Tres latidos. Una sola placenta. Unas probabilidades de supervivencia prácticamente nulas.
La joven pareja esperaba trillizas idénticas que compartían la misma placenta: un embarazo extremadamente raro que se da en apenas uno de cada 100.000 casos.
A las 25 semanas, el síndrome de transfusión feto-fetal puso en peligro la vida de las tres bebés.
En el Hospital Beilinson, el Dr. Yuval Gielchinsky, la Dra. Kinneret Tenenbaum y su equipo llevaron a cabo un complejo procedimiento intrauterino de tres horas y media para restablecer el equilibrio del flujo sanguíneo y permitir que el embarazo siguiera adelante.
Entonces llegó el momento que todos esperaban.
Tres niñas. Tres nacimientos. Tres vidas salvadas.

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