El ayatola Ali Khameni reunido con una organización de veteranos de la guerra entre Irak e Irán en diciembre del 2025 (leader.ir)
Es viernes 6 de febrero y esto ya se ha convertido en un guion escrito con antelación: cada vez que EE.UU. se mueve para atacar a una dictadura meso-oriental, es precedido por una espera que crispa los nervios, seguida por contactos diplomáticos febriles—y por sobre todo, el dictador local se niega a entender la seriedad de esta situación hasta que es demasiado tarde.
Abbas Araghchi no será el primer ministro del exterior en volar urgentemente para reunirse con los estadounidenses en un intento por prevenir la guerra. Antes que él estuvo el ministro del exterior iraquí, Tariq Aziz, en un intento inútil con su homólogo James Baker. Saddam Hussein prometió tanto al Presidente George H. W. Bush como al Presidente George W. Bush que Estados Unidos descubriría el infierno en Irak, que sus fuerzas morirían allí en manadas, y que su país se mantendría firme. Aziz terminó su vida en una prisión de Bagdad; Saddam fue a la horca.
Los iraníes no son más flexibles, ni menos fanáticos, y están cargados con los mismos problemas que sus odiados predecesores iraquíes. Su casi última esperanza de prevenir la acción radica en los estados suníes del Medio Oriente. Catar, Turquía, Egipto y Arabia Saudita advierten públicamente que un ataque estadounidense podría escalar hacia una guerra regional. En la práctica, un experto en Medio Oriente me dijo esta semana, que lo que realmente les preocupa es el resultado casi inevitable de eliminar al régimen de los ayatolas: la hegemonía israelí en el Medio Oriente.
Uno no necesita creer las fantasías del presidente turco Recep Erdoğan acerca de los intentos israelíes de conquistar el Monte Ararat, ni comprar las teorías conspirativas antisemitas acerca de un plan secreto del gobierno de Netanyahu para restaurar los días del Reino de David, para entender la presión. Nadim Koteich, un prominente periodista en el mundo árabe y un duro crítico de Irán, escribió la semana pasada: “Sin importar sus visiones políticas, el siguiente hecho no puede ser negado: Israel está emergiendo de la era posterior al 7 de octubre con dominio militar y de inteligencia sin precedentes. Sus operaciones desmantelaron sistemáticamente a los satélites iraníes, remodeló la arquitectura de seguridad de Líbano y Siria, y demostró capacidades de ataque inigualables por parte de cualquier otro actor en la región. Su reconocimiento de Somalilandia y la expansión hacia el Mar Rojo señalan ambiciones más generales que las tradicionales. Para Arabia Saudita, la cual no puede normalizar relaciones con Israel sin algún acuerdo israelí-palestino, esto crea una realidad incómoda: la potencia militar más fuerte en la región no está sujeta a alguna influencia de Riad."
Durante años, la amenaza iraní preocupó al Medio Oriente, pero también comprometió a Israel y la mayoría de sus recursos con la lucha contra Teherán y sus satélites. Ahora, la caparazón iraní se encuentra en el medio de la sala. Para la mayoría del Medio Oriente, es conveniente que permanezca allí—sin un certificado de muerte y sin un Medio Oriente nuevo y más israelí.
El Primer Ministro Benjamin Netanyahu convocando al Gabinete de Seguridad en diciembre del 2025. (PMO)
Mientras los estadounidenses están peinando todavía millones de páginas de los expedientes Epstein, Benjamin Netanyahu ha dado a conocer un expediente mucho más reducido sobre una controversia diferente y más consecuencial. El documento de 55 páginas publicado anoche detalla las fallas que precedieron al 7 de octubre.
Entonces ustedes no tienen que leerlo, yo les daré el resumen: Netanyahu es culpable—y así lo son todos los demás.
