domingo, 30 de marzo de 2014

LA SUMA DE SUS PARTES


Fuente: NOW- Traducido por Marcela Lubczanski especialmente para el blog de OSA Filial Cordoba
por Tony Badran
27/3/14

Despues de un periodo de ausencia y rumores que lo habian matado, la controvertida figura salafista Ahmad al-Assir publico un nuevo mensaje en video en el cual el ataco a las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) como "la herramienta principal internamente" para Hezbollah. Assir puede estar fuera de la corriente principal en la mayoria de los temas, pero su descripcion del rol de las FAL probablemente tenga importante resonancia bastante mas alla de sus circulos inmediatos. El hecho que un segmento considerable de Libano comparta esta evaluacion de las FAL carga consecuencias importantes para la politica americana en Libano y en la region mas generalmente.
Estados Unidos ha visto hace mucho tiempo a las FAL como la unica institucion verdaderamente nacional del pais. En una forma, podria decirse que la politica para Libano de Washington se ha vuelto cada vez mas una centrada en las FAL, especialmente cuando Washington ahora define su prioridad en la region como combatir al terrorismo sunita. Pero esta vision de las FAL es claramente problematica y requiere revision. Para eso, Estados Unidos debe considerar no solo el presente de la institucion como una herramienta para Hezbollah, sino tambien su pasado.
No obstante el folklore en torno a las FAL, es imposible ver a las FAL como algo mas que un reflejo de la sociedad libanesa, sus divisiones, y sus patologias. Como tal, cuando no fueron un instrumento del gobierno sirio, las FAL reflejaron a menudo el deseo de las comunidades constituyentes de dominar a sus rivales internos.
En su mayor parte, esta dinamica jugo principalmente con las comunidades maronita y chiita. En particular, el periodo de 1983-1984 es axiomatico. Luego de la derrota de la OLP y el colapso de sus aliados en Beirut Occidental luego de la invasion israeli, el gobierno de Amin Gemayel, respaldado por Estados Unidos, paso a establecer la autoridad gubernamental en la capital desplegando a las FAL alli. La inteligencia militar comenzo a llevar a cabo operativos y arrestos – y, algunos afirman, asesinatos – contra milicianos. El problema es, que las energicas medidas de este gobierno no se aplican a las principales milicias cristianas del periodo. De hecho, elementos milicianos de las Fuerzas Libanesas a menudo serian desplegados junto a las FAL y perpetrarian desde algun a crimenes serios. En muchos aspectos, ese modelo refleja el actual fenomeno de despliegues conjuntos de Hezbollah y las FAL, tanto como la estrecha sinergia entre Hezbollah y el Directorio de Inteligencia de las FAL.  
Por entonces, los opositores al presidente libanes nombraron a las FAL "ejercito de Amin Gemayel" y resistieron su presencia en Beirut. Por supuesto, estos opositores tenian una agenda propia, respaldada por el regimen de Assad, el cual estaba recuperando la iniciativa y tramando su control de Libano. El principal aliado de los sirios en Beirut en la epoca era la milicia Amal. Amal se oponia al intento de Gemayel de afirmar la autoridad de su gobierno en Dahiyeh a traves de las FAL que, en conjunto con las Fuerzas Libanesas, terminaron bloqueando y bombardeando Dahiyeh. Finalmente, Amal forzo a la division de las FAL, cuando la Sexta Brigada del Ejercito se desprendio y unio fuerzas con Amal en expulsar a las unidades leales a Gemayel fuera de Beirut Occidental en lo que fue conocido como el levantamiento del 6 de febrero de 1984.
La reunificacion de las FAL bajo el control sirio despues del fin de la guerra no termino este paradigma basico de la dinamica entre las FAL y las comunidades libanesas: simplemente lo reconfiguro. De particular interes es el periodo desde que Bashar al-Assad asumio el control de la cartera de Libano en 1998. Bashar uso a las FAL, cuyo comandante anterior, Emile Lahoud, era ahora presidente, para mantener a la oposicion cristiana tanto como a la clase politica tradicional bajo control en lo que se conocio como "el sistema de seguridad conjunto sirio-libanes." Este fue el periodo en que el Directorio de Inteligencia y los otros aparatos de seguridad estaban ocupados yendo tras las Fuerzas Libanesas y los activistas aounistas. En general, la reconfiguracion siria de las FAL llevo al ascenso de oficiales tanto chiitas como tambien maronitas pro-sirios – una realidad que persiste hasta este dia.
Solo que ahora, en contraste con la decada de 1980, las FAL han sido cubiertas con capas de
folklore, jugadas en forma oportunista por Hezbollah, para convertirlas en un actor mas alla del reproche aun cuando el partido chiita las utiliza para presionar a sus opositores sunitas. Ademas, la doctrina de las FAL fue cambiada en la epoca siria para estar en linea con Damasco, y para ser completamente partidarias de y subordinadas de Hezbollah. La infame formula “Ejercito, Pueblo, Resistencia”, la cual Hezbollah ha insistido en incluir en la declaracion politica del gabinete en los años que siguieron a la retirada siria, puede de hecho ser rastreada hacia atras a al menos el año 2003. El rol redefinido de las FAL como una policia interna y una fuerza anti-motines, articulada primero por el jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah, y reiterada la semana pasada en el Parlamento por el parlamentario de Hezbollah,  Hassan Fadlallah, se convirtio en el de una fuerza de ataque en choques callejeros que involucran a los adversarios locales del Partido de Dios – aunque nunca al propio grupo chiita o a sus aliados. En el analisis final, la actual configuracion de poder de la dominacion de Hezbollah, con las FAL como una fuerza auxiliar, tiene sus raices en el "sistema de seguridad" de Assad.
Lo que es curioso acerca de la politica americana hoy, entonces, es que respalda efectivamente esta configuracion. A pesar de la pretension de respaldar a una institucion nacional neutral, Estados Unidos esta apoyando en realidad un acuerdo que refleja lo peor de los males sectarios del Libano, donde un grupo – en esta ultima repeticion, los chiitas – controla instrumentos del estado contra otros grupos – o sea, los sunitas. Excepto que esta configuracion actual es suscripta por una fuerza irani, Hezbollah, y por lo tanto tiene ecos mas amplios. Significa que Estados Unidos esta apoyando lo que es inequivocamente un orden irani.

Israel, el Estado judío

Israel, el Estado judío
por Marcelo Wio
28 de Marzo de 2014


 
 
