Esto debería ser algo habitual. Sin embargo, en el Hollywood actual, se considera un desafío.
Mientras figuras como Sarandon y Bardem se dedican al deporte —cada vez más «de moda»— de denunciar a Israel, Malkovich se ha resistido al boicot.
Boicotear a Israel se ha convertido en una de las formas más baratas de valentía para las celebridades. Firmar la carta adecuada, denunciar al villano de turno, disfrutar de los aplausos y volver a casa sintiéndose un héroe. ¡Muy a la moda, muy «in»!
El coste personal suele oscilar entre nada y unos cuantos titulares elogiosos.
Malkovich parece ajeno a este tipo de postureo moral.
Ha dedicado casi medio siglo a convertirse en uno de los mejores actores de su generación. Claramente, no ve motivo alguno para castigar a los actores, músicos, cineastas y al público israelíes con un boicot.
Tampoco parece necesitar a «los palestinos» como accesorios para demostrar su integridad o su talento.
Esto lo distingue de un número considerable de celebridades que han descubierto que Oriente Próximo se vuelve maravillosamente sencillo cuando no se sabe casi nada al respecto.
Malkovich hace algo mucho menos «de moda»: trata a los israelíes con respeto y camaradería.
«Estoy muy contento de volver a Israel. Siento una profunda afinidad y una gran solidaridad con el público israelí», declaró a la prensa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.