domingo, 9 de agosto de 2026

 

EL IMPERIO QUE MANTUVO AL MEDIO ORIENTE FUERA DE LA MODERNIDAD
El manuscrito conserva el saber.
La imprenta lo multiplica.
No fue el colonialismo europeo la causa del atraso árabe.
Existe la historia que se cuenta y la Historia que se olvida y se oculta.
Según la historia que se cuenta, el mundo árabe habría sido libre, próspero y naturalmente encaminado hacia la modernidad hasta que llegaron los europeos, con sus mapas, sus ejércitos, Mentiras.
Antes del colonialismo europeo, gran parte del mundo árabe ya había experimentado siglos de dominio del imperialismo otomano/turco.
Durante unos 400 años, desde 1500 hasta su disolución tras la Primera Guerra Mundial, la Sublime Puerta gobernaba desde Constantinopla gran parte del mundo árabe: Siria, Irak, Palestina, Líbano, Transjordania, gran parte del norte de África.
Los árabes eran súbditos de un imperio turco/islámico.
Vamos bien hasta ahora? Continuemos...
La modernización política, económica y cultural no era la prioridad de un sistema imperial construido sobre la conservación del poder del sultán, sobre la jerarquía, sobre la lealtad al centro y sobre el control de las instituciones.
Vamos a los libros.
La imprenta de tipos móviles nace en Europa en el siglo XV.
Gutenberg pone en marcha una revolución que hará que el libro sea cada vez más económico, más difundido y el conocimiento infinitamente más fácil de reproducir.
No es un detalle insignificante: el manuscrito conserva el conocimiento.
La imprenta lo multiplica.
Un manuscrito tiene que ser copiado cada vez.
Un libro impreso puede producirse en cientos, miles de ejemplares.
Un descubrimiento científico, una idea política, una controversia religiosa dejan de ser patrimonio de pocos y se vuelven accesibles para todos.
En Europa, la tipografía estaba transformando el continente. En el Imperio otomano, la cultura musulmana seguía ligada al manuscrito.
En Europa, entre mediados del siglo XV y 1500, se produjeron millones de libros: las estimaciones varían entre unos 8 millones y 20-30 millones de copias.
Fue en la época de Bayezid II, sultán del 1481 al 1512, cuando se dictaron las medidas (fechadas en 1483/1485) que impidieron la impresión en caracteres árabes, renovadas luego en 1515 por su hijo Selim I.
Los documentos originales de las prohibiciones no han sobrevivido, pero la impresión en árabe no tuvo circulación libre en el Imperio otomano hasta el siglo XVIII.
Sin embargo, la impresión no era desconocida para los turcos.
Las comunidades judías del Imperio ya utilizaban la imprenta desde finales del siglo XV.
Luego vinieron los griegos, armenios y otras comunidades cristianas. Por lo tanto, no era la tecnología lo que era misterioso.
Era su aplicación a la cultura musulmana lo que se impedía.
Luego llega la paradoja.
En 1727, bajo el sultán Ahmed III, İbrahim Müteferrika obtiene la autorización para instalar una imprenta capaz de imprimir en caracteres árabe-persas. La imprenta empieza a funcionar en 1729.
Pero el resultado es impresionante: en trece años, de 1729 a 1742, solo produce 17 títulos y unas 13.000 copias.
Trece mil copias, no trece mil títulos.
Mientras Europa ya había pasado por una revolución tipográfica de casi tres siglos.
Además, la Sublime Puerta no autorizó una liberalización completa. La impresión de textos religiosos islámic0s permaneció sujeta a restricciones particularmente severas.
El Corán, comentarios, hadices, derecho y teología no entraban en la libertad concedida a la imprenta de Müteferrika. Los libros debían pasar por controles y autorizaciones.
El imperialismo otomano funcionaba a toda máquina. Mientras la modernidad tipográfica ya había llegado a Europa siglos atrás, el Imperio otomano todavía estaba allí discutiendo si era oportuno o no.
La Reforma protestante, la revolución científica, la circulación de los panfletos, el nacimiento de la opinión pública, la difusión de las ideas ilustradas y la progresiva democratización del conocimiento: todo esto habría sido impensable sin la multiplicación industrial del texto.
No fue la imprenta, por supuesto, la que ‘creó’ la modernidad por sí sola. Pero sin la imprenta, la modernidad europea habría tenido otra velocidad, otra dimensión.
El libro multiplicado significa conocimiento multiplicado.
Conocimiento multiplicado significa discusión.
Discusión significa conflicto de ideas. Y el conflicto de ideas es uno de los rasgos distintivos de la modernidad.
El control del libro siempre es control del pensamiento.
En el mundo otomano, en cambio, el manuscrito continuó siendo el principal vehículo de la cultura musulmana.
No significa que no existieran grandes intelectuales, científicos, poetas, historiadores o filósofos.
Donde el conocimiento circula lentamente, lentamente se forma una opinión pública.
Donde la opinión pública es débil, más débil es la sociedad civil.
Donde la sociedad civil es débil, la política queda más fácilmente en manos del aparato religioso, del ejército, de los notables y de las clientelas.
Es una tema de instituciones.
De hecho, la historia posterior lo demuestra.
Vamos bien hasta ahora? Sigamos...
En el siglo XIX, el Imperio Otomano intenta recuperar el retraso. Surgen nuevas imprentas, periódicos, escuelas, traducciones, instituciones culturales.
En El Cairo, Estambul y en otros centros árabes y otomanos, la prensa finalmente conoce un crecimiento significativo.
Pero Europa había acumulado una ventaja enorme. Cuando, luego, en el siglo XIX y sobre todo en el XX, llegan las potencias europeas, el mundo árabe tenía detrás una historia muy larga y muy complicada, en la cual el dominio otomano había tenido un peso enorme.
Naturalmente, el colonialismo europeo produjo algunos daños, pero convertir todo lo que ha ocurrido en Oriente Medio en una consecuencia del colonialismo europeo significa borrar de la historia los siglos que lo precedieron.
Y significa sobre todo entregar a los árabes una representación distorsionada de su propia historia: siempre víctimas inocentes de otro.
Las sociedades árabes han tenido imperios, élites, conflictos, culturas, grandes tradiciones intelectuales, periodos de esplendor y largos periodos de estancamiento.
Han tenido gobernantes árabes y gobernantes extranjeros, modernizadores y conservadores.
Quizás la pregunta no sea por qué Europa se volvió moderna, si no por qué una parte del mundo islámico adoptó tan tarde algunas de las condiciones materiales e institucionales que hicieron posible la modernidad europea.
Y con esto terminamos...
No existe una sola respuesta, pero lo central es el Imperio otomano, su centralismo, su conservadurismo institucional, la relación entre poder político y autoridad religiosa, la debilidad de la prensa y la tardía formación de un espacio público autónomo.
Por eso la historia del Medio Oriente no comienza con Londres y París, ni tampoco en 1918.
Comienza mucho antes.
Antes de los mandatos británicos y franceses.
Antes de Sykes-Picot. Antes del colonialismo europeo.
Comienza cuando en Estambul se decidía quién podía gobernar, que se podía imprimir y, sobre todo, cuánta información podía circular.
Antes de darle a Europa la patente de culpable de la historia árabe, sería bueno recordar el colonialismo turco/otomano, que durante cuatro siglos tuvo al Medio Oriente bajo su propio talón.
Ivana Paisi
Israele, Amore Mio 2

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