Mucho se ha hablado de la condición que Israel antepone a la firma de un acuerdo de paz con la parte palestina: el reconocimiento del país como un Estado Judío.
No es esta una definición religiosa (o, mejor dicho, no es únicamente religiosa), sino, por sobre todas las cosas, es descripción de un Pueblo como Estado-nación.
No es baladí esta condición, ni producto del capricho o de chicanas políticas; es una condición que, en otras palabras, se encuentra en dos resoluciones importantes (una de ellas, aunque ahora sea invocada como base del “derecho” palestino sobre ciertos territorios, fue votada en contra por los estados árabes; y por esto mismo, y la agresión posterior, nunca entró en vigor), ninguna de las cuales, por lo demás, menciona la palabra “palestinos”.
La resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1947 recomendaba la partición del Mandato británico de Palestina (su parte occidental, puesto que la oriental había sido concedida a la dinastía hachemita) en dos estados independientes: “un estado árabe y un estado judío…”.
En su libro Israel and Palestine: Assault on the Law of Nations, Julius Stone, renombrado jurista australiano, reproduce una cita textual de los autores del informe An Internacional Law Analysis of the Major United Nations Resolutions Concerning the Palestine Question (ST/SG/Ser F/4, N.Y.: 1979) donde aseguran:
Los Estados árabes no sólo votaron en contra de la partición [de Palestina], sino que inicialmente sostuvieron que era inválida. Es por lo tanto significativo [sic] que subsecuentemente la hayan invocado para presentar sus argumentos legales a favor de los palestinos...”.
Fueron, de esta manera, los propios estados árabes los que impidieron el establecimiento de un nuevo estado árabe en la región. Son los mismos, entre otros, que se apoyan en los principios básicos de la Resolución de Partición que no aceptaron, para reclamar lo que perdieron en dos guerras de agresión.
La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU de 1967, además de no exigir la retirada de Israel de todos los “territorios ocupados durante el […] conflicto” – con lo que es imposible hablar de “territorios palestinos” -, afirma “el acatamiento de los principios de la Carta requiere que se establezca una paz justa y duradera en el Próximo Oriente, la cual incluya la aplicación de la:
“2) Terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y de su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza…”.
Pero no hay un reconocimiento de la soberanía (en tanto auto-determinación del Pueblo judío). En su lugar, y según informaba la agencia palestina de noticias Ma'an el 19 de enero de 2014, el presidente de la Autoridad Palestina llamó a los colonos israelíes “invasores” sin “derecho a la tierra palestina”, e hizo hincapié en que los palestinos que viven en Israel “estaban en la tierra 1500 años antes de que Israel fuera establecido”.
Es decir, para Abbas los judíos no tienen derecho a la tierra – para lo cual inventa una historia apócrifa.
Justamente ésto es lo que hace necesario, vital, que un acuerdo de paz reconozca que Israel es el Estado del Pueblo-nación judío.
Ello y las constantes declaraciones de los líderes y organizaciones palestinos, y de los medios oficiales de la Autoridad Palestina,negando el derecho de Israel a existir y presentando un futuro en el que “Palestina” reemplazará a Israel.
En este sentido, Ricki Hollander, analista de CAMERA, recogía en un artículo reciente las declaraciones del ex Ministro de Exteriores y Jefe Negociador de la Autoridad Palestina, Nabil Shaath, en 2011 en la televisión árabe, manifestando que los palestinos nunca aceptarían la formula “dos estados para dos pueblos” que incluyera un Estado judío. Así lo explicaba el propio Shaath:
“La historia de los ‘dos estados para dos pueblos' significa que habrá un pueblo judío allí y un pueblo palestino aquí.Nunca aceptaremos esto...'”.
Hollander, por su parte, remarcaba que:
“El hecho de que los medios oficiales de la Autoridad Palestina y, de hecho, el propio presidente Abbas niegue la historiajudía y su conexión con la tierra, y continúe retratando a los judíos como usurpadores e intrusos en tierra palestina, alimenta las dudas israelíes respecto de la voluntad de los palestinos para poner fin al conflicto con la aceptación del derecho nacional judío a existir… en esa parte del mundo”.
La negativa de los palestinos a aceptar a Israel como Estado judío trae a la mente la estrategia de “fases” de Arafat, cuyo fin de, en última instancia, es tomar Israel. El programa de diez puntos del Consejo Nacional Palestino de 1974 (conocido como “Plan de Fases” ) - indicaba Hollander - tenía como base crear un Estado palestino en cualquier territorio cedido por Israel (art. 2), para luego utilizarlo como plataforma para “completar la liberación de todo el territorio palestino” (art. 8).
De hecho, luego de firmar los Acuerdos de Oslo, Arafat reveló cómo estos acuerdos harían posible su plan para eliminar al Estado judío. Lo hizo en una reunión a puertas cerradas con diplomáticos árabes en Estocolmo en 1996. Efraim Karsh lo citaampliamente en su libro Arafat's War: The Man and His Battle for Israeli Conquest
 
“Nosotros, de la OLP, concentraremos ahora todos nuestros esfuerzos por dividir psicológicamente a Israel en dos campos. Dentro de cinco años vamos a tener de seis a siete millones árabes viviendo en Cisjordania y en Jerusalén. Todos los árabes palestinos serán bienvenidos por nosotros. Si los judíos puede importar todo tipo de etíopes, rusos, ucranianos y Uzbekians como judíos, entonces nosotros podemos importar todas las clases de árabes. Tenemos la intención de eliminar el Estado de Israel y establecer un Estado puramente palestino. Vamos a hacer la vida insoportable para los judíos a través de la guerra psicológica y la explosión demográfica; los judíos no va a querer vivir entre nosotros los árabes. No tengo ningún uso para los judíos, que son y siguen siendo judíos. Ahora necesitamos toda la ayuda que podamos obtener de usted en nuestra lucha por una Palestina unida bajo la dominación árabe-musulmana total”.
 
 
 
Declaración Balfour, 1917 –de Lord Balfour, Secretario de Relaciones Exteriores británico:
“Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.

El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un Hogar Nacional para el Pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país'”.
Mandato de Palestina, Documento de la Sociedad de Nacionies de 1922:
“Artículo2: El Mandato será responsable de colocar al país bajo tales condiciones políticas y económicas que garanticen el establecimiento del Hogar Nacional Judío, como se establece en el preámbulo… […] Artículo 6: La Administración de Palestina, al tiempo que garantizará que los derechos y la posición de otros sectores de la población no se vean perjudicados, facilitará inmigración judía en condiciones adecuadas y fomentarán, en colaboración con la agencia Judía…el estrecho asentamiento de los judíos en la tierra, incluyendo las tierras estatales y las baldías no necesarias para propósitos públicos”.
El analista de CAMERA Eric Rozenman señala que:
“Además, el mandato fue continuado por las Naciones Unidas; el artículo 80 de la carta de las Naciones Unidas, afirmando que ‘nada en [la carta de las Naciones Unidas en lo referente a la administración del territorio del mandato] se interpretará para alterar de alguna manera los derechos de cualesquiera Estados o pueblos o los términos de los instrumentos internacionales existentes'”.
 

Pueblo-Nación
La Enciclopædia Britannica, en su entrada de la palabra “judío”, indica que se trata de “cualquier persona cuya religión sea el judaísmo. En el sentido más amplio del término, judío es cualquier persona que pertenezca al grupo mundial que constituye, a través de la descendencia o conversión, la continuación del antiguo Pueblo judío, que es, él mismo, descendiente de los Hebreos del Antiguo Testamento”.
Según el American-Israeli Cooperative Enterprise, dirigido por Mitchell Bard,:
El judaísmo puede ser pensado simultáneamente como una religión, una cultura y una nacionalidad.

[…]
Este concepto de nación no requiere que una nación tenga un territorio ni un gobierno, sino por el contrario, identifica como una nación a cualquier grupo de personas con un idioma y una cultura comunes. […] Por supuesto, el judaísmo es una religión, y es esta religión que constituye el elemento central de la cultura judía que une a los judíos como una nación”.
En este sentido, el historiador inglés Paul Johnson explica (Historia del Pueblo Judío) que ya en la antigüedad la ceremonia de Pésaj (la Pascua judía) celebraba la fundación de la Nación judía.
Además, Johnson relata en su libro que:
“… los Perushim o Fariseos, ‘aquellos que se separaron', un grupo religioso que repudió al establishment religioso Real, con su Sumo Sacerdote, aristócratas saduceos y el Sanhedrin, y colocaron la observancia religiosa antes que elnacionalismo judío”.
Un sentido de nacionalidad, o nacionalismo (de Nación, en definitiva), que ni siglos y siglos de éxodo y diáspora pudieron mermar. Durante todo este tiempo de exilio forzado, cada año, durante al final del Seder de Pésaj se recitaba (y se recita, en la diáspora):
“El próximo año en Jerusalén”.
 
