Las mujeres ya habían encendido las velas de Shabat antes de dejar la casa. Los hombres se saludaban entre sí en la entrada mientras los niños se situaban a lado de los padres y abuelos. Pronto el santuario se llenaba con los sonidos del rezo hebreo, recitado en la cadencia distintiva de los judíos de Bene Israel cuyas familias habían llegado a Karachi desde India occidental.
La sinagoga estaba en el centro de una comunidad judía chica pero floreciente de Karachi. Allí se celebraban bodas, los niños recibían instrucción judía, y las familias se reunían en Shabat y las festividades. Era un lugar de culto, pero también una escuela, una sala de reunión y centro social.
Hoy, la congregación ha desaparecido, la sinagoga ha sido demolida, y la mayoría de los pakistaníes probablemente no estén al tanto que los judíos alguna vez vivieron en su país.
Esa omisión es aún más asombrosa porque los judíos de Karachi no eran forasteros marginales. Ellos servían en el gobierno municipal, trabajaban en comercio y en las profesiones y ayudaron a dar forma a la apariencia física de la ciudad. Su historia es parte de la historia de Pakistán, aun cuando Pakistán ha elegido en gran medida olvidarlo.
La mayoría de los judíos que se asentaron en Karachi pertenecían a los Bene Israel, una antigua comunidad judía india cuyos miembros habían preservado la circuncisión, el Shabat y ciertas prácticas dietarias a pesar de siglos de aislamiento. Bajo el gobierno británico, muchos ingresaron al ejército, servicio civil, comercio y profesiones.
Durante el siglo XIX, Karachi evolucionó rápidamente en uno de los puertos más importantes del subcontinente. Las familias de Bene Israel comenzaron a llegar desde Bombay, India, y zonas cercanas, atraídas por las oportunidades comerciales y la administración colonial en expansión.
Sus números nunca fueron grandes, y los estimados varían considerablemente. El censo británico contó 153 judíos en Sindh en 1881 y 482 dos décadas después, casi todos ellos en Karachi. Algunos relatos sitúan a la comunidad en su apogeo en aproximadamente 2,500 personas, mientras que los recuerdos de antiguos residentes ofrecen cifras más altas.
Sea cual sea el número preciso, la comunidad poseía las instituciones necesarias para sostener una vida judía activa.
Su edificio más importante era la Sinagoga Magain Shalome, erigida en 1893 a través de la generosidad de Solomon David Umerdekar, un agrimensor municipal y líder comunitario. Con su fachada imponente, las salas comunitarias y escuela hebrea, se volvió tanto un hito de Karachi como el centro de la vida judía.
Segula Moses, quien nació en Karachi y luego se mudó a Israel, recordó que las invitaciones a las bodas eran publicadas en la sinagoga y se esperaba que asistiera la comunidad entera. Los judíos de Karachi formaban una comunidad muy unida, pero también estaