también se hacía traer prostitutas del Líbano, Irak, los países del Golfo, Bosnia, Serbia, Bélgica, Italia, Francia y Ucrania. Pero anhelaba con especial lujuria a las esposas e hijas de otros jefes de Estado, de miembros de su clan, de aristócratas. Odiaba a las clases acomodadas, que tenían naturalmente la cultura y el refinamiento de los que él, hijo de beduinos, carecía. A la esposa de un primo suyo la sometió con tal brutalidad, dijo un pariente, “que llegó a detestar el hecho de ser mujer”. Cierta vez se obsesionó con una hija del rey Abdulá de Arabia Saudí, y sus proveedores debieron contratar a una simuladora marroquí que había vivido en Riad para que se hiciese pasar por ella a cambio de una cuantiosa suma. En otra ocasión creó un incidente diplomático con Senegal cuando las autoridades notaron que docenas de ciudadanas de ese país estaban por despegar a bordo de varios jets con destino a Libia para un presunto concurso de belleza organizado por Gadafi.
El tirano de Trípoli promovió las violaciones como arma de guerra, y sus tropas la usaron profusamente contra rebeldes y opositores. “A veces violábamos a toda la familia”, admitió uno de sus esbirros. “Niñas de ocho, nueve años, muchachas de veinte, sus mamás (…) Ellas gritaban, nosotros las golpeábamos con fuerza”. Tenían órdenes de filmarlo todo. Y así lo hicieron: la obediencia debida al líder lo mandaba. Gadafi hizo de toda Libia una gran orgía.
La política de sometimiento sexual de Gadafi aún es un tema tabú en Libia. Annick Cojean observa con perspicacia:
Como la violación de una muchacha provoca el deshonor de toda su familia, y en particular el de los hombres, la violación de miles de mujeres por parte del exlíder del país suscitaría el deshonor de toda la nación. Una idea demasiado dolorosa. Una hipótesis insostenible.
Con la revolución aparecieron grafitis en las paredes de Trípoli que mostraban a Gadafi travestido. No mucho más sedebatió acerca de las prácticas sexuales enfermizas del líder. Cuando su régimen cayó, Gadafi fue atrapado por los sublevados, violado con un palo y ejecutado in situ. Bab al Azizia fue demolido. Antes de dejar Libia, la autora recorrió esos escombros y halló en ese suelo maldito un corpiño de encaje rojo. Habrá pertenecido, con toda seguridad, a alguna desdichada a la que el toque mágico del coronel sumió en la ruina existencial.
Fuente: elmedio

Hitler escapó de Berlín y murió en Argentina, ¿realidad o fantasía?


La historia oficial asegura que el dictador nazi se suicidó junto a su esposa hace 70 años en el bunker subterráneo de la cancillería de Berlín, cercado por el Ejército Rojo. Otros investigadores sostienen que huyó y pasó sus últimos días en el sur argentino. Cómo lo explican
“Hitler está vivo, escapó a España o Argentina”. La frase fue lanzada, sin dudar, por Stalin para responder a una pregunta de James Byrnes, secretario de Estado norteamericano, durante la conferencia de Potsdam, el 17 de julio de 1945. El dictador soviético acusaba a los aliados occidentales de ser cómplices de la huida del líder nazi. En el mes anterior, el general Gueorgui Zhúkov, uno de los más destacados generales del Ejército Rojo, se había pronunciado en el mismo sentido durante una rueda de prensa. Hitler posiblemente escapó en avión antes de que se cierre el cerco sobre Berlín, aseguró.
¿Pero no eran los rusos los que habían encontrado los restos de Hitler y de su esposa Eva Braun? ¿Se trataba solo de acusaciones del astuto Stalin para sembrar discordia en la antesala de la Guerra Fría? Rápidos de reflejos, los ingleses encomendaron su propia investigación a Hugh Trevor Roper, que servía como oficial de inteligencia. A través de varias entrevistas con miembros del séquito de Hitler llegó a la conclusión “terminante” del suicidio. Concluyó que Hitler se casó con Eva Braun el 29 de abril de 1945 y al otro día ambos se quitaron la vida en el bunker subterráneo de la Cancillería, rodeados de tropas rusas. Luego, sus cuerpos fueron quemados en los jardines del edificio por sus acólitos, dentro del cráter provocado por una bomba.
Trevor Roper publicó su trabajo en 1947 en formato de libro (Los últimos días de Hitler) y este fue fundacional para la teoría del suicidio. La mayor parte de los investigadores que lo sucedieron lo citaron de una y otra manera, sin poner en duda sus conclusiones. A Trevor Roper se sumó Michael Musmanno, uno de los jueces norteamericanos del proceso de Núremberg. Musmanno hizo su propio libro con entrevistas a funcionarios nazis (Los últimos testigos de Hitler). El magistrado norteamericano llegó a conclusiones similares a las de Trevor Roper.
Trevor Roper y Musmanno instalaron la teoría del suicidio en base a testimonios orales
Pero, más allá de los testimonios de los que “vieron morir a Hitler”, ¿había otras pruebas? ¿Dónde estaba el cuerpo? Tras la muerte de Stalin, en 1953, los rusos informaron que sí tenían restos del Führer y que habían sido debidamente identificados. Los puentes dentales habían sido la prueba clave para concluir que era Hitler.
Luego, los cadáveres de Hitler, su esposa y los de la familia Goebbels fueron enterrados bajo un cuartel de Magdeburgo. En 1970 todos los cuerpos fueron exhumados y -salvo un pedazo de cráneo de Hitler- fueron incinerados y las cenizas arrojadas al mar. En los 90, los rusos exhibieron por primera vez lo que se suponía era el último vestigio del esqueleto de Hitler. Decían que era una prueba concluyente, que acallaría los rumores. Pero…expertos convocados para una investigación de History Channel revelaron que se trataba del trozo de cráneo de una mujer de entre 20 y 40 años.
En los 90, los rusos dieron a conocer un cráneo de Hitler…pero era de una mujer
Hasta aquí, la historia oficial. Las contradicciones, las versiones cruzadas, la falta de pruebas tangibles abonaron el terreno para que se generara una línea de investigación paralela, que rechazó la versión oficial y buscó saber qué había realmente detrás de la muerte de Hitler. El húngaro-argentino Ladislao Szabo lanzó la primera piedra en 1947, con su libro Hitler está vivo, que sostenía que el líder del Tercer Reich había logrado escapar de Europa en submarino. Varios recogieron el guante y siguieron las pistas con el correr de los años. Jeff Kristenssen (seudónimo del capitán Manuel Monasterio) o el italiano Patrick Burnside fueron algunos de ellos. En los últimos años, profundizaron la investigación dos británicos, Simon Dunstan y Gerrard Williams, con Lobo Gris y un argentino, Abel Basti, con El exilio de Hitler y otras publicaciones.
Ellos continuaron la zaga, aportaron datos y dieron por hecho que el dictador nazi huyó y vivió tranquilamente en la Argentina. Hasta dicen el día exacto en que murió. Hablaron con Infobae sobre las pistas que los llevaron a afirmarlo. Revelaron que otros dos “muertos” en 1945, Martín Bormann -mano derecha de Hitler- y Heinrich Müller, jefe de la Gestapo, habrían sido los que hurgaron el plan de escape.

