Durante el siglo V a. C., el trirreme fue el «arma definitiva» del Mediterráneo. Se trataba de una nave extremadamente rápida y ágil, con tres filas de remos superpuestas y un espolón de bronce en la proa diseñado para embestir y partir los barcos enemigos. Fueron los trirremes atenienses los que derrotaron a la enorme flota persa en la famosa batalla de Salamina.
Sin embargo, durante siglos, historiadores e ingenieros modernos han debatido si las descripciones de los historiadores antiguos (como Tucídides) eran veraces o una exageración descabellada. Los expertos argumentaban que resultaba físicamente imposible acomodar a 170 remeros en tres niveles dentro de una nave tan estrecha sin que los remos se enredaran entre sí o el barco volcara. Lamentablemente, dado que estas naves se construían con madera ligera, no se hundían hasta el fondo, sino que flotaban hasta pudrirse; por ello, no ha sobrevivido ningún trirreme antiguo que permita confirmar tales detalles.
En 1985, el arquitecto naval británico John Coates y el historiador John Morrison decidieron zanjar el debate. Pusieron en marcha un ambicioso proyecto, financiado por la Armada griega y donantes particulares, para construir una réplica exacta a escala real de un trirreme ateniense clásico, basándose en hallazgos arqueológicos y textos antiguos.
La nave se construyó en Grecia utilizando madera de abeto de Douglas y roble, con una quilla (la estructura vertebral del barco) de madera dura de iroko.
En la proa se instaló una réplica exacta de un espolón de bronce de 200 kilogramos.
Contaba con 170 remos, dispuestos con precisión en tres niveles (62 en el superior, 54 en el intermedio y 54 en el inferior).
El barco fue botado en 1987 y recibió el nombre de «Olympias». La Armada griega decidió otorgarle el estatus oficial de buque en servicio activo, convirtiéndose en el único caso en el mundo de una nave antigua integrada en una flota moderna.
La gran prueba de navegación: resultados que asombraron a los investigadores
La nave se sometió a una serie de pruebas en alta mar, tripulada por un equipo de 170 remeros voluntarios (principalmente estudiantes y aficionados a la historia, sin experiencia profesional en el remo). Los resultados fueron asombrosos y demostraron que los antiguos griegos tenían toda la razón:
La tripulación, sin entrenamiento previo, logró alcanzar una velocidad de 9 nudos (unos 17 km/h), tal como describían las fuentes históricas.
El barco fue capaz de realizar un giro de 180 grados en menos de un minuto y en un radio no superior a dos veces y media su propia eslora.
El experimento reveló las duras condiciones de hacinamiento y calor que se vivían en su interior, lo que explicaba por qué los atenienses contrataban a remeros profesionales en lugar de utilizar esclavos: se requería una sincronización perfecta y una disciplina absoluta para evitar que los remos chocaran entre sí.
Hoy en día, el *Olympias* funciona como un museo vivo de la Armada griega. Se encuentra anclado en el puerto de Palaio Faliro, cerca de Atenas.
En 2004, tuvo el gran honor de transportar por mar la antorcha olímpica original con motivo de los Juegos Olímpicos de Atenas. De vez en cuando, la Armada griega lo pone en marcha para eventos especiales y, en ocasiones, permite que ciudadanos y voluntarios se inscriban, tomen un remo y se sientan como auténticos soldados de la flota de Temístocles de hace 2.500 años.

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