domingo, 26 de julio de 2026

Del WSJ

 

El líder de la oposición israelí se está abordando algunos de los temas más divisivos del país.


Por William A. Galston
Julio 21, 2026
Jerusalén
Gadi Eis­en­kot, quien goza de más apoyo popular que cualquier otro líder de la oposición israelí, puede ser el hombre que puede poner fin al control férreo de Ben­jamin Net­an­yahu sobre la política de su país. Hijo de inmigrantes marroquíes, el Sr. Eis­en­kot ascendió a través de una actuación estelar a todo nivel para convertirse en jefe del estado mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel. La pérdida de un hijo y dos sobrinos en el conflicto en Gaza le ha devengado la simpatía de una población golpeada y afligida.
Si bien el Sr. Eis­en­kot no es un novato político, tampoco es un político de carrera. No es refinado, mucho menos astuto; él transmite una autenticidad cruda y seguridad en sí mismo. Aunque la política en Israel es al menos tan polarizada como en EE.UU., él no ha demonizado a la otra parte y ha evitado más que nada los ataques personales. El no está atacando frontalmente al consenso nacional en política de seguridad, sino que se está enfocando en cuestiones internas en las cuales el gobierno actual está en desacuerdo con la mayoría de los israelíes. El puede tener éxito donde los oponentes anteriores de Netanyahu han fracasado permitiendo a los votantes indecisos ajustar sus preferencias sin forzarlos a reconocer que cometieron un error en las elecciones anteriores.
El Sr. Eis­en­kot se ha abstenido más que nada de trazar líneas rojas o hacer promesas que lo acorralen si la oposición gana la elección. En su lugar, él ha esbozado principios para los socios de coalición aceptables: Ellos deben reconocer a Israel como la nación-estado del pueblo judío, aceptar los principios de la Declaración de Independencia de Israel, y apoyar la obligación de servir al país, ya sea en las FDI o en el Servicio Nacional civil. Todo lo demás es negociable.
Aunque estos principios son gen­erales, abordan claramente algunos de los temas más divisivos en la política israelí. El primero establece el umbral para la participación de los partidos árabes en un nuevo gobierno, una posibilidad que el Sr. Eis­en­kot ha rechazado repetidamente descartar. El segundo subraya la igualdad de todos los ciudadanos israelíes, sin importar la etnia, y promete trato justo para todos los grupos minoritarios. El tercero deja en claro a todos los israelíes que ningún grupo gozará de exenciones sistemáticas del servicio al estado.
Este último principio toma partido en una de las cuestiones más divisivas en la política israelí— el rechazo masivo de los líderes jaredim, o ultraortodoxos, a aceptar que sus hombres jóvenes deberían ser reclutados para el servicio militar obligatorio. Durante los últimos tres años, muchos israelíes de menos de 40 años de edad han servido en muchas rondas del deber, interrumpiendo sus vidas familiares y empleos tanto como arriesgando sus vidas. Los líderes de las FDI han advertido de escasez inminente de personal. Bajo estas circunstancias, incluso los israelíes que han aceptado a regañadientes las exenciones al servicio militar para los hombres jaredim ahora ven esta política como moralmente intolerable. La demanda de los líderes jaredim de subsidios siempre crecientes para escuelas y servicios sociales intensifica el resentimiento que sienten muchos israelíes.
Como en Estados Unidos, el estátus del "estado profundo" es otro tema muy controvertido. En ausencia de una constitución formal, Israel ha construido un sistema informal de controles y equilibrio—el poder judicial, el ejército, los servicios de inteligencia y la prensa. Durante las últimas semanas de la actual sesión de la Knesset, el gobierno de Netanyahu ha intensificado su ataque contra las instituciones con nueva legislación reduciendo el poder del fiscal general (quien es nombrado por una comisión independiente y no responde a los políticos electos) y creando un nuevo organismo para regular a la prensa. Además, el gobierno ha buscado congraciarse con su base jaredí reforzando la exención del servicio militar obligatorio, reconociendo formalmente el estudio de la Torá como un valor fundamental del estado, aumentando la separación de sexos en la educación y restaurando el monopolio del rabinato sobre la certificación de los alimentos kosher.
De acuerdo con los observadores veteranos de la política israelí, el Sr. Netanyahu entiende que estas políticas son impopulares. El ha permitido que avancen porque no espera ganar una mayoría en la elección programada para fin de octubre. En cambio, él está haciendo todo lo que puede para movilizar a sus seguidores para impedir que los partidos de la oposición ganen una mayoría clara del voto judío, forzándolos a buscar el apoyo de un partido árabe o a aceptar otra ronda de elecciones. Tras el ataque de Hamas contra Israel y el conflicto que siguió, una repetición de la coalición con un partido árabe moderado que ocurrió en el 2021 podría generar protestas callejeras generalizadas y dividir a la oposición.
Las similitudes estructurales entre la política en Israel y Estados Unidos son asombrosas. Ambos países están experimentando el resentimiento populista contra las élites y un ataque contra el estado profundo en el nombre del poder ilimitado de una estrecha minoría. En ambos países, los votantes altamente religiosos son un bloque crucial en la base nacionalista conservadora. En ambos, los líderes del gobierno nacionalista conservador evocan la lealtad ferviente y odio intenso. En cada uno, finalmente, las elecciones este otoño serán inusualmente importantes, ya sea continuando el rumbo actual o empezando el proceso de definir una nueva dirección para el país.

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