Hitler en la Argentina. ¿Fantasía o realidad?
Luego de recordar la falta de evidencia forense sobre la muerte de Hitler y su esposa, tanto Dunstan y Williams como Basti se preguntan por qué los servicios de inteligencia de los Estados Unidos continuaron buscando a Hitler y recibiendo informes de sus agentes desde Sudamérica, donde varias personas aseguraban haber visto a Hitler. Cables desclasificados en los últimos años así lo indican.
“Si uno accede a los medios de época, diarios, agencias de noticias, emisiones radiales y demás, la noticia es que Hitler escapó. Que luego haya cambiado, es otra cosa”, señaló Basti, recordando la historia de Stalin con Byrnes, citada al principio de la nota.
¿Pero cómo era posible que Hitler haya burlado el cerco? ¿De quién era el cuerpo encontrado? La respuesta a la primera pregunta: con complicidad de los aliados occidentales. La segunda: con un doble. De hecho Dunstan y Williams afirman que el que aparece en la última filmación conocida de Hitler no es él, sino Gustav Weber, uno de sus dobles. La cinta fue grabada el 20 de marzo de 1945 y se ve a Hitler -o a su doble- junto a Artur Axmann, líder de las juventudes hitlerianas, entregando medallas a los niños-soldados que defendían las ruinas del Tercer Reich. Para llegar a esta conclusión, los autores de Lobo Gris recurrieron a análisis faciales de un destacado experto británico que trabaja con la policía científica. Luego del escape de Hitler del bunker, el desafortunado Weber recibió un disparo y fue “plantado” como el cadáver de Hitler.
Clic en el siguiente enlace para ver video:
El último video conocido de Hitler. Es del 20 de marzo de 1945. Dunstan y Williams aseguran que es un doble del Führer
El pacto con los aliados
El año 1943 marcó un quiebre en la guerra. El Eje estaba en retirada y ya quedaba claro que los Aliados avanzaban hacia una clara victoria. Consciente de esto, Bormann planificó la Aktion Feuerland (Proyecto Tierra del Fuego) con la intención de pactar con Occidente el escape de Hitler, de él mismo y la evacuación del tesoro nazi, proveniente de años de rapiña en los países ocupados y que incluía innumerables obras de artes saqueadas. A cambio, el secretario del Führer ofrecía información sensible sobre las avanzadas armas secretas nazis y la ubicación de los investigadores y técnicos, para que Estados Unidos pueda reclutarlos. Además, ofertaba la rendición del millón de hombres de la Wehrmacht que todavía combatían en Italia.
Pero no todo eran promesas, también había amenazas. Una, volar por los aires las minas en donde estaban escondidas miles de obras de arte robadas por los nazis y que representaban lo mejor de la cultura europea de siglos. Además, estaba el rumor de que el Reich tenía misiles de largo alcance -similares a la V2- con capacidad de atacar la costa este de los Estados Unidos. Prometía desactivarlos como parte de la negociación.
El interlocutor de Bormann -que negociaba a través de “Gestapo” Müller y de Ernst Kaltenbrunner- era nada menos que Allen Dulles. ¿Quién era? Dulles dirigía en Suiza el principal centro europeo de la OSS, la Oficina de Servicios Estratégicos, el servicio de inteligencia de los Estados Unidos durante la guerra. Dulles venía haciendo su trabajo con habilidad, reclutando agentes a lo largo y ancho del viejo continente, muchos de ellos diplomáticos nazis. Ante el inminente choque con el bloque comunista, Dulles creyó más importante negociar con Bormann para sumar la tecnología alemana a la causa anticomunista que el destino de Hitler, ya derrotado. Más tarde, Dulles fue el primer director civil de la CIA. Esa central casi no tuvo actividad en relación a la búsqueda de Hitler en Sudamérica, al contrario que el FBI. ¿Casualidad?
La falta de pruebas contundentes permiten desatar las especulaciones sobre el fin de Hitler
¿Por qué Argentina? El rol de Perón
Con algunas mínimas diferencias, Dunstan-Williams y Basti coincidieron en que Hitler dejó el bunker a pie por una conexión con el metro de Berlín, de allí voló en avión a Dinamarca, luego a España, para embarcar en un submarino en las Islas Canarias. Destino final: las costas patagónicas. En el sur argentino lo esperaba Hermann Fegelein, casado con Gretl Braun, la hermana de Eva. Fegelein había escapado poco antes y también se había montado una puesta en escena en Berlín para fingir su muerte. Uno de los pilotos que trasladó a Hitler, el capitán Baumgart, habló del tema en 1947. Así lo reflejan los diarios de la época. Incluso lo declaró en la corte de Varsovia. Pero nadie lo escuchó y se perdió en el olvido.
