¿Por qué nunca se permite a Israel ganar de forma convincente guerras libradas en su contra? ¿Por qué es que Israel debería sangrar en la legítima defensa mientras que los agresores pueden salirse con la suya afirmando la victoria? ¿Por qué es que Israel es utilizada frecuentemente por las naciones occidentales como una mera herramienta para sus ambiciones geopolíticas? ¿Y por qué es que Israel es culpada cuando los planes puestos en movimiento por los aliados salen mal?
La respuesta, por supuesto, es que Israel es un chivo expiatorio conveniente -- uno que no está en posición de quejarse o cortar lazos con los que se dicen aliados y que constantemente lo abandonan en la búsqueda de sus propias ambiciones. Israel es vista obviamente por las principales potencias extranjeras como una nación más bien insignificante, una que puede ser intimidada y manipulada para que cumpla.
Israel es de hecho chica, en área de tierra, población y poder económico. No tiene recursos naturales, excepto por algo de gas. En el esquema de las cosas, no es vista como un actor importante en los acontecimientos mundiales ni de tener mucha influencia política. Por el bien de su futuro, es visto como desesperado por hacer aliados y amigos en un mundo alienígena– uno que en gran medida lo desprecia por tener éxito. Israel es así una nación en un mundo hostil hacia su existencia, y hacia los judíos en general.
Israel es acusado falsamente de forma continua -- a menudo por países que cometen enormes crímenes de guerra -- de ser una nación "de colonos", de practicar el apartheid, y de genocidio contra los palestinos. Es excoriado en la ONU, en los parlamentos europeos, por los medios de comunicación internacionales, y por los así llamados grupos de derechos humanos. Ninguna de las acusaciones en su contra son ciertas. No pueden siquiera ser fundamentadas con hechos o pruebas. No es que eso importe mucho a los que están determinados a expresar su odio al judío, aun cuando sea bajo el disfraz de "justicia social" u otras construcciones fatuas.
La historia proporciona el contexto para esta percepción injusta. En 1948, como una nación-estado incipiente en una región en gran medida desértica, sin ninguna reserva conocida de petróleo o gas, escasa en dinero y poder militar, y con pocas naciones dispuestas a ver al pueblo judío restablecido en su patria ancestral, Israel no tenía mucho margen de negociación.
Pero, contra todos los pronósticos – político, militar, económico – y con pocas personas, el pequeño estado sobrevivió, aunque enfrentando incontables momentos de peligro crucial. Fue traicionado aun antes del inicio por Gran Bretaña, el cual, en la Conferencia de Cairo de 1921, dividió el territorio del Mandato para Palestina en dos: el 22% para los judíos y el 78% para el reino hachemita del Rey Abdullah (ahora Jordania).
Poco después, y a pesar de las disposiciones del Mandato para Palestina, los británicos restringieron drásticamente la inmigración judía al territorio restante antes, durante, e incluso después de los hechos horrorosos de la era nazi, negándoles así libertad y seguridad en su propia tierra.
Cuando el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser ordenó la nacionalización del Canal de Suez en 1956, Gran Bretaña y Francia persuadieron a Israel de atacara Egipto a fin de abrir el canal restringido, el Estrecho de Tirán y el Golfo de Aqaba. Israel llevó a cabo exitosamente su operación y, en cinco días, ocupó la Península del Sinaí. Bajo presión, sin embargo, de Estados Unidos y la U.R.S.S., los británicos, sin notificar a Israel, declararon un cese del fuego justo cuando Israel y las fuerzas aliadas estaban en camino a conseguir el control total de todo el Canal de Suez y de la región del Sinaí.
Israel tuvo que retirarse sin cumplir todos sus objetivos -- únicamente debido a presiones políticas fuera de su control. El Egipto de Nasser surgió por lo tanto victorioso. Esta fue la última vez que Israel se unió a las potencias occidentales en batalla hasta 70 años después, cuando Israel se asoció con Estados Unidos en la campaña aun no finalizada de Irán.
Al momento de la suspensión de las hostilidades con Irán, Israel inmediatamente se volvió el blanco de la culpa, acusado falsamente de "arrastrar" a Estados Unidos a una guerra con Irán. El Vicepresidente JD Vance se ha apresurado a criticar repetidamente a Israel, no obstante su involucramiento crucial en los éxitos de la operación. De acuerdo con Jonathan Tobin:
"[Vance] les advirtió que no tenían más remedio que aceptar lo que fuera que hiciera Trump porque 'Donald J. Trump es el único jefe de estado en el mundo entero que simpatiza con la nación de Israel en este momento en el tiempo, y resulta ser el jefe de estado de la superpotencia del mundo.'"
Es una bendición que todos hayamos tenido una posibilidad de ver quién es él ahora, junto con el desastroso Memorando de Entendimiento de Islamabad con Irán, en lugar de justo antes de una posible candidatura para presidente en el 2028.
Trump parece desesperado por presentar al mundo un acuerdo diplomático concluido exitosamente y exhibir su maestría del "arte del acuerdo"– en realidad, como el régimen iraní nunca cumple con los acuerdos, cualquier acuerdo con los líderes actuales de la República Islámica (el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) será un muy mal acuerdo para EE.UU., Israel, y la región. Tal vez él espera ese elusivo Premio Nobel de la Paz al cual cree que tiene derecho-- o tal vez él está tratando genuinamente de planificar sus próximos movimientos para que Irán, como él repite, "no pueda tener un arma nuclear."
Ahora que los negociadores de Irán parecen creer que tienen la mano ganadora, dados sus intentos de restringir la navegación a través del Estrecho de Ormuz, se ha vuelto claro que Irán intenta causar tanto caos como sea posible.
Si bien Israel no fue consultado oficialmente sobre las negociaciones y términos del MDE no vinculante, Estados Unidos, a través de la diplomacia excelente del Secretario de Estado Marco Rubio, silenciosamente concluyó un acuerdo marco excepciona y vinculante entre Israel y Líbano, con el objetivo de restaurar la soberanía de Líbano bajo su gobierno librando al país del aliado terrorista más poderoso de Irán, Hezbola.
Israel es una nación soberana, con derecho a defender sus fronteras y su pueblo sin permiso de nadie.
Cualquier estancamiento que se produzca entre EE.UU. e Irán no obstante será atribuido falsamente a Israel, especialmente si fracasa algún "acuerdo de paz" estadounidense con Irán.
La pregunta de lo que puede suceder a Israel en el futuro no parece ser de gran preocupación para nadie más. Después de todo, los judíos siempre tuvieron que luchar sus propias batallas. Este es su destino, porque el pueblo de Israel está destinado a ser "un pueblo que mora solo, no contado entre las naciones" (Números 23:9).
Ayer Trump se reunió con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Washington, DC. Será interesante ver lo que están preparando estos dos líderes intrépidos.
En su corta historia, Israel ha mostrado ser más que heroica en defender a la civilización y al Occidente. Netanyahu se ha ganado merecidamente el título de "el Churchill del Medio Oriente." Los detractores cobardes de Israel, algunos de los cuales se negaron a permitir incluso que Estados Unidos use sus bases aéreas para ataques contra Irán, cuyos misiles balísticos los amenazan, deberían callarse. Es hora que se detengan las críticas.
Nils A. Haug es abogado, autor y columnista.
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