Judíos rezando en el Kotel (Muro de los Lamentos), por Felix Bonfils, 1870 (Fuente: Wikipedia)
 
 
 
Continuando con el significado de nacionalidad, el filósofo David Miller define nacionalidad de la siguiente manera: una nacionalidad está “constituida por (1) una creencia compartida y un compromiso mutuo, (2) extendidos en la historia, (3) de carácter activo, (4) en conexión con un territorio en particular y (5) diferenciado de otras comunidades por una cultura distinta.
Líderes árabes y académicos, refería Andrea Levin, Directora Ejecutiva de CAMERA, han afirmado la inexistenciade una histórica nación palestina distintiva. Uno de los más famosos es el historiador árabe-americano, y profesor de la Universidad de Princeton, Philip Hitti, que testificó contra la partición ante el comité anglo-americano en 1946. Aseguró:
No existe tal cosa como ‘Palestina' en la historia, absolutamente no… [Es] un pequeño punto en la parte sur de la costa este del mar Mediterráneo, rodeado por una vasta mayoría de tierras del territorio árabe musulmán, comenzando con Marruecos, continuando a través de Túnez, Trípoli y Egipto y descendiendo hasta la propia Arabia, luego ascendiendo a Transjordania, Siria, Líbano e Iraq – un sólido bloque árabe parlante…”. (Efraim Karsh,Palestine Betrayed)
Ahmed Shukeiry, uno de los fundadores de la OLP y su primer presidente, le dijo a la Asamblea General en 1956:
“Es de público conocimiento que Palestina no es otra cosa que Siria del Sur”. (Syrkin)
Andrea Levin señalaba que quizás la declaración más dramática en este sentido es la que realizó el académico y fundador del partido árabe israelí Balad (Nación en árabe y también es un acrónimo en hebreo para la Asamblea Nacional Democrática. Un partido de izquierda, anti-sionista que promueve el nacionalismo árabe) Azmi Bishara en una entrevista televisada en 2009:
“Bueno,no creo que exista una nación palestina en absoluto. Creo que existe una nación árabe, siempre pensé así y no he cambiado de idea. No creo que haya una nación palestina, creo que es una invención colonial… ¿Cuándo hubo algún palestino? ¿De dónde vinieron? …Palestina era la parte Sur de la Gran Siria”.
Es más, David Suissa aseveraba en marzo de 2013 que “es un hecho, y no una mera opinión queel movimiento árabe palestino surgió sólo después de que los árabes perdieron la Guerra de los Seis Días” e Israel se hizo con el control de Cisjordania y Gaza.
Levin apuntaba, también, que:
“El extremista muftí de Jerusalén se opuso originalmente al Mandato de Palestina sobre la base de que separaba Palestina de Siria; y enfatizó que no existía ninguna diferencia entre los árabes sirios y los palestinos en cuanto a sus características nacionales o costumbres. Aún en mayo de 1947, los representantes árabes le recordaron a la ONU en una declaración formal que ‘Palestina era… parte de la Provincia de SiriaPolíticamente, los árabes palestinos no eran independientes en el sentido de formar una entidad política separada…'” (ThePalestinians People, History, Politics;edited byCurtis,Neyer, Waxman and Pollack; 1975, p. 200)
 
Negativas y descontextualizaciones
La negativa árabe y palestina a la condición israelí a ser reconocidos como Estado judío en un futuro acuerdo de paz ha estado en las páginas de los periódicos y en el espacio televisivo y radial de prácticamente todos los medios de comunicación en español.
Ya el 11 de marzo de 2014, el diario venezolano El Universal indicaba que:
“El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu advirtió este martes que no aceptará un acuerdo de paz con los palestinos sin que estos reconozcan a Israel como ‘Estado judío' y renuncien ‘al derecho al retorno' de los refugiados.

‘No presentaré un acuerdo [a los israelíes] que no prevea la abolición del derecho al retorno y no incluya unreconocimiento por parte de los palestinos del Estado del pueblo judío', afirmó Netanyahu, cuyas declaraciones en una reunión del grupo parlamentario del Likud, su partido, fueron difundidas por la radio pública, señaló AFP.

‘Son condiciones básicas justas y vitales desde el punto de vista de Israel', subrayó el primer ministro.
[…]
Los palestinos rechazan categóricamente reconocer a Israel como Estado del pueblo judío, alegando que ya reconocieron al Estado de Israel en 1993 y que eso equivaldría a renunciar sin contrapartida al "derecho al retorno" de los refugiados, así como a su propia historia [véase Manipulación de la Historia]”.
La agencia EFE, por su parte, informaba el 26 de marzo de 2014:
“Los jefes de Estado árabes expresaron hoy su rechazo a reconocer a Israel como Estado judío en su cumbre anual celebrada en Kuwait…
Según la resolución final de la reunión, la llamada Declaración de Kuwait, el rechazo a las demandas israelíes de reconocer Israel como Estado judío es ‘absoluto y definitivo'.
Este asunto es uno de los escollos en las actuales conversaciones de paz entre palestinos e israelíes, auspiciadas por Estados Unidos, que en ocho meses han logrado escasos avances”.

El mismo día, el Nuevo Herald, de Estados Unidos, reproducía un artículo de Associated Press que decía:
“Líderes árabes dijeron el miércoles que nunca reconocerán a Israel como un Estado judío, y culparon a esa nación de la falta de avance en el proceso de paz de Medio Oriente.
[…]

Netanyahu cree que no puede haber paz con los palestinos sin un reconocimiento a Israel como tierra de origen del pueblo judío. Los palestinos se oponen a esto, diciendo que atenta contra los derechos de los refugiados palestinos desplazados de lo que es ahora Israel, así como los de la enorme minoría árabe de Israel”.
Antes que nada, una aclaración: el “escollo” no es la exigencia israelí a ser reconocido como Estado del Pueblo judío; sino la negativa árabe a reconcer el derecho de este último.

