New York no está eligiendo al gran rabino de Israel
Un pánico casi nacional parece haber surgido en Israel: ¿Cómo pudieron tantos judíos de New York votar por un candidato musulmán para alcalde? Después de todo, todos saben que la responsabilidad principal del alcalde de New York es defender al Estado de Israel – y sólo después preocuparse por la recolección de basura, el subterráneo, crimen, o el costo de los alquileres.
Puede llegar como una sorpresa para algunos israelíes, pero los judíos estadounidenses – incluidos los que donan a Israel, aman a Israel, y visitan Israel regularmente – son, ante todo, estadounidenses. Cuando entran a la cabina de votación, lo hacen como ciudadanos de New York, no como voceros no oficiales de Jerusalén.
Cuando eligen un alcalde, ellos piensan en la seguridad personal en el subterráneo, en las escuelas públicas, el transporte, impuestos, y la calidad de vida en la ciudad donde viven realmente – no en quién aplaudirá el próximo discurso del primer ministro de Israel en Naciones Unidas.
En Israel, están los que todavía se esfuerzan por entender que la judería estadounidense no es una filial extranjera de la política israelí. Algunos israelíes parecen convencidos que todo judío en el mundo se supone que vote – incluso para un comité vecinal – de acuerdo con una prueba de lealtad vinculada a Israel, preferiblemente una preaprobada por un panel en la televisión israelí. En esta visión del mundo, si un candidato no suena como un vocero del Ministerio del Exterior de Israel, apoyar a ese candidato bordea la traición.
Pero New York es New York: una ciudad donde judíos, musulmanes, negros, hispanos, asiáticos y blancos viven juntos, votan de acuerdo con sus intereses cotidianos, y conducen la política de New York – no reuniones de gabinete en Jerusalén. Alguien que vive en Manhattan, Brooklyn, o Queens está mucho más preocupado por los costos del cuidado infantil, precios de las viviendas, o si es seguro tomar el subterráneo a casa de noche que sobre la redacción de la próxima declaración de condena meso-oriental, o incluso la posición del alcalde sobre el futuro de los territorios.
Hay también más que un poco de condescendencia israelí en funcionamiento aquí – la presunción que los judíos estadounidenses están obligados a pensar exactamente como lo hacen los israelíes, votar exactamente como lo hacen los israelíes, y definir sus prioridades de acuerdo con los titulares en Israel.
La realidad es mucho más simple. Los judíos de New York tienen vidas propias, problemas propios, y una identidad cívica estadounidense profundamente arraigada. Israel importa mucho para muchos de ellos, pero no es el centro de su existencia diaria. Y, digamos de paso, incluso entre aquellos para quienes Israel es importante, muchos tienen visiones políticas sobre Israel que difieren de las de cualquier gobierno israelí que resulte estar en el poder.
Uno puede discrepar con las posiciones de un funcionario estadounidense electo particular respecto a Israel. Uno puede incluso preocuparse por ellas. Pero estar sorprendido porque los judíos voten de acuerdo con su visión del mundo estadounidense, es más que nada una señal que algunos israelíes están todavía viviendo mentalmente en la década de 1950, cuando parecía que todo judío en el mundo era un representante honorario de la Agencia Judía.
Y por último, una nota pequeña para algunos ex israelíes en New York que hace poco cayeron en la ansiedad existencial: Israel es todavía el hogar – aun si ustedes se mudaron lejos de ella, aun si eligieron no compartir el precio que paga o la lucha por su supervivencia. Y si la vida en la Diáspora de pronto se vuelve menos cómoda y menos segura, el hogar está siempre allí.
El autor se desempeñó como asesor estratégico de Shimon Peres, 1990-2016, y es miembro del partido político B’Iajad Natzliaj.
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