Judea y Samaria constituyen el corazón histórico y bíblico del pueblo judío, albergando miles de sitios arqueológicos que documentan de manera tangible el vínculo milenario entre los judíos y la Tierra de Israel. Precisamente por esta razón, desde los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina ha llevado a cabo una campaña sistemática de borrado histórico: el saqueo de artefactos judíos, la demolición de sitios antiguos y los intentos internacionales de reescribir la historia. En los últimos años, la Autoridad Palestina ha presentado a la UNESCO extensas listas de sitios claramente judíos —como Qumrán y los Rollos del Mar Muerto, Herodión, las Piscinas de Salomón, el Monte Gerizim, Tel Rumeida y los acueductos hasmoneos— solicitando su inscripción como patrimonio "palestino" o "islámico", al tiempo que omite cualquier referencia judía. La organización ha aceptado estas solicitudes, designando lugares como Hebrón y la Tumba de los Patriarcas, Tel Jericó y Sebastia (la antigua capital del Reino de Israel) como patrimonio del "Estado de Palestina", a pesar de los daños continuos y las construcciones ilegales sobre restos israelitas, helenísticos, romanos y bizantinos. El Monte del Templo ha quedado reducido simplemente a "Haram al-Sharif", Jerusalén ha sido definida exclusivamente como musulmana en resoluciones votadas durante la festividad de Janucá, y términos históricos como "Judea" han sido sustituidos por etiquetas inventadas ("Al Bariyah – Desierto y Monasterios"). De este modo, la UNESCO parece cómplice de un acto de verdadero genocidio cultural, equiparable a la destrucción de Palmira y Mosul a manos de ISIS. Sobre el terreno, según datos de organizaciones israelíes, aproximadamente el 80% de los sitios más importantes de la zona han sufrido saqueos y demoliciones a escala industrial mediante el uso de maquinaria pesada. Entre los ejemplos flagrantes figuran las obras ilegales del Waqf en el Monte del Templo en 1999, que implicaron el vertido de cientos de camiones cargados de tierra rica en artefactos; los intentos de pavimentar y construir sobre el Altar de Josué en el Monte Ebal; y la cantera abierta en 2022 que destruyó cientos de metros del antiguo acueducto de Salomón. Recientemente, Israel ha cambiado el rumbo: destinando fondos para la protección y puesta en valor de decenas de sitios, reanudando excavaciones profesionales en Sebastia, Hircania y Sartaba, y deteniendo nuevos actos de vandalismo. Cada descubrimiento arqueológico representa una derrota para el negacionismo histórico y una recuperación de la memoria auténtica de la región.
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