Los medios, en su gran mayoría, han olvidado por completo el contexto, convirtiéndose en meros repetidores: los refugiados palestinos (aquellos que fueron desplazados por el conflicto; no sus descendientes – esa la definición ad hoc de refugiados que hace la UNRWA), no tienen ningún derecho a “retornar” a Israel.
La realidad es bien otra en lo referente a los “refugiados palestinos”. Así lo explicaba Sahar Habash, uno de los consejeros de Arafat:
El ‘derecho de retorno' es el billete de lotería ganadora para liquidar a Israel”.
En lo que concierne a la minoría árabe en Israel – y al supuesto “atentado contra los derechos de las minorías árabes” -, el periodista Khaled Abu Toameh indicaba que, de hecho, “las renovadas conversaciones sobre intercambios de tierras entre Israel y un futuro Estado Palestina ha dejado a muchos árabes israelíes preocupados [con la posibilidad] de perder su estatus como ciudadanos de Israel”.
Y comentaba, también, que según una encuesta del Profesor Sammy Smooha, de la Universidad de Haifa, tres cuartos de los árabes israelíes creen que los representantes árabes deberían hacer frente a los asuntos cotidianos y no al conflicto palestino-israelí.
Sí, los árabes tienen partidos políticos y representantes en el Parlamento israelí, además de jueces en la Corte Suprema, profesores universitarios y un largo etcétera de cargos.
¿Cuántos parlamentarios judíos hay en el parlamento palestino, jordano o Saudí? ¿Cuántos cristianos ocupan bancas en el parlamento Egipcio? ¿Cuántos jueces cristianos hay en la Corte Suprema argelina?
Esta “preocupación” (en realidad, una excusa, un mero recurso retórico que, ni es sincero ni se condice con la realidad) es ilustrativa de las intenciones del liderazgo palestino:
Dice que un Estado Judío “atentaría contra los derechos de la minoría árabe” a la vez que el artículo 2 del borrador de Constitución palestina de 2003 (revisado el 21/02/2014) estipula:
Palestina es parte de Patria Árabe. El Estado de Palestina se rige por la carta de la Liga de Estados árabes. El pueblo palestino es parte de las naciones islámica árabe…”.
Y el artículo 7 decreta que:
Los principios de la Sharia islámica son una fuente principal de legislación. Los seguidores de las religiones monoteístas tendrán su estatuto particular y sus asuntos religiosos organizados según sus sharías y las confesiones religiosas en el marco de la ley [positiva], preservando la unidad e independencia del pueblo palestino”.
La religión como fuente legislativa, y los creyentes de otras religiones con “un estatuto particular”… siempre y cuando se “preserve la unidad e independencia del pueblo palestino”, que es parte de las naciones islámica y árabe”.
¿Cómo es que no “atenta contra los derechos de minorías” en un futuro Estado palestino esta definición? Una definición que, por otra parte, se exige que Israel reconozca – al reconocer al derecho a la auto-determinación del pueblo palestino.
Es esta es una pregunta que ningún periodista ha osado o querido formular.
Yendo incluso más allá en el razonamiento de esta interrogación: ¿Acaso el futuro Estado palestino calcula, de antemano, que contará con una uniformidad étnica? Es decir, ¿no aceptarán a las minorías?
Por otra parte, la Carta de la OLP (de la cual Fatah – facción liderada por Mahomud Abbas, que gobierna en la Autoridad Palestina - es miembro, así como PFLP, DFLP y el Partido del Pueblo Palestino, entre otros) dice su primer y segundo artículos:
Palestina es la patria del pueblo árabe palestino; es una parte indivisible de la patria árabe, y el pueblo palestinoes una parte integral de la nación árabe.
Palestina, con las fronteras que tenía durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible”.
En este caso, lo aclaran sin problemas. Aunque, incluyen en esta definición de “fronteras” a Jordania, que formaba parte del denominación geográfica Palestina?
En el artículo 21 afirma que:
“El pueblo árabe palestino, que se expresa a través de la revolución palestina armadarechaza todas las soluciones que son sustitutos de la liberación total de Palestina y rechaza todas las propuestas encaminadas a la liquidación del problema palestino…”.
Un documento del Consejo de Derechos Humanos de la ONU del 8 de marzo de 2011 señalaba que:
“A pesar de repetidas garantías para su modificación, la Carta Nacional Palestina no ha cambiado - pidiendo la eliminación de Israel por cualquier medio militar-.
Y apuntaba que la Sexta Conferencia General de Fatah (2009) dejó la Carta de la OLP sin cambios desde 1968”.
¿Se va comprendiendo la necesidad de reconocer a Israel como Estado Judío (en tanto derecho de auto-determinación del Pueblo judío) como una condición sine qua non para firmar cualquier acuerdo de paz?
En tanto, la introducción de la carta de Fatah finaliza diciendo:
“Larga vida a Palestina, libre y árabe”.
De hecho, en su artículo 7 establece:
“A) El ingreso en el movimiento es el derecho de cada palestino y árabe que posea los requerimientos necesarios…”.
Por su parte, la Carta Fundacional de Hamas - que en su preámbulo afirma que “Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros” -, en su artículo 11 avisa:
“El Movimiento de Resistencia Islámica considera que la tierra de Palestina es un Waqf islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Ni a ella, ni ninguna parte de ella… se puede renunciar… Esta es la ley que rige para la tierra de Palestina en la sharía (ley) islámica, e igualmente para todo territorio que los musulmanes hayan conquistado  por la fuerza, porque en los tiempos de las conquistas (islámicas) los musulmanes consagraron aquellos territorios a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio… Todo procedimiento que contradiga la sharía islámica, en lo que concierne a Palestina, es nulo y sin valor”.
Lo que, al parecer, se ha aceptado como “norma”, es que Israel debe reconocer el derecho a la auto-determinación palestino, es decir, al Estado-nación del pueblo palestino; pero el recorrido inverso es imposible porque los líderes palestinos (y árabes) pretenden para sí lo que hoy es Israel y eso no es óbice para no firmar un acuerdo de “paz”.
El “reconocimiento” de Israel del que hablan los líderes palestinos es la mera constatación de un hecho innegable de la realidad. Pero ese “reconocimiento” no anula las demandas a futuro de los líderes palestinos. De hecho, según el diario The Times of Israel (22/03/2014), Abbas se negó incluso a comprometerse a una cláusula de “finalización del conflicto” en cualquier acuerdo, lo que representaría la terminación de nuevas demandas palestinas a Israel.
Los líderes palestinos no quiere reconocer el derecho a la auto-determinación del Pueblo judío, la soberanía – a cuyo reconocimiento, precisamente, llama la resolución 242 - de la Nación judía. Lo que reclaman para sí, lo niegan para la otra parte. Y los medios, con su silencio, contribuyen a crear o aumentar la imagen de Israel como “obstáculo” para la paz, como “causante” del conflicto.
¿O será que la fórmula dos Estados para dos Pueblos significa, en realidad, un Estado para el pueblo árabe palestino, y un estado vecino transitorio, que eventualmente habría de ser convertido en un Estado para el pueblo árabe palestino? El “plan de fases” mencionado apuntaba en esta dirección, precisamente.
Como sea, el periodismo reproduce y mira para otro lado, como si los hechos ocurrieran en el vacío, en una realidad que comienza y termina en el suceso mismo, sin relación con el pasado, sin relación con otros hechos.
Tampoco genera extrañeza en los medios de comunicación que los estados – y el liderazgo palestino -, que se definen y que son reconocidos como árabes y musulmanes, es decir, como parte de una Nación, de un Pueblo, rechacen reconocer al único Estado Judío (en su sentido más amplio: como hogar del Pueblo y Nación judíos).
Al parecer, la extrañeza está reservada para un único país…
¿Cómo se atreve Israel a exigir ser reconocido como Estado soberano de un Pueblo, de una Nación?
 
Estados árabes y musulmanes
La Ley Básica de Gobierno de Arabia Saudí dice:
“Artículo 1: El Reino de Arabia Saudí es un Estado Islámico soberano. Su religión es el Islam. Su constitución es el Libro de Dios Todopoderoso, el Sagrado Corán, la Sunna del Profeta…”.
Un país donde, por ejemplo, el culto público de cualquier religión diferente al Islam está prohibido. Human Rights Watch señalaba:
“‘Las autoridades saudíes han roto sus promesas de respetar otras religiones', […]. ‘Hombres y mujeres de otras religiones tienen nada para adorar en Arabia Saudita si ni siquiera sus hogares privados ya no son seguras'”.
Por su parte, la Constitución de Jordania – que aunque se dice árabe, se niega a integrar a los “refugiados palestinos”, también árabes - establece:
“Artículo 1: El Reino Hachemita de Jordania es un Estado árabe soberano e independiente… El pueblo de Jordania forma parte de la Nación árabe
Artículo 2: El Islam es la religión del estado…”.
Además, y según indica James Emanuel (Discriminatory Nationality Laws in Jordan and Their Effect on Mixed Refugee Families), la lista de precios de las Tasas de la Regulación de Permisos de Trabajo refleja una preferencia por los trabajadores árabes, exigiéndoles pagar tasas más bajas que las de las contrapartes no-árabes.
En el caso de Siria, en la introducción de su Constitución declara que:
“La República Árabe Siria está orgullosa de su identidad árabe y del hecho de su pueblo sea una parte integral de la Nación árabe”.
En tanto que, en el artículo 3, dispone:
“La religión del Presidente de la República es el Islam; la jurisprudencia islámica será la fuente principal de legislación…”.
Entonces, ¿no puede haber presidentes laicos, cristianos, coptos, judíos, budistas, etcétera?
Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos disponen en su Constitución que:
“Artículo 6: La Unión es parte de la Gran Nación árabea la que está unida por lazos de religión, lengua, historia y destino común. Los ciudadanos de la Unión son un pueblo, y una parte de la Nación Árabe.
Artículo 7: El islam es la religión de la Unión. La Sharía islámica será la fuente principal de legislación de la Unión…”.
En la misma región, la Constitución de Catar estipula:
“Artículo 1: Catar es un estado árabe soberano e independiente. Su religión es el islam y la sharía será una fuente primordial en su legislación… El pueblo de Catar es parte de la Nación árabe”.
También Kuwait es, según indica su Constitución, un “Estado árabe independiente y soberano”, y su gente forma parte de la “Nación árabe”. Lo mismo que Bahrein.
La Carta Magna de Omán, casi una reiteración de todas las anteriores, dice, en su primer artículo:
“El Sultanato de Omán es un estado árabe independiente, islámico y totalmente soberano…”.
Igualmente la carta de Yemen determina que “ el Pueblo yemení es parte de la Nación árabe y del mundo islámico”.
Mientras que la Constitución de Egipto indica:
“Artículo 1: La República Árabe de Egipto es un estado con un sistema democrático, basado en la ciudadanía, y el Islam es la religión del estado…”.
También en el norte de África, la Constitución argelina dice en su preámbulo que sus valores y los componentes fundamentales de su identidad, son el Islam, la “arabidad”, “siendo parte de la Tierra del Islam, una parte integral del Gran Maghreb, una tierra árabe”.
 
