Hace 129 años, en Basilea, Suiza Teodoro Herzl reunió a delegados judíos de distintos lugares del mundo con el objetivo de transformar el anhelo milenario de retorno a Sion en un proyecto político concreto.
Herzl lo expresó en sus propias palabras:
“En Basilea fundé el Estado Judío. Si dijera eso en voz alta hoy, me encontraría con la risa universal. Tal vez en cinco años, al menos en cincuenta, todos lo verán.”
Lo que entonces parecía una visión improbable se convirtió, cinco décadas después, en una realidad.

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