Argentina fue uno de los últimos países en declararle la guerra al Eje y permitió el accionar de espías nazis casi sin molestarlos. En los dos últimos años del mayor conflicto bélico de la historia, Bormann transfirió activos a la región -sobre todo a la Argentina- por más de 6 mil millones de dólares. Uno de los principales contactos en Buenos Aires era el empresario Ludwig Freude, cercano a Juan Domingo Perón, y cuyo hijo, Rodolfo Freude, fue secretario del líder justicialista durante sus primeras presidencias. El ingreso de científicos alemanes al país -y también muchos criminales de guerra nazis- era parte de la contraprestación.
La cifra millonaria sirvió para abrir cuentas bancarias, comprar patentes industriales, montar empresas y comprar el silencio de varios. La colectividad alemana, de fuerte presencia en el sur argentino, tuvo su rol en preparar el terreno para la llegada de Hitler a un paraíso montañoso similar al que el dictador tanto amaba en su Baviera. Los autores deLobo Gris le dan un rol preponderante a Eva Perón, y aseguran que durante su recordado viaje a Europa, en 1947, mantuvo un encuentro con Bormann, que se había quedado un tiempo más allí. Aseguran que la esposa de Perón facilitó la llegada de Bormann a Buenos Aires, pero rompió el pacto y solo “devolvió” el 25% del dinero transferido.
En esa época, los diputados Silvano Santander y Raúl Damonte Taborda denunciaron la actividad nazi en la Argentina y sus presuntos vínculos con el cada vez más poderoso Perón. Pero -producto de esta actividad- tuvieron que partir al exilio en Uruguay luego del golpe del 4 de junio de 1943.
Arriba, el Berghof, en los Alpes Bávaros. Abajo, la residencia Inalco, en el sur argentino. Notables similitudes
Hitler en Argentina
Hitler habría pasado su primera noche argentina en Necochea. Luego habría volado a Neuquén y de allí al aeropuerto de Bariloche, que en esa época estaba en terrenos de la estancia San Ramón. “Un lugar cerrado y controlado totalmente por alemanes”. Ex marinos del Graf Spee, hundido frente a las costas de Montevideo tras la batalla del Río de la Plata, oficiaron de custodios de Hitler.
San Ramón cobijó durante nueve meses al matrimonio Hitler y a su perra Blondi, que también había hecho la travesía en el submarino U-518, que los trajo de Europa. Luego de ese tiempo, se mudaron al refugio que el dinero de Bormann había permitido construir a unos 100 kilómetros de allí. El lugar era Inalco, sobre la frontera chilena, cerca de Villa La Angostura. La nueva casa de Hitler tenía una construcción similar al Berghof, el lugar de descanso que el dictador tenía en Obersalzberg, en los Alpes Bávaros.
Dunstan y Wiliams aseguraron que Hitler hizo viajes a Laguna Mar Chiquita, en Córdoba, donde fue sometido a una operación para sacarle astillas de una vieja herida producida por la bomba del atentado del 20 de julio de 1944. También habría pasado por La Falda, para visitar al matrimonio Eichhorn, una pareja alemana que había aportado dinero a la causa nazi desde el principio. La impunidad era tal que un informe del FBI, publicado en Lobo Gris, da cuenta de un agente que vio a Hitler “de vacaciones” en Casino, Brasil, en 1947. Los supuestos pasos de Hitler por Argentina fueron presenciados por innumerables testigos, entrevistados por los autores. Incluso un ex custodio de Perón les contó que el tres veces presidente se reunía con toda naturalidad con Bormann.
Los hijos de Hitler. Su muerte
Los investigadores afirmaron que Hitler y Eva Braun tuvieron al menos una hija. Ursula o “Uschi”, nacida antes de la guerra, en 1938, y ocultada a la opinión pública alemana. También se había ocultado durante años su relación con Eva. Otra versión habla de otra hija o un hijo nacidos en Argentina. En donde difirieron Dunstan y Williams con Basti es en la fecha y el lugar de muerte de Hitler. Para los primeros, el “cabo austríaco” expiró el 13 de febrero de 1962 en La Clara, lugar adonde se había mudado tras el golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955. Abandonado por Eva, que se había ido a Neuquén, Hitler habría muerto rodeado de su último custodio, Heinrich Bethe, y de su médico, Otto Lehmann.
Para Basti, el deceso de Hitler se produjo en Paraguay, el 3 de febrero de 1971. A tierras guaraníes habría viajado el ex dictador nazi, temiendo que la caída de Perón pudiese derivar en el retiro de la protección. Según Basti, Stroessner dio asilo a Hitler en sus últimos días. ¿Aparecerá alguna vez el cadáver de Hitler? Basti dice que sí. “En este tipo de historias ocultas y secretas, se van revelando más datos con el transcurso de los años. Toda la información termina saliendo a la luz, incluso la ubicación exacta de los restos”, concluyó.
Clic en el, siguiente enlace para ver video:

