jueves, 28 de mayo de 2026

 Cuando se habla del Tikún Olam, la corrección del mundo, usualmente imaginamos actos de caridad, iniciativas sociales o sistemas políticos destinados a mejorar la sociedad. Sin embargo, desde la perspectiva de la Sabiduría de la Cabalá, esta comprensión dista mucho de la raíz del asunto. La corrección del mundo no es externa, sino interna. Depende de corregir la naturaleza de las relaciones humanas.

En el mundo actual hay cada vez más inestabilidad económica, fragmentación social, desequilibrio ecológico y una profunda sensación de vacío e incertidumbre. A pesar del progreso tecnológico y científico, la humanidad se siente cada vez más perdida. El motivo no es el sistemas defectuosos ni un liderazgo deficiente, sino en la naturaleza humana. En el núcleo de todos los problemas se encuentra el ego, es decir, el deseo de beneficio a costa de los demás. Esta fuerza ha impulsado nuestro desarrollo durante miles de años, nos lleva a avanzar, movidos por la competencia, nuestra ambición y necesidad de dominar.
No obstante, en las últimas generaciones hay un cambio fundamental. La humanidad se ha interconectado globalmente. Economías, culturas, sistemas de comunicación e incluso nuestros estados emocionales están unidos de formas que antes no lo habíamos sentido. En la práctica, nos convertimos en un sistema integrado. Si bien, el sistema se ha unido, las relaciones dentro de él siguen siendo egoístas. Esta contradicción entre conexión externa y separación interna, se manifiesta en el aumento de problemas en todos los ámbitos de la vida y a escala global.
Algunos creen que la solución es romper esa conexión, regresar al aislamiento, al nacionalismo o a la autosuficiencia. Pero es imposible. Nuestra interconexión no la creamos nosotros. Es una etapa del desarrollo de la naturaleza. Así como las células del organismo vivo están inherentemente conectadas, la humanidad ha evolucionado hasta convertirse en un solo cuerpo. No podemos revertir este proceso. La pregunta, no es si debemos estar conectados, sino cómo debemos ajustar nuestra actitud dentro de esa conexión.
La corrección del mundo, el Tikún Olam, es corregir la calidad de nuestra conexión. En lugar de relaciones egoístas, donde cada uno busca beneficio propio, incluso a expensas de los demás, debemos aprender a construir relaciones con base en responsabilidad mutua, consideración y cuidado. No quiere decir borrar nuestra individualidad ni eliminar el ego, sino trascenderlo y usarlo correctamente. En Cabalá, esta transición es pasar de la recepción al otorgamiento, de tomar a dar. Cuando cada individuo conserva su singularidad, pero actúa en beneficio del conjunto, la armonía surge naturalmente, igual que en un cuerpo sano, donde cada célula funciona en bien de la vida del organismo.
Esa transformación no puede imponerse desde fuera. Requiere una educación nueva, comprender la naturaleza interconectada de la realidad y nuestra función dentro de ella. Gradualmente, debemos reconocer que nuestro bienestar depende del bienestar de los demás, que todos nuestros problemas surgen de relaciones humanas inadecuadas y que la solución está en corregirlas. Con este proceso, podemos comprender el sistema del que formamos parte y desarrollar una actitud nueva hacia los demás.
Dentro de la humanidad hay un grupo históricamente conocido como “Israel”, no en el sentido estricto de nación, sino como aquellos que tienen inclinación marcada hacia la conexión. El término ”Israel” proviene de Yashar-El, que significa “directo al Creador”, es decir, a la fuerza de unidad y amor que rige la realidad. Este grupo, en su momento alcanzó el estado de unidad, vivió según el principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, pero posteriormente cayó en la separación y el exilio. Su dispersión entre las naciones no fue accidental, sino parte de un proceso de integración con la humanidad.
Hoy llegó el momento de que este grupo retome su función fundamental: reconstruir la unidad entre sus miembros y servir de ejemplo para el mundo. Las naciones del mundo, consciente o inconscientemente, creen que la clave para una vida mejor es esta forma de conexión. Si esta expectativa no se cumple, se manifiesta como presión y reproche, a menudo como antisemitismo. Este fenómeno tiene raíces más profundas que la política o la cultura. Está ligado a una función insatisfecha dentro del sistema humano.
Si este grupo logra implementar el principio de unidad y lo demuestra en la práctica, la actitud del mundo cambiará. En lugar de hostilidad y división, habrá apoyo y cooperación. Será porque la humanidad es un sistema interconectado y un cambio en una parte influye en el todo.
La corrección del mundo no es un cambio de instituciones o sistemas, sino la transformación de las relaciones humanas. Al construir conexiones de responsabilidad y cuidado mutuo, podremos sentir una nueva dimensión de la realidad, un campo común de conexión, que Cabalá denomina “alma”. Dentro de esta conexión, descubrimos la fuerza superior de la naturaleza, al Creador, la fuerza de amor y otorgamiento que sustenta toda la existencia.
Por eso, el Tikún Olam no es arreglar el mundo externamente, sino corregir la conexión entre nosotros. Cuando cambiemos la naturaleza de nuestras relaciones, nos alinearemos con las leyes integrales de la naturaleza, resolveremos nuestros problemas de raíz y abriremos el camino a un nuevo nivel de existencia humana, uno de armonía, unidad y plenitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.