Irán es demasiado débil como para hacer la paz
Los ataques estadounidenses e israelíes decapitaron tan exitosamente al liderazgo que nadie tiene autoridad para negociar.
Por John Bolton
Julio 12, 2026
El memorando de entendimiento entre EE.UU. e Irán y su cese del fuego resultó efectivamente muerto al llegar. Donald Trump y sus principales colaboradores ahora admiten su deceso, pero el acuerdo nunca fue viable, irónicament, porque la campaña militar estadounidense-israelí fue muy exitosa. Teherán no tiene un gobierno en algún sentido coherente. En asuntos de seguridad nacional, no tiene ningún tomador de decisiones autorizado o proceso que produzca decisiones de gobierno vinculantes. En Irán, la respuesta a la notoria pregunta de Robert Dahl, “¿Quién gobierna?,” es: No sabemos, y tampoco lo saben los iraníes.
Los ataques diezmaron los niveles de gobierno más altos de Irán. El liderazgo civil está en ruinas. Incluso el mando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica sobre sus componentes es incierto, debido en parte a la estrategia defensiva de largo tiempo de Irán de descentralizar la autoridad, que ejecutó al inicio de la guerra. Entre los clérigos y sus familias oligarcas, hay discordia respecto a lo que sigue después de la eliminación del Líder Supremo Ali Khamenei.
Lo que existe en lugar de un gobierno son “jefes de autoridad” con varios tipos de influencia y vulnerabilidad. Ellos compiten por el poder, pero ninguno puede dominar constantemente, hoy o en el futuro cercano. Este desorden explica por qué algunos en Irán están tramando nuevamente asesinar al Sr. Trump, según se informa, mientras que otros están todavía negociando con sus representantes.
La desintegración gubernamental de Irán tiene enormes implicaciones para como Washington lidia con Teherán. Es precisamente nuestro éxito en destrozar tan eficazmente a su liderazgo y destruir los instrumentos de su poder estatal que excluye al actual "régimen" de funcionar de forma cohesiva. Esta conclusión (o hipótesis, si ustedes lo prefieren) es poco apetecible para los que están determinados a restar importancia al daño causado por nuestros ataques por simpatía hacia Irán o por antipatía hacia Estados Unidos o hacia la administración. Ellos temen admitir la devastación de la autoridad en Irán, con la repercusión consiguiente que el cambio de régimen podría estar cerca. Considerando el comportamiento de Irán, sin embargo, ciertament en cuestiones de seguridad nacional, la desintegración del régimen es la única explicación para sus acciones erráticas posteriores al ataque.
Los funcionarios civiles que dirigen las negociaciones de Irán están entre los actores sobrevivientes más débiles. El Presidente Masoud Pezeshkian es un funcionario, seleccionado de apuro en el 2024 para reemplazar a Ebrahim Raisi, cuyo helicóptero se estrelló en una montaña. Raisi fue otrora un posible sucesor de Khamenei, mientras que el Sr. Pezeshkian era meramente un par de manos seguras. Su posición es tan tenue que se informa que él ha sido atacado físicamente durante el funeral de Khamenei, un extenso ritual de duelo y propaganda antiestadounidense que probablemente fortaleció al CGRI.
El presidente del Parlamento, Mohammad Ghalibaf, es un candidato presidencial repetidamente fallido que dirige un organismo que casi no ha tenido impacto en el gobierno de Irán desde su establecimiento en 1980. El Ministro del Exterior, Abbas Aragchi, dirige un departamento con casi ningún rol en la política local y está entre los últimos en saber lo que está haciendo el CGRI.
El problema es evidente: los negociadores estadounidenses están hablando con gente que no puede cumplir. El 8 de julio, tras llamar "escoria" al equipo de Irán, el Sr. Trump dijo que sus representantes podían seguir hablando si lo deseaban, pero que él no veía ningún valor en ello. Esto podría indicar que nuestros representantes han caído presa de los males mellizos de la equivalencia moral (ver las posiciones discutidas como igualmente justificables) y la ilusión (pensar que sus interlocutores también están buscando una solución justa y razonable). Ni siquiera los diplomáticos moderados de Irán sufren estas debilidades.
Washington también ignoró o malinterpretó el comentario del actual líder supremo Mojtaba Khamenei que si bien permitiría el memorando de entendimiento, se oponía a él "como una cuestión de principios." Su padre a menudo hizo declaraciones similares, diciendo que "no era astuto, sabio u honorable acordar con Washington.” Las administraciones estadounidenses han fallado repetidamente en comprender lo que los iraníes quieren decir cuando llaman "supremo" a su líder. Sin dudas, no podemos saber cuánto tiempo de cualquier día el joven Khamenei está en pleno uso de sus facultades mentales.
Mientras tanto, el CGRI está disparando misiles a las bases y otros objetivos estadounidenses en el Medio Oriente, atacando buques en el golfo y el Estrecho de Ormuz, y tratando de reconstruir el programa nuclear de Irán y a los aliados teroristas como Hamas y Hezbola. Esto no debería sorprender a nadie. Fueron los críticos de los ataques estadounidenses-israelíes los que fueron más fuertes en expresar sus temores que la guerra fortalecería el poder del CGRI. La experiencia del cese del fuego prueba la inutilidad de negociar con autoridades que no pueden cambiar esta realidad. El Sr. Trump tendrá que aceptar la frustración indefinida e incertidumbre o reanudar las operaciones ofensivas a gran escala, no meramente las represalias recíprocas. Volver a imponer las sanciones sobre Irán fue correcto, pero es en el mejor de los casos un arreglo parcial.
Estados Unidos debería dejar de buscar "moderados" que apoyar e "intransigentes" que aislar. En Irán estamos lidiando con civiles cuyos predecesores han persuadido pacientemente a las distintas administraciones estadounidenses para que accedan al proyecto de armas nucleares de Irán. Los que quieren desafiarnos militarmente simplemente ignoran lo que se negocia. Los civiles persuasivos no poseen armas ni controlan el programa nuclear, pero los otros sí. De ahí el caos en el golfo.
Podemos enfrentar esta realidad ahora o tras las elecciones de noviembre. El rumbo correcto es actuar velozmente, reimponer el bloqueo y asfixiar los ingresos petroleros de Irán. La incertidumbre continuda en el golfo podría bien mantener los precios del petróleo elevados antes de noviembre sin importar las negociaciones o ceses del fuego. Si demoramos, la mano de Teherán se hará más fuerte, habiendo ganado más tiempo y miles de millones de dólares en nuevos ingresos. Aun si el presidente pospone el tema hasta después de las elecciones, este sigue siendo el único camino inteligible por delante.
En asuntos internacionales, Irán no tiene gobierno real. Esto es bueno. Nosotros lo causamos, y deberíamos terminarlo. El primer paso es reabrir el Estrecho de Ormuz, por la fuerza si es necesario. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte apoya los ataques estadounidenses contra Irán y predice que los aliados europeos también aceptarían con el tiempo. El siguiente movimiento es del Sr. Trump.
El Sr. Bolton se desempeñó como asesor en seguridad nacional de la Casa Blanca entre los años 2018-19, y es autor de "La Sala Donde Sucedió: Memorias de la Casa Blanca."
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