La supuesta némesis de Turquía: ‘El Cerebro’

Por Burak Bekdil 

Bandera de Turquía.
"El tema principal del documental son los 3.500 años de 'dominación judía del mundo'. Se centra en tres figuras históricas judías: el filósofo medieval español y estudioso de la Torá Moisés Maimonides; Charles Darwin (que no era judío), y el filósofo germano-estadounidense Leo Strauss""El 'cerebro' no es producto de un grupo de fanáticos chalados. Es una iniciativa calculada por un grupo de astutos políticos que quieren cosechar votos (cosa que a menudo consiguen) entre una población intrínsecamente antisemita y fervientemente musulmana"
El mayor enemigo de Turquía, según sus gobernantes islamistas, no son los fanáticos yihadistas, actuales vecinos del país en amplias zonas de Siria e Irak; tampoco lo son los miles de durmientesque hay en la nación: son los mismos yihadistas, que aún no han cometido un atentado impactante pero que podrían hacerlo. El enemigo no es el avance político y militar de los radicales chiíes en la región, tampoco un Irán nuclear. No son los terroristas de extrema izquierda que hace poco asesinaron a un fiscal. No son Rusia, China ni la civilización occidental. El enemigo es a quien el presidente Recep Tayyip Erdogan denominó “el cerebro” que conspira incansablemente contra Turquía.
Erdogan afirmó en un discurso de 2014:
Recalco esto: no crean que estas operaciones me atacan personalmente. No crean que van dirigidas contra nuestro Gobierno ni contra cualquier partido político. Amigos míos, el objetivo de estas operaciones e iniciativas es Turquía, la existencia de Turquía, su unidad, paz y estabilidad. Están especialmente en contra de la economía del país y de su independencia. Como he dicho antes, tras todo esto hay un cerebro, que ha pasado a formar parte de nuestro discurso nacional. Algunos me preguntan: ‘¿Quién es ese cerebro?’, y yo respondo: ‘Son ustedes quienes deben investigarlo. Y saben lo que es; ustedes saben quién es’.
Órdenes recibidas: un canal de noticias extremadamente pro Erdogan, A Haber, decidió investigarlo. Así es como se hizo realidad el documental El Cerebro. Fue emitido por primera vez el 15 de marzo y desde entonces se ha repetido varias veces; además, varios medios progubernamentales lo han colgado en sus páginas de internet.
El tema principal del documental son los 3.500 años de “dominación judía del mundo”. Se centra en tres figuras históricas judías: el filósofo medieval español y estudioso de la Torá Moisés Maimonides, Charles Darwin (que no era judío) y el filósofo germano-estadounidense Leo Strauss.
Estos son algunos extractos del documental, que comienza con imágenes de la Estrella de David y de una réplica del Templo de Jerusalén:
El cerebro, cuyos orígenes se remontan miles de años, y que gobierna, incendia, destruye, mata de hambre al mundo, crea guerras, organiza revoluciones y golpes de Estado, establece unos Estados dentro de otros (… ) Ese ‘intelecto’ no es sólo la maldición de Turquía, sino del mundo entero. ¿Quién es ese cerebro? La respuesta se oculta en verdades y hechos que nunca podrían considerarse teorías de la conspiración.
