Las autoridades de Lovaina suspendieron el encuentro entre Hapoel Be’er Sheva y Union Saint-Gilloise, previsto para finales de septiembre, argumentando que no podían garantizar la seguridad de jugadores y espectadores.
La decisión provocó una fuerte reacción de la Embajada de Israel y de organizaciones judías, que cuestionaron que un equipo deportivo pueda ser excluido por su nacionalidad.
El problema es aún mayor cuando la amenaza de violencia termina condicionando quién puede participar. Si la respuesta frente a quienes amenazan con atacar a israelíes es apartar a los israelíes, ¿quién está siendo realmente castigado?
La seguridad no debería convertirse en una excusa para discriminar. Ser israelí no puede ser motivo de exclusión, tampoco dentro de una cancha.
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