El documento es una copia de la respuesta de Netanyahu a las preguntas presentadas por la investigación ahora detenida del controller estatal sobre el desastre. La Suprema Corte congeló la investigación del controller en diciembre, fallando que sólo una comisión de investigación estatal—nombrada y dirigida por la propia corte—podría investigar apropiadamente los eventos que llevaron al 7 de octubre. Pero parece que Netanyahu encontró un uso para el testimonio.
¿Entonces qué revelan realmente los documentos?
Aparte de algunas citas asombrosas en retrospectiva—no mucho.
Confirman lo que ya se suponía: ni una sola persona tiene la culpa. Todos la tienen.
Citas como el director de inteligencia militar afirmando que Hamas es el “más disuadido” de los enemigos de Israel, y el jefe del Shin Bet estimando que las posibiidades de un ataque eran “bajas” y que Israel no debería “arriesgarse a un error de cálculo” montando una respuesta amplia una hora antes del ataque del 7 de octubre, son difíciles de leer sabiendo lo que sabemos ahora—pero no cambian la verdad fundamental:
La conceptzia—la presunción generalizada dentro del estamento de seguridad de Israel que Hamas fue disuadido y se contentaba con gobernar su feudo territorista en Gaza—fue un proyecto grupal.
En Israel, como en el resto del mundo, el éxito tiene muchos padres, mientras que el fracaso es un huérfano. Nadie quiere estar conectado con el legado de la conceptzia. Pero las citas de los jefes del ejército, servicios de inteligencia, y agencias de seguridad muestran que todos ellos tuvieron una parte en ello.
Por supuesto, esta serie de citas es recopilada desde la perspectiva de Netanyahu—seleccionada selectivamente para evadir la responsabilidad. Faltando conspicuamente de los documentos están sus propias declaraciones reforzando la conceptzia, las que sabemos que existieron. Lamentablemente, su defensa colapsa bajo su propio peso: aunque el documento muestra su apoyo por los ataques selectivos, en ninguna parte hay prueba que él desafiara fundamentalmente la presunción prevaleciente.
Eso plantea la pregunta: si él hubiese sido despertado en la mañana del 7 de octubre, ¿qué habría hecho? Si él hubiese actuado, ¿habría desaparecido el peligro—o hubiera esperado meramente por la siguiente oportunidad?
En resúmen: los documentos dejan algo en claro. En los últimos 10 años, nadie—incluido Netanyahu—propuso conquistar Gaza y eliminar a Hamas. Eso no lo hace ni mejor ni peor que todos los otros.
El multimillonario palestino Bashar al-Masri mostrando su desarrollo Ciudad Rawabi en Gaza en el 2014 (Facebook)
La municipalidad de Jerusalén ha detenido un desarrollo hotelero debido a vínculos con un presunto partidario de Hamas. La decisión llegó después que la municipalidad aceptara una declaración de culpabilidad el miércoles presentada por parte de familias en duelo.
¿Quién es este presunto partidario de Hamas?
Nada menos que el multimillonario palestino estadounidense Bashar al-Masri—consejero secreto del ex enviado para rehenes de la administración Trump, Adam Boehler.
Al-Masri está siendo actualmente demandado en EE.UU. por 200 familias de las víctimas del 7 de octubre que acusan que él proporcionó financiación a Hamas y permitió que el grupo use sus instalaciones en Gaza—incluido un hotel frente a la playa y una zona industrial cerca de la frontera israelí.
La evidencia no parece muy buena. Se encontró que sus propiedades contenían túneles de Hamas, una base de comando naval de Hamas, y, de acuerdo con la declaración sobre el hotel, "otros activos estratégicos que Hamas utilizó para masacrar a nuestros hijos y matar a nuestros soldados."
El hotel de lujo estaba planificado para Jerusalén Oriental, enfrente de la Ciudad Vieja. El proyecto ha sido pausado en espera de la finalización de una "revisión minuciosa."
Tengo que concordar con los padres: hasta que su inocencia sea demostrada, preferiría no proporcionar a las Brigadas Al-Aqsa de Hamas alojamientos de lujo enfrente del Monte del Templo.
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