Esta historia comienza en tiempos muy remotos, hace 3.500 años, cuando Moisés llevó a su pueblo de Egipto a Jerusalén. La única guía que tuvo fueron los Diez Mandamientos. (…) Hemos de buscar el cerebro en Jerusalén, donde viven los hijos de Israel.
Maimónides (…) que vivió en la Edad Media, creía que “los judíos son los amos, y que todos los demás pueblos deben ser sus esclavos”.
En el documental aparecen varios expertos, académicos y periodistas favorables a Erdogan que hacen comentarios sobre el cerebro:
Mientras destruyen el mundo entero, los judíos buscan el Arca [perdida] de la Alianza.
Los judíos se sirven de la teoría [de la evolución] de Darwin para afirmar que Dios los creó, pero que todos los demás evolucionaron a partir de los monos.
Uno asegura que los judíos consideran que ellos, los descendientes de Isaac, son los amos, y que “todos nosotros”, descendientes de Ismael, hemos sido creados para servirles.
Otro acusa al cerebro, al que identifica con los judíos y con Estados Unidos (según se afirma anteriormente en el documental, este país está dominado por aquéllos), de la destrucción del Imperio Otomano y de los golpes de Estado cometidos en la moderna Turquía con el fin de derrocar a dirigentes y partidos islamistas.
Por último, un asesor del primer ministro, Ahmed Davutoglu, afirma que todas las actividades antigubernamentales cometidas en Turquía no son más que los intentos de un muñidor de acabar con el país y con su Gobierno.
¿Parece surrealista? No en la Turquía del año 2015. El cerebro no es producto de un grupo de fanáticos chalados. Es una iniciativa calculada por un grupo de astutos políticos que quieren cosechar votos (cosa que a menudo consiguen) entre una población intrínsecamente antisemita y fervientemente musulmana.
Según revela un estudio del grupo demoscópico WIN/Gallup International, con sede en Suiza, el 79% de los turcos se considera fervoroso en el ámbito religioso, frente al 75% de los habitantes de los territorios palestinos y a sólo el 30% de la población israelí.
Entre los numerosos suníes turcos el sentimiento antisemita a menudo constituye un requisito previo del fervor religioso. Por tanto, el documental El cerebro (en teoría, pero probablemente también en la práctica) se dirige directamente a una audiencia que supone el 79% de la población turca (más de 60 millones de personas), antes de las decisivas elecciones legislativas del 7 de junio.
Abusar de millones de mentes es una iniciativa sucia, pero astuta, que recuerda a los métodos de la maquinaria propagandística nazi en los años 30.
En este perverso escenario, todo lo que hace falta es una teoría que vincule todos los males a los judíos, y una audiencia lo bastante grande que esté dispuesta a comprar esa fraudulenta teoría de la conspiración.
© Versión original (inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: elmed.io 

Artículos Relacionados

Kedoshim(Levítico 19-20)