 
 
Y, ¿cómo se sentirán las minorías judía, musulmana o protestante en Argentina, un país que, según el artículo 2º de suConstitución declara que “el Gobierno federal sostiene el culto católico,apostólico, romano”.
 
¿Debe el país americano modificar su Constitución para no “atentar contra los derechos” de sus minorías religiosas? ¿Debe el mundo escandalizarse?
 
 
 
Acaso, las cuotas de indignación y escándalo se reserven para el instante en que un país, un Estado en concreto, pretenda que se reconozcan sus derechos tal y como son reconocidos el de los otros países.
Quizás la lógica sea un lujo innecesario cuando la crónica a redactar incluye, como actor, a Israel.
Un razonamiento que dice que Israel debe realizar todo lo que ningún país en su sano juicio haría, lo que ningún país le exigiría a otro – excepto, claro está, en este caso -: por ejemplo, liberar terroristas y asesinos de civiles convictos como “gesto de buena voluntad”; renunciar a que en un acuerdo de paz se reconozca su identidad y su soberanía como Pueblo y como Nación. En definitiva, actuar como el agresor derrotado en una guerra, justamente lo contrario de lo que dicen los hechos, de lo que relata la Historia: el conflicto es consecuencia de la agresión árabe.
El Dr. en Ciencias Políticas Avi Beker apuntaba:
El representante del Alto Comité Árabe, Jamal Husseini le manifestó al Consejo de Seguridad de la ONU, el 16 de abril de1948: ‘El representante de la Agencia Judía nos dijo ayer que ellos no eran los atacantes, que los árabes habían iniciado los enfrentamientos. No negamos esto. Le dijimos a todo el mundo que pelearíamos'”.
Y en otro pasaje de su artículo, señalaba:
“El día que Israel declaró su independencia, el secretario general de la Liga Árabe, Abdul Rahman Azzam Pasha declaró una guerra santa. Dijo: ‘Esta será una guerra de exterminio y una masacre trascendental...'”.
 

RECONOCIMIENTO



Fuente: The Jerusalem Post- Traducido por Marcela Lubczanski especialmente para el blog de OSA Filial Cordoba
26/3/14

Ahora es oficial – nuevamente. La Liga Arabe corono su cumbre de dos dias en Kuwait con la siguiente declaracion: “Expresamos nuestro rechazo total al llamado a considerar a Israel como un estado judio.” Esta fue esencialmente una repeticion del segundo de los “tres no” publicados en la cumbre de la Liga Arabe de 1967 en Khartoum.
El Presidente Mahmoud Abbas de la Autoridad Palestina ahora tiene todo el respaldo que necesita para continuar rechazando la demanda israeli de reconocer al Estado de Israel como la patria del pueblo judio. Abbas se ha opuesto constantemente a tal reconocimiento, presentandolo como una condicion israeli para la paz completamente nueva y nunca antes mencionada.
Sin embargo, el hecho es que definir a Israel como un “estado judio,” aunque no sea por ninguna otra razon que diferenciarlo de un estado arabe o palestino y asegurar que al menos un pais en el mundo es puesto a un lado para el pueblo judio, se remonta a la concepcion misma de Israel. El rechazo palestino a este termino resulta ser apenas tan viejo. El plan de particion de 1947 de las Naciones Unidas, el cual rechazaron las naciones arabes y los palestinos, y el cual la mayoria de las naciones del mundo tanto como el liderazgo judio en Palestina afirmaron, pedia por la creacion de “estados arabe y judio.”
Treinta años antes de la particion, la Declaracion Balfour en 1917 establecio el compromiso de Inglaterra con el “establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judio." El mandato para tal proposito, creado en 1922 por la Liga de Naciones, dividio el territorio original de Palestina para incluir un hogar nacional para el pueblo judio, bajo control britanico, y creo a Transjordania bajo el control de la familia Hachemita.
Alla por el año 2009, el jefe negociador de los palestinos, Saeb Erekat, trato de revisar la historia produciendo una copia de una carta firmada por el presidente americano Harry S. Truman el 14 de mayo de 1948. En su forma original, reconoce al gobierno provisional del nuevo estado judio. Pero las palabras tipeadas "estado judio" en el segundo parrafo fueron tachadas y escritas a mano "Estado de Israel."
Erekat no menciono, sin embargo, que fue el asesor de Truman, Clark M. Clifford, quien hizo la correccion, no para negar su caracter judio, sino mas bien para llamar al pais por su nombre oficial.
En los ultimos años, el reconocimiento de Israel como un estado judio ha sido constantemente una demanda de los esfuerzos diplomaticos israelies en la Derecha y en la Izquierda. El Acuerdo de Ginebra del 2003, impulsado por figuras centrales en la Izquierda israeli, afirmo "el reconocimiento del derecho del pueblo judio al estado y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino al estado, sin perjuicio de los derechos iguales de los ciudadanos de las respectivas partes."
Una de las 14 reservas israelies adjuntas al Mapa de Ruta americano del 2003 fue en "el acuerdo final, deben ser hechas referencias declaradas al derecho de Israel a existir como un estado judio."
De los documentos de Palestina, una masiva cantidad de documentos filtrados publicados por Al Jazeera (tambien conocidos como “Palileaks”) que registran una decada de negociaciones entre israelies y palestinos, surgio que la entonces ministro del exterior Tzipi Livni (y actual negociadora principal israeli) planteo el tema del reconocimiento palestino de Israel como un "estado judio" en el año 2007.
Por lo tanto, es deshonesto que Abbas y otros lideres palestinos afirmen que la demanda israeli de reconocimiento palestino de Israel como un "estado judio" es nueva.
En cualquier caso, la cuestion del reconocimiento palestino se ha vuelto un obstaculo. De hecho, el disenso sobre este unico tema podria resultar en la desaparicion del proceso de paz entero.
A lo largo de su corta historia, gobiernos israelies consecutivos han comprendido la importancia de recibir reconocimiento palestino como una parte integral de resolver el conflicto entre dos movimientos nacionales con aspiraciones distintas a la auto-determinacion, que estan compitiendo por la misma tajada de tierra.
Sin embargo, con un poco de buena voluntad en ambas partes, podria haber un camino a seguir. Khalil Shikaki, director del Centro Palestino para Encuestas e Investigacion Politica y un experto lider en opiniones palestinas, dice que una mayoria de los palestinos estarian dispuestos a apoyar el concepto de Israel como un "estado judio" bajo condicion que su "Judeidad" sea definida estrechamente como un estado al que le es garantizada una mayoria judia, una definicion que muchos israelies estarian dispuestos a firmar tambien.
Los palestinos darian su apoyo en tanto no perciban la demanda israeli de reconocimiento como un intento por anular la narrativa palestina enfatizando los propios vinculos unicos del pueblo palestino con la tierra.
La pregunta sigue siendo si la Liga Arabe y el liderazgo de la AP estarian dispuestos a declarar su reconocimiento de Israel como un estado con el derecho de mantener una mayoria judia.
Si lo estan, tal vez el actual punto muerto en las negociaciones pueda ser superado. Si no, sugiere que su intencion nefasta es perpetuar la lucha contra un estado judio dentro de cualquier frontera.

