La guerra de Putin y la
blasfemia de Kirill
por George Weigel (El Sr. Weigel es un miembro distinguido en el Ethics and Public Policy Center.
Mientras los misiles y drones rusos continúan su ataque contra los civiles ucranianos, el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Patriarca Kirill de Moscú, acaba de publicar “Guerra: Más allá de las causas y consecuencias visibles," duplicando la apuesta en su campaña para justificar en términos religiosos la guerra de exterminio de Rusia contra Ucrania.
Publicado por la casa editora oficial del patriarcado de Moscú, el libro proyecta la guerra de Vladimir Putin como una acción salvífica: un deber con Dios y un servicio ruso a un mundo corrupto. El Patriarca Kirill cayó en la herejía cuando prometió a los soldados rusos la entrada inmediata al cielo, el perdón de sus pecados, si ellos mueren en la "guerra santa" del Sr. Putin. Ahora el Patriarca Kirill afirma que la "gran responsabilidad" del pueblo ruso es ganar la guerra porque "nuestra vocación terrenal es ser guerreros de Señor, para resistir al mal." Dios ha determinado el resultado de la guerra, escribe él, "y la victoria pertenece a los que están del lado de la luz."
En las primeras décadas del comunismo soviético, la ortodoxia rusa dio un gran testimonio de martirio, aun cuando sus pensadores exiliados enriquecieron la teología cristiana y reforzaron el diálogo ecuménico. Pero desde 1943—cuando Stalin, tratando de fortalecer la resistencia patriótica a la maquinaria bélica nazi, volvió a legitimar a la Iglesia Ortodoxa—el liderazgo de la iglesia ha estado bajo el pulgar del Kremlin. Sus líderes, incluido el actual patriarca, han tenido conexiones fuertes con los servicios secretos de Moscú. Tal vez como resultado, todos ellos han tenido un odio especial por la consciencia nacional ucraniana. El patriarcado de Moscú trabajó estrechamente con los servicios de inteligencia soviéticos para orquestar un concilio eclesiástico ucraniano espurio en 1946, el cual abolió legalmente la Iglesia Católica Griega Ucraniana, un custodio de la cultura e identidad ucranianas.
Desde su resurgimiento de la clandestinidad hacia finales del período de Gorbachev, la Iglesia Católica Griega Ucraniana se ha vuelto una fuerza espiritual, cultural e intelectual en Ucrania. Su autoridad moral ha aumentado desde que empezó la guerra del Sr. Putin, gracias a la valentía y sacrificio de su clero y líderes laicos. Los agentes de la policía secreta rusa estuvieron vigilando al líder de la Iglesia Católica Griega Ucraniana, Arzobispo Mayor Sviatoslav Shevchuk, durante el cónclave papal del 2025 en Roma. El Arzobispo Shevchuk, quien estaba en una lista para ser asesinado si las fuerzas rusas hubiesen capturado Kiev en febrero del 2022, ha promocionado la causa de Ucrania desde entonces, proporcionando apoyo espiritual a su pueblo y pasando incontables noches en un refugio anti-bombas. La justificación blasfema por parte del Patriarca Kirill de la guerra del Sr. Putin se sitúa en contraste con la dedicación pastoral e integridad teológica de clérigo ucraniano.
El “primero entre iguales” en la ortodoxia mundial es el Patriarca Ecuménico Bartolomé de Constantinopla, quien ha reconocido la legitimidad independiente de los organismos ortodoxos ucranianos anteriormente subordinados a Moscú. El ha criticado la agresión rusa y condenó específicamente los esfuerzos del Patriarca Kirill por dar una apariencia de legitimidad religiosa a la guerra. Lo que es el motivo por el cual, incluso antes de la invasión rusa, el Patriarca Kirill rompió relaciones con Constantinopla. Las dos iglesias ahora están formalmente distanciadas. Esta fractura ecuménica profunda no será sanada por algún tiempo después de la guerra.
El nuevo libro del Patriarca Kirill plantea otra cuestión ecuménica, si el diálogo ecuménico entre el catolicismo apostólico romano y la ortodoxia rusa terminó efectivamente. Durante décadas, los profesionales apostólicos romanos a cargo de las campañas posteriores al Vaticano II del Catolicismo para recomponer la unidad con la ortodoxia oriental han sido guiadas por una idea estratégica: el camino a Constantinopla pasa a través de Moscú. La teoría es que una vez que fuera logrado un grado de aproximación ecuménica con Moscú, seguirían otros avances con el oriente cristiano.
Independientemente del sentido que esa estratagia puede haber tenido hace 60 años, no tiene sentido ahora. Los líderes de la ortodoxia rusa son instrumentos del poder estatal ruso, no de la gente con quien es posible la conversación teológica seria. El patriarcado de Moscú hace más que respaldar la agresión brutal del Kremlin contra Ucrania. Como documenta el ex funcionario del patriarcado Sergei Chapnin en su libro “Comunidades Religiosas Bajo Presión,” la Iglesia Ortodoxa Rusa persigue y repudia a cualquier clérigo o laico que se opone a la guerra contra Ucrania. El Sr. Chapnin advirtió hace una década que el Patriarca Kirill estaba transformando la ortodoxia rusa en una ideología política y más tarde predijo que él valoraría una futura guerra rusa contra Ucrania en idioma religioso. Ahora lé demuestra que la campaña de represión del patriarcado de Moscú, que incluyó la muerte de un manifestante contra la guerra no confesional en una colonia penal, toma como blanco a cualquier creyente religioso que desafía la política y práctica del Kremlin.
El diálogo ecuménico no es posible con hombres que han traicionado el Evangelio, bendijeron la agresión de un autócrata, pisotearon la libertad religiosa y entregaron la libertad de su propia iglesia al poder estatal.
Es esencial un replanteo minucioso de la estrategia ecuménica vaticana hacia el Oriente cristiano. Esa antigua idea de un "camino a través de Moscú" no ha llevado a Constantinopla. Ha llevado sólo a la traición de la verdad cristiana y al destrozo de la esperanza ecuménica.
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