Tus necesidades espirituales son las necesidades materiales del otro

En esta parashá encontramos muchas mitzvot de la Torá. De las casi 50 mitzvot que encontramos en esta parashá, la gran mayoría de ellas son bein adam lejaveró (entre uno mismo y su prójimo). De estas mitzvot bein adam lejaveró, casi la totalidad de ellas se refieren al respeto de las posesiones materiales del prójimo o en velar por su bienestar material y físico y hacer lo posible para ayudarlo en estas áreas1. En este sentido, es extraño darse cuenta que casi todas las mitzvot que exigen ayudar al prójimo, se refieren a ayudarlo en lo físico y en lo material y no en lo espiritual. Es extraño, porque uno supondría que lo esencial no es este mundo, sino el mundo venidero; lo importante de la persona no es su estado físico sino su espiritualidad. En este sentido, ¿por qué la Torá le da tanta importancia a lo material del otro y sólo existe una sola mitzvá que nos pide preocuparnos de su estado espiritual?2
El Alter de Kelm da una respuesta aleccionadora: la mayoría de las personas tienden a preocuparse por las necesidades espirituales del otro, decirle que tienen mal colocados sus tefilín, que deben pronunciar las berajot adecuadas por los alimentos, le aclaran si algún acto está prohibido en Shabat, que tal o cual objeto es muktzé, que está prohibido hablar en cierta parte de la tefilá, etc. Sin embargo, son pocos los que se preocupan por su bienestar material y se esfuerzan en darle de comer al que lo necesita, de encontrarle un trabajo al desempleado, en hacer lo posible para que tenga dinero para pagar sus medicinas y honorarios médicos. La razón es, dice el Alter de Kelm3, porque lo espiritual no nos cuesta casi nada. Decirle a alguien que cierto acto está prohibido en Shabat no nos costó dinero alguno, pero ayudarle a pagar sus gastos médicos sí nos cuesta dinero.
Resulta ser que nos preocupamos por el bienestar espiritual del prójimo porque no nos cuesta y no nos preocupamos del bienestar material del otro porque sí nos cuesta y no queremos hacer ese gasto. ¿Por qué no queremos hacer ese gasto? Porque no queremos desprendernos de nuestro dinero. En otras palabras, porque apreciamos nuestros bienes materiales y no queremos dárselos a la otra persona.
Como apreciamos tanto lo material, no nos preocupamos por el bienestar material del otro. Como la preocupación espiritual del otro no nos cuesta, con gusto velamos para que la otra persona esté espiritualmente bien. El Alter lo dice explícitamente: “Como no valoramos tanto la espiritualidad, nos preocupamos por su Mundo Venidero”. Si la persona no está dispuesta a ayudar materialmente a los demás, probablemente es porque está demasiada apegada a lo material.
Sólo aquella persona que esté dispuesta a preocuparse por el bienestar material de los demás es aquella que en verdad valora lo espiritual. La gente materialista sólo se preocupa por el bienestar espiritual de los demás. La gente verdaderamente espiritual se preocupa por lo material y por lo espiritual del prójimo.
Como decía Rav Israel Salanter: “Las necesidades materiales de los demás son mis necesidades espirituales”. Por eso la Torá le da tanto énfasis a cubrir las necesidades materiales de los demás, para ayudarlo y así desarrollar una espiritualidad verdadera.

1 Tan sólo de esta parashá, vemos las siguientes mitzvot que nos ordenan preocuparnos por su bienestar material. Entre ellas están: Dejar la peá (rincón) del campo de trigo para el pobre y el extranjero, No segar la peá del campo, Dejar lo cosechado que se cayó de su recipiente o de la mano, para que sea recogido por los necesitados, No recoger las espigas que cayeron de lo que fuera cosechado, para que sea recogido por los necesitados, Dejar la peá (rincón) del viñedo para el pobre y el extranjero, No recoger todos los frutos del viñero, sino dejar la peá para los necesitados, Dejar tirado lo que se cayó del viñedo naturalmente, o luego de cosechado de su recipiente, para provecho de los necesitados, No recoger rebuscando todo del viñedo, sino que dejar lo "olvidado" para provecho de los necesitados, No robar ningún bien material, No engañar sobre bienes materiales (en especial sobre prendas de otros), No jurar en falso para engañar materialmente, No oprimir económicamente a otro, No asaltar, No tardar en pagar el salario, No engañar en medidas (en ninguna de ellas) y Tener pesos y medidas justas.
2 Esta mitzvá es la de tojajá, que nos exige reprender al prójimo cuando vemos que está cometiendo un pecado.