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Más que antisemitismo

Los estudios demoscópicos muestran un aumento de la animadversión hacia los judíos en Europa, incluida España, donde su presencia es escasaLos estudios demoscópicos muestran un aumento de la animadversión hacia los judíos en Europa, incluida España, donde su presencia es escasa
El prestigioso historiador Theodor Mommsen fue requerido en los años ochenta del siglo XIX para sumarse a la lucha contra los prejuicios, actitudes y prácticas antijudías que se abrían paso en su país, Alemania. Un compatriota, Wilhelm Marr, acababa de fundar la Liga Antisemita, incorporando de paso el término "antisemitismo" al vocabulario mundial. Mommsen respondió a la solicitud en los siguientes términos: "Se equivocan si creen que se puede lograr algo mediante la razón... Los antisemitas sólo prestan oídos a su odio y a su envidia, a sus instintos más ruines... [El antisemitismo] es una epidemia terrible, como la del cólera: no es posible explicarla ni curarla. Hay que esperar pacientemente hasta que su veneno se consuma y pierda su virulencia".
El odio a los judíos era (y es) una disposición ancestral, alimentada por una Iglesia que veía en ellos al pueblo deicida. La envidia era (y sigue siendo) un sentimiento que cotizaba al alza en las sociedades donde los judíos gozaban de una presencia numérica significativa. Por ejemplo: en 1886-87 el porcentaje de judios sobre el total de universitarios en Prusia era del 10%, siendo el 1% de la población general. Eran muchos, y eran mejores estudiantes: iniciaban los estudios a edad más temprana y los terminaban antes que sus compañeros cristianos. En Berlín, Praga, Viena, Budapest u Odessa el resquemor que despertaban los judíos crecía al unísono con su ascenso social.
Entendiendo el antisemitismo como la hostilidad hacia los judíos por el hecho de serlo, más de un siglo después de la réplica de Mommsen las sociedades europeas distan de haber dado con su antídoto. Los estudios demoscópicos que de forma periódica encargan diferentes organizaciones (internacionales y españolas) hablan de un aumento de la animadversión hacia ellos. Así, la última encuesta hecha pública por la Liga Antidifamación en 2012 requería la opinión de la ciudadanía de diez países europeos sobre cuatro estereotipos aplicados a los judíos: 1) "Son más leales a Israel que a este país"; 2) "Tienen demasiado poder en el mundo de los negocios"; 3) "Tienen demasiado poder en los mercados financieros internacionales", y; 4) "Hablan demasiado sobre lo que les ocurrió en el Holocausto".
Un 63% de los húngaros entrevistados contestaron al menos a tres de esas cuestiones con un "probablemente cierto", seguidos por un 53% de los españoles y un 48% de los polacos. En el extremo opuesto figuraban holandeses (10%), noruegos (16%), británicos (17%), alemanes (21%) y franceses (24%). Puede que en efecto los españoles sean más antisemitas y que en ellos pese más que en otros lugares la imagen de Israel y de su política en Oriente Medio, o puede que entre nosotros esté más diluido el tabú declarativo sobre expresiones antisemitas. En los países europeos que nos sirven de referencia en cuestión de derechos humanos y libertades ese tipo de manifestaciones despiertan escándalo en la opinión pública e, incluso, están tipificadas como delito en sus códigos penales. En España no. Un botón de muestra, síntoma de una dolencia mayor: en 2007 el Tribunal Constitucional estimó que incorporar en el Código Penal el negacionismo del genocidio perpetrado por los nazis, tal y como habían acordado los partidos por unanimidad en el Congreso, chocaba con la libertad de expresión. ¿Expresión de tolerancia? De indulgencia, más bien.
El caso español es paradójico. Una sociedad sin presencia significativa de judíos desde que fueran expulsados por los Reyes Católicos en 1492 (su población se calcula hoy en unas 40.000 personas, o menos de uno de cada mil habitantes) pero con más de la mitad de su población portando prejuicios contra ellos delata lo arraigado del antisemitismo; también la inmensa tarea pedagógica que sociedad y autoridades tenemos por delante a la hora de combatir su reproducción. La recomendación de Mommsen de espera paciente hasta que los prejuicios se difuminen por sí solos ha resultado estéril.
Los antisemitas siguen acoplando el molde del "judío eterno" y del "peligro judío" al judío realmente existente. Dibujan al "judío" como poderoso, influyente y remando en la misma dirección que otros judíos en aras de intereses inconfesables y opacos por el mero hecho de serlo. Al meterlos a todos en el mismo saco omiten una constatación sociológica fundamental: que el judaísmo (igual que cualquier otra comunidad étnica, religiosa o nacional) está atravesado por la pluralidad de intereses y valores de sus integrantes. En su seno hay ricos, pero también pobres; de izquierdas y de derechas; ultranacionalistas y ateos en cuestiones patrias. Laminar de un plumazo su diversidad es una caricatura fruto de una mentalidad simplista que prefiere creer en los mitos judeófobos transmitidos de generación en generación antes que reparar en la realidad intrínsecamente plural de los grupos humanos.
Pero, ¿por qué habríamos de preocuparnos de la difusión del antisemitismo en nuestro tejido social, siendo la población judía en España tan exigua? En primer lugar por preservar los derechos individuales de sus integrantes, pero no sólo. La mentalidad prejuiciosa siempre tiene las maletas prestas para viajar de un grupo social a otro. Desde esta estructura mental, donde se establece la concatenación judío-poderoso es más fácil que germine otra que, ahora, afecte a musulmanes, rumanos o hispanos. Donde dice "poderoso" póngase "pobre", "vago" o "terrorista". Cambian los objetos de la estigmatización, también los adjetivos que se adscriben a cada grupo, en general inmigrantes de países más pobres, pero al final siempre perdura el esquema dicotómico de un "nosotros" frente a un "ellos" fuente de toda suerte de amenazas.
Jesus Casquete es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la UPV/EHU e investigador del Centrode Estudios sobre Antisemitismo (Berlín).

ACTUALIDAD

“Hay que dividir la casa entre judíos y palestinos”

