Un asesino con boina
Por Clifford Krauss, Revisión del libro "El Chacal" de Joby Warrick Scribner.
25 de Agosto 2026
El 21 de diciembre de 1975, seis terroristas irrumpieron en una reunión en Viena de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Ellos asesinaron a dos guardias de seguridad y a un economista libio llamado Yusuf al-Azmarly. Los terroristas eran liderados por Ilich Ramírez Sánchez, también conocido como Carlos el Chacal, quien se paseaba de un lado al otro de los 62 rehenes mientras contaba historias, respondía preguntas y portaba una metralleta.
Joby Warrick narra la escena en “El Chacal: El Ascenso y Caída de Carlos, el Primer Súper-Terrorista del Mundo.” El ostentoso Ramírez obligó a uno de los rehenes, el ministro de petróleo saudí Ahmed Zaki Yamani, a entrar a una oficina lateral. Yamani pensó que estaba a punto de ser ejecutado, pero en su lugar Ramírez trató de ganarse su simpatía. “Yamani sintió que su ira subía,” escribe el Sr. Warrick. "El estudió el rostro que tenía frente a él, esta audaz y obviamente talentoso hombre de veintiséis años con la capacidad asombrosa de ser feroz y encantador a la vez.”
Yamani y los otros rehenes fueron finalmente liberados después que las autoridades austríacas aceptaron transmitir un manifiesto denunciando al Estado de Israel. Ramírez se aseguró un gran pago de rescate, pero la muerte de al-Azmarly parece haber agriado la relación del terrorista con el dictador de Libia, Moammar Gadhafi.
El Sr. Warrick, un periodista de largo tiempo en el Washington Post y autor de "Banderas Negras: El Ascenso del ISIS” (2015), recuerda la vida de un marxista extravagante cuyas hazañas cautivaron y aterrorizaron a Europa y al Medio Oriente en las décadas de 1970 y 1980, Todavía encarcelado en Francia tras ser capturado en 1994, Ramírez ha desaparecido del recuerdo colectivo. Su campaña de tomas de rehenes y asesinatos en el nombre de la liberación palestina y mundial ha sido eclipsada por los actos de al Qaeda, ISIS, Hamas y Hezbola. El Sr. Warrick retoma la figura del forajido, fortaleciendo la historia con cables desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), declaraciones policiales y su propia entrevista con Ramírez.
Ramírez fue un pionero atípico del radicalismo palestino. El nació en 1949 en un pueblo pequeño en Venezuela.
Su padre marxista lo nombró Ilich por Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido como Vladimir Lenin. El chico era un líder de una pandilla en la escuela secundaria en Caracas y miembro de un grupo juvenil comunista venezolano proscripto. Su padre arregló que asista a la Universidad Lumumba de Moscú con una beca. El fue expulsado por la actuación académica relajada y por ser problemático, pero conoció a un compañero de clases de Jerusalén que lo convirtió a la causa de la liberación palestina.
Como un sudamericano de clase media-alta con un gusto por las boinas, camperas de cuero, sexo y fiestas, Ramírez, a quien pronto se le dio el apodo de “Carlos,” no encajaba del todo en el Frente Popular para la Liberación de Palestina. A pesar de su hedonismo, la audacia de Ramírez y su inclinación a la violencia lo ayudaron a ascender en las filas del grupo. Después que el Rey Hussein de Jordania derrotara los esfuerzos palestinos por capturar su país en 1970-71, Ramírez recogió nombres de potenciales objetivos de asesinato judíos en Londres y ayudó a planear la ocupación en 1974 de la embajada francesa en Países Bajos con militantes del Ejército Rojo Japonés. A principios de 1975, algunos meses antes del sitio de la OPEP en Viena, él lideró un par de ataques fallidos contra una aeronave de El Al en el Aeropuerto Orly de París.
El Sr. Warrick reconsidera la importancia histórica de Ramírez, llamándolo "el primero de una generación de superterroristas internacionales.” Siempre consciente de los medios, Ramírez creó un esquema para la globalización y el marketing del terror. El también ofreció un modelo para el apoyo mutuo entre los terroristas y patrocinadores estatales del terrorismo tales como Gadhafi de Libia, Nicolae Ceaușescu de Rumania, y Saddam Hussein de Irak.
La política personal de Ramírez sería suplantada por la criminalidad cruda; empezando como un revolucionario, terminó como un mercenario independiente ávido de dinero. Su objetivo original era traer a Sudamérica las habilidades que aprendió de los terroristas palestinos, pero las oportunidades financieras eran mejores fuera del hemisferio occidental. A principios de la década de 1980, él orquestó múltiples bombardeos en las calles y trenes y estaciones de ferrocarril europeas, dejando decenas de muertos y heridos. Un ataque tuvo la intención de asesinar a Jacques Chirac, por entonces el alcalde de París.
Bajo presión occidental, los servicios de seguridad alemán oriental y húngaro lo echaron de Europa Oriental, y recurrió a Siria en busca de refugio. Ramírez finalmente aterrizó en Jartúm, Sudán, en 1993. Haciéndose pasar por un rico empresario, vivió lujosamente y tomaba mucho, violando la ley islámica con impunidad. Era una triste figura sin rumbo, una reliquia prácticamente sola hasta que fue capturado por la CIA y la inteligencia francesa. El régimen sudanés, ansioso por escapar a su aislamiento internacional, lo traicionó.
Los planes de Ramírez, como enfatiza el Sr. Warrick, eran demasiado dispersos y desorganizados como para forzar un cambio político serio. Pero sus tácticas asimétricas contra las fuerzas militares muy superiores establecieron un ejemplo para el terrorismo moderno. La ideología marxista que él ensalzó en la causa de la revolución palestina se ha marchitado, pero su rechazo a cualquier compromiso con Israel para establecer dos estados en paz sigue siendo un principio inquebrantable de las fuerzas radicales.
En su libro de 1951, “El Rebelde,” Albert Camus escribió que “todo revolucionario termina como un opresor o un hereje.” El Sr. Warrick usa el párrafo como un epígrafe para su biografía fascinante. Cuando el autor entrevistó a Ramírez en la cárcel en el 2025, encontró a un hombre no arrepentido que retenía su sed de violencia. “Maté a 83 personas con mis propias manos,” se jactó Ramírez sin que se le preguntara. “Otras mil fueron asesinadas bajo mis órdenes.” El Sr. Warrick se pregunta si éste fue un alarde vacío: “Sus ojos, todavía oscuros y vibrantes en su octava década, no revelaban nada." Al final, el ya desaparecido poder de matar fue todo lo que le quedó a este narcisista egocéntrico y criminal.
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