3 En Jojmá uMusar, segundo volumen, Maamar 242.
humus
Falafel

comidas de Israel (30 recetas)


gastronomia




Aunque nosotros, los Israelíes, hemos adoptado el falafel como plato nacional, no es nuestro en absoluto. Viene de los Egipcios, hecho con habas blancas secas, o de los Libaneses, Sirios y Jordanos hecho con garbanzos, como en esta receta. 

El falafel se come de pie, inclinados levemente, de modo que la mezcla de la tahina y el picante Sjug no goteen sobre la ropa. 


Ingredientes para el Falafel: 

• 500 gr. de garbanzos secos, remojados en agua durante la noche 
• 2 cebollas ralladas 
• 3 dientes de ajo picados bien fino 
• 2 cdas. de perejil fresco picado 
• 2 ctas. de té de comino o carvi molidos 
• 2 ctas. de té de coriandro molido (cilantro) 
• 1 cta. de té de polvo de hornear 
• sal 
• una pizca de pimienta cayena 
• aceite para freír 


Método de preparación: 

Mezclar juntos la cebolla, el ajo, el perejil, el comino (carvi), el coriandro, la sal y la pimienta. Trirurar los garbanzos en una batidora o triturador de carne hasta alcanzar una masa espesa y sin grumos. Agregar la mezcla a la masa de los garbanzos y mezclar. Si fuera necesario, agregar un poco de agua. 

Poner la mezcla por lo menos 1 hora a reposar en un lugar fresco (si la masa no se mantiene unida es una muestra que no está molida lo suficiente, en cuyo caso añadir un poco de harina puede ayudar). Agregar el polvo de hornear a la mezcla momentos antes de formar las bolas del falafel. 

Formar de la mezcla pequeñas bolas del tamaño de una pelota de ping-pong. Freír las bolas en aceite caliente hasta llegar a un color marrón dorado. 

Servir caliente con una ensalada de tomate y pepino (dentro de una pita), mezcla de tahina y Sjug (= salsa picante pimientos verdes). 

Be'teavón – buen apetito – ¡a gozar de la comida! 
Sopa Persa de pollo con albondigas de garbanzos
Ingredientes:
1 pollo, cortado en 8 piezas
6 cebollas medianas, 2 cortadas en cuartos y 4 ralladas
2 pimientos verdes, en rodajas
Sal
Pimienta recién molida
1/2 cucharadita de cúrcuma
1 diente de ajo machacado
225 grs harina de garbanzos tostados, disponible en tienda de productos árabes
500 grs de pollo picado
1/2 cucharita de cardamomo molido
1/2 taza de garbanzos cocidos
Colocar las piezas de pollo en una olla y cubrir con agua fría. Llevar a ebullición. Retirar cualquier espuma que se acumule
Agregar 2 de las cebolla, pimiento verde, sal y la pimienta, 1/4 cucharita de cúrcuma y el ajo. Cocinar a fuego lento, tapado, durante 45 minutos o hasta que el pollo esté tierno. Cuando el pollo esté frío retirar y dejar el caldo aparte.
Retirar la piel y los huesos del pollo y cortar la carne en trozos pequeños.
Para las albóndigas, rallar el 4 cebollas restantes. Añadir la cebolla a la harina de garbanzos y mezclar bien. Añadir el pollo picado, sal y pimienta al gusto, la cúrcuma restante, y el cardamomo. Mezclar bien utilizando las manos. Agregar suficiente agua aprox ¼ de taza a formar una masa pegajosa y que sea fácil introducir a la masa un dedo.
Cubrir la masa y refrigere durante un par de horas hasta que la mezcla es más fácil de manejar.
Sumergir las manos en agua fría y formar las albondigas de aprox 4 cms de diámetro.
Verter el caldo de pollo reservado en una olla de sopa. Llevar a ebullición, corregir los condimentos y agregar las albóndigas. Tapar y bajar el fuego. Cocinar a fuego lento durante 15-20 minutos. Añadir los garbanzos el pollo y cocinar a fuego lento durante 5 minutos más.
Servir como sopa espolvorear hierbas frescas como la albahaca y menta y acompañado de verduras en escabeche y pan blanco