Amos Oz obtuvo en el 2007 el Premio Príncipe de AsturiasAmos Oz obtuvo en el 2007 el Premio Príncipe de Asturias
Amos Oz es indudablemente el escritor israelí de mayor renombre mundial, con varios de sus casi 30 libros traducidos a más de 40 idiomas. Oz ha escrito, además, numerosos ensayos y artículos periodísticos. El fruto de su pluma ha sido publicado en 35 países, entre ellos algunos del mundo árabe.
Este escritor es conocido por ser uno de los intelectuales israelíes que están de acuerdo con la defensa de una solución pacífica del conflicto con los palestinos, algo que incluye la creación de un Estado palestino independiente, en el marco de la fórmula “dos Estados para dos pueblos”.
Gracias por recibirnos en su casa. Desde diferentes partes del mundo se buscan sus palabras.
Creo que la palabra escrita aún tiene impacto en el mundo, en los corazones y las mentes de la gente. Sueño a menudo con libros que he leído y veo en esto una señal del significado de la escritura. Si logra penetrar tan profundo, considero que, de alguna forma, tiene una presencia también en el mundo real.
Usted no pudo viajar, pero Israel fue recientemente el invitado de honor a la Feria del Libro de Guadalajara (México). ¿Le parece algo para destacar?
Creo que es maravilloso. Personalmente considero que lo que ha ocurrido con la literatura israelí en el último siglo es un milagro. El idioma hebreo estuvo durante 17 siglos tan muerto como el griego antiguo o el latín. Se lo usaba para escribir, para intercambios teológicos, en los ritos religiosos, pero no en la vida diaria. Revivió como idioma hablado hace solamente 120 años aproximadamente. Este renacimiento de un idioma hablado constituye uno de los grandes milagros literarios de todos los tiempos.
¿Considera que hay un mensaje que puede ser transmitido por la literatura israelí? Es tan variada, tan heterogénea…
No, no me parece que la literatura transmita ‘un’ mensaje, sino numerosos mensajes. Tenemos muchos escritores significativos, pero no creo que ninguno de ellos esté pasando su mensaje personal.
¿Siente usted que puede haber un vínculo especial entre la literatura hebrea y la escrita en español?
Creo que hay cierta medida de cercanía entre todos los pueblos del Mediterráneo. En la cultura judía e israelí hay genes españoles. También creo que en la cultura española hay genes judíos. Y esos genes comunes llevan a cierta cercanía. Yo leo literatura española y latinoamericana traducida al hebreo o al inglés. Y hallo a menudo cierto tipo de energía, de ritmo, de una enorme curiosidad acerca de los detalles de la vida y de sensualidad, que es común al parecer a nuestra cultura y la cultura latina, española. En la cultura española hallé facetas que sentí cercanas a mi corazón y al parecer también al corazón del lector israelí, ya que a mucha gente aquí le gusta la literatura latinoamericana y española y a muchos en España y América Latina les gusta nuestra literatura.
¿Cuál es el secreto de este ‘milagro’ de la literatura hebrea en el último siglo? Y no me refiero solo a lo prolífico de la creación literaria en Israel, sino también a la gran repercusión que tiene en el exterior...
Los judíos israelíes llegaron aquí provenientes de 136 países. A ellos debemos agregar los árabes israelíes, por lo cual tenemos 137 voces de fondo. Cada uno trae consigo relaciones, a veces muy ambivalentes y a veces sumamente complejas, con el mundo del cual viene, el mundo de sus padres o de sus abuelos. Esta impresionante variedad de fuentes, trasfondos, lugares de origen, enriquece la vida israelí y la literatura israelí.
Pero numerosos escritores –y en usted esto es muy evidente- escriben sobre temas de la vida en Israel. Así es su libro más reciente, ‘Entre amigos’: cortas historias de vida de miembros de un kibutz imaginario...
Así es. Toda la literatura que me gusta es provincial y a veces hasta regional. En la literatura hay algo maravilloso. Cuanto más regional y provincial, puede ser más internacional. Casi todos los escritores que me gusta leer escriben sobre un lugar pequeño… que también puede ser una gran ciudad, porque uno suele escribir sobre un barrio, sobre una calle, sobre el mundo que se halla entre la farmacia en una punta de la cuadra y el almacén en la otra punta... La literatura siempre se ocupa de un microcosmos local… No solo yo lo hago. Todos los escritores que me gustan hacen lo mismo.
Uno de sus libros más famosos ha sido ‘Una historia de amor y oscuridad’, su historia personal, la de su familia. El hogar al que uno puede o no querer, como usted ya ha dicho, es una fuente central de inspiración, ¿verdad?
Si me pregunta, en una palabra, sobre qué he escrito 28 libros, le diría: “familias”. Si me da dos palabras, “familias infelices”. Si me pide en tres, ya es mejor leer los libros.
¿Por qué sobre familias infelices?
Sobre gente feliz no es necesario escribir. Acerca de un puente bien construido sobre un río, de un lado a otro, sin problemas, sobre el que todos los días cruzan 50.000 personas y 30.000 automóviles, no hay algo que escribir más que “bravo” al arquitecto y los constructores. Solamente el puente que se cae es una historia. Y yo escribo sobre puentes que caen.
¿Se pregunta a veces qué encontraron en sus cuentos, tan israelíes, quienes los leen con entusiasmo en idiomas tan distintos del suyo, de culturas tan diferentes y lugares lejanos?
¿Y qué es lo que encuentro yo en un escritor ruso del siglo XIX como Chejov? ¿Qué encuentro en un escritor estadounidense del sur profundo como Faulkner? ¿Qué encuentro en un escritor tan regional como García Márquez? Son todos escritores de pequeños lugares. Creo que toda literatura, cuanto más local es, más probabilidades hay de que se convierta en algo universal.
Cuando se habla de su éxito como escritor, ¿considera que parte de la explicación pasa por el magnetismo especial de Israel, por lo que irradia, y quizás también de sus problemas?
Yo hallo que hay una distancia muy grande entre el Israel de los diarios y los medios y el Israel que yo conozco. Yo casi no escribo, por ejemplo, sobre israelíes y palestinos. Lo hago, sí, en mis ensayos, pero no en mis cuentos. No he estado nunca en la alcoba de un palestino, así que no puedo entonces escribir un cuento sobre palestinos.
¿Cómo es entonces el Israel que usted ve?
En CNN veo un Israel en el que el 80 por ciento son fanáticos religiosos y colonos, otro 19 por ciento, soldados sin corazón en los puestos de control carreteros en los territorios ocupados, y un 1 por ciento, intelectuales maravillosos, como yo, que critican al Gobierno y quieren la paz. No hay relación alguna entre ese Israel de los medios y el Israel que yo conozco. Más del 70 por ciento de los israelíes son seculares, hedonistas, materialistas, hablan mucho, gente cálida que vive en su mayoría sobre la planicie costera, no en los asentamientos ni en Jerusalén, que se empujan, trabajan duro, engañan al fisco… Algo muy parecido a otros pueblos del Mediterráneo. Entre eso y el Israel que aparece en los medios no hay relación alguna.
Tras tantos años de escribir, por más que usted lo haga ante todo porque le gusta hacerlo, ¿el reconocimiento internacional juega algún papel? ¿Sirve de motor en la vida?
No, cuando escribo no pienso en los lectores, sino en los personajes y en el libro. Cuando termino de escribir un libro y lo leo me asusto y me pregunto si habrá alguien que lo entienda. Por ejemplo, cuando terminé de escribir Historias de amor y oscuridad estaba seguro de que lo entenderían solamente en Jerusalén, de que en Tel Aviv nadie lo entendería. Y de que en Jerusalén lo entenderían únicamente aquellos que vivían o habían vivido en mi barrio, cierto tipo de gente. No pensé que el libro llegaría a millones de lectores en 30 idiomas. Estaba seguro de que había escrito para la gente de mi barrio y de mi generación. Pero no se puede saber.
Creo que uno de los muchos aspectos interesantes del libro es que usted –que es considerado uno de los exponentes más claros de lo que suele presentarse como ‘campo de la paz’, la izquierda que llama a una solución de dos Estados para dos pueblos, crítico de la política del Gobierno– no plantea las cosas en términos de blanco y negro. ¿Es así?
Si usted está de hecho preguntándose si soy propalestino, pues le diré que no. Yo soy propaz. Creo que el conflicto entre los israelíes y los palestinos es una tragedia. Los palestinos no tienen otra tierra que no sea esta y nosotros no tenemos otra tierra que no sea esta. Ellos dicen que es su tierra y tienen razón. Nosotros decimos que es nuestra tierra y tenemos razón. El choque entre dos justicias es trágico. Puede terminar en un término medio o en una catástrofe. Un término medio no es justo. Siempre es algo injusto. Un término medio nunca es ideal ni hace feliz a nadie. Pero yo siempre creí y sigo creyendo que los palestinos deben tener todo lo que nosotros tenemos: un Estado independiente, un gobierno independiente, con capital en Jerusalén, igual que nosotros. Creo en una solución de dos Estados que viven uno junto al otro, quizás no con gran amor de por medio, pero sí con buena vecindad.
¿No es demasiado tarde para lograr la paz?
No. No hay nada en el mundo que sea irreversible, salvo la muerte. No es tarde para una solución política, ya que de hecho no hay ninguna alternativa. Los palestinos no pueden irse porque no tienen a dónde ir. Los judíos israelíes tampoco puede ir a otro lado porque no tienen a dónde ir. No pueden convertirse en una gran familia feliz porque no son ni una familia ni son felices. Son dos familias infelices. Hay que dividir la casa en dos departamentos más pequeños. Esa es la solución. No hay otra solución. ¿Cuánto tiempo llevará? No lo sé, no soy profeta. Pero estoy convencido de que no hay otra solución.
Jana Beris
Corresponsal de EL TIEMPO

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España encabeza las encuestas de antijudaísmo

Excepción en España. Manifestaciones a favor de IsraelExcepción en España. Manifestaciones a favor de Israel
"Se nos pregunta con frecuencia por qué se odia tanto y durante tanto tiempo a los judíos. La pregunta hay que hacerla a quienes nos odian, no a los odiados". Esta reflexión de Isaac Querub Caro, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), abrió el primer debate del Seminario sobre Antisemitismo que se cierra esta noche en la sede de la Fundación Caja Navarra, en el centro de Madrid. Fuera, intencionadamente bien visibles, han aparcado todo el día tres furgones de la Policía Nacional. Varios agentes conversan con despreocupación, pero han sido enviados allí para proteger a los convocados (un centenar de personas), tras aparecer de madrugada varias pintadas en rojo tachando estrellas de David (símbolo del judaísmo) y frases del tipo "Sionismo es terrorismo".
La reacción de los organizadores del seminario no se hizo esperar. "Hechos como éste evidencian cómo en ocasiones Israel y el conflicto de Oriente Próximo sirven de pretexto para ataques antijudíos. Estos incidentes, junto con la intención de erradicar prejuicios y estereotipos antisemitas aún presentes en la sociedad española, explican la necesidad de celebrar debates orientados a profundizar en un problema muchas veces negado en nuestro país", dicen en un comunicado. "En España los insultos, las pintadas y los lemas contra los judíos
se consideran como algo normal, cuando lo cierto es que refleja un antisemitismo subyacente que es invisible. Aquí casi no hay judíos, pero los estereotipos negativos están muy presentes y son síntoma de una patología social", dijo el profesor de Sociología de la Universidad de Múnich, Alejandro Baer.
"Afortunadamente son casi todo pintadas o comentarios ofensivos en los medios de comunicación en Internet. Es de agradecer que no haya ataques personales", comentó la coordinadora del Observatorio de Antisemitismo, Carolina Aisen. Solo en esta semana, el Observatorio ha contabilizado cinco casos de comentarios antisemitas en programas de televisión como tertulias e incluso series de ficción.
El jurista y escritor Jorge Trías Sagnier, que participó en el debate "La lucha penal contra el antisemitismo y los delitos de odio", expresó con contundencia la repugnancia que le causó la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 12 de abril, que revocó la condena contra cuatro nazis por considerar que frases como que "los judíos son destructores, que son los que promueven las guerras, que los alemanes se equivocaron al no quemarlos a todos, o que son una raza pestilente y peligrosa, no suponen un peligro potencial dada la irrelevancia del grupo que las avala, y que, por tanto, no pueden tener reproche penal". Trias Sagnier añadió que algunos de los magistrados que dictaron "esa bárbara sentencia son los mismos que persiguen a Baltasar Garzón". "Hubo un voto particular, lleno de dignidad, del magistrado Martínez Arrieta", matizó.
España es un caso peculiar en cuestiones de antisemitismo. Los judíos representan apenas el 0,1% de la población; los niveles de antisemitismo según estudios sociológicos son de los más altos de Europa, y, sin embargo, la mayoría de los dirigentes políticos y los medios de comunicación consideran que no existe prejuicio antijudío. Querub Caro ironiza, con gravedad: "Por tanto, en España se daría un antisemitismo sin casi judíos y sin antisemitas".
Las encuestas son testarudas. Un 52% de los escolares no querría tener como compañero de pupitre a un chico judío, a pesar de que no podrían distinguirlo por el aspecto, y el 58% de los adultos piensa que los judíos tienen demasiado poder y son todos ricos. Quizás parezcan un tópico estas citas sociológicas, pero son persistentes. El antisemitismo permanece en el tuétano de los españoles, como explicó, a veces con sorna, el escritor Jon Juaristi en uno de los debates de la jornada -sobre "El antijudaísmo en la cultura hispana: España y América Latina"-, coordinado por Jacobo Israel, escritor y ex presidente de la comunidad judía española.
El recuento de Juaristi sobre los estereotipos y las modalidades de la judeofobia fue apabullante, hasta concluir en la palabra "judiada", tan campante todavía -aunque ya matizada- en el Diccionario de la Lengua Española (primera acepción: "Acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos"). Durante los cuarenta años del franquismo, los judíos fueron tachados como el pueblo que mató al fundador cristiano (Jesús, otro judío); en las Iglesias católicas se rezaba en cada misa por la conversión o el castigo de los "pérfidos judíos" hasta que el Concilio Vaticano II acabó en 1965 con esa costumbre, y el dictador murió en 1975 con la letanía en cada uno de sus discursos sobre la conspiración del "contubernio judeo-masónico", el principal enemigo nacional (en los primeros años de la dictadura, ese contubernio fue judeo-bolchevique).
Se suele relacionar la persistencia del antisemitismo con la existencia el Estado de Israel y con muy polémicas actuaciones de su Gobierno. "Mentira. El odio a los judíos está en la historia mucho antes de la existencia de Israel", replica con pasión Arnoldo Liberman. Este psicoanalista argentino inició su discurso con lo que llamó "un chiste cruel", contado por Ernesto Sábato en casa del poeta Félix Grande. Un viejo judío recorre con su maleta el andén de una estación de tren. El viejo no para de preguntar. "¿Usted odia a los judíos?" Le contestan todos: "De n ninguna manera, señor. La pegunta ofende". Por fin, uno le dice que sí. "Sí, yo odio a los judíos". El viejo: "¡Por fin, una persona honesta. Por favor, me cuida la maleta mientras acudo al baño".
Liberman cerró su discurso de manera sombría, con un reto en nombre de "un pueblo que reivindica su sufrimiento hasta el final". En su memoria, el holocausto, Hitler, aquello que "sucedió" mucho antes de la creación del Estado de Israel. He aquí su desafiante definición de lo judío, hoy: "El pueblo que entraba por una puerta y salía por la chimenea".
El seminario organizado por la FCJE se suma a los esfuerzos de organismos europeos para hablar de un fenómeno que ni mucho menos está erradicado. "El objetivo es revertir la invisibilidad y la negación del problema del antisemitismo en España, en esta cuarta edición centrándonos en tres aspectos: cultural, jurídico y educativo", afirmó Querub Caro.
El sociólogo de la Universidad de Puerto Rico, Luis Pérez Martínez, señaló que "el terreno fértil del antisemitismo es la ignorancia" y lamentó que allí donde no intervienen voces informadas, el
antisemitismo se convierte en "la forma legítima de hablar sobre los judíos". Concluyó: "El antisemitismo es un discurso occidental que se ha diseminado por el mundo y que incluso aparece de manera recurrente en países donde no existen comunidades judías".
Entre otros ponentes, han hablado en este seminario Alon Bar, embajador de Israel en España: Álvaro Albacete, embajador de España para las Comunidades Judías y Director de Sefarad-Israel; José Manuel López, director de la Fundación Pluralismo y Convivencia; Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia; Patricia Amardeil, educadora el Liceo Francés, y Justo Lacunza Balda, rector emérito del Instituto Pontificio de estudios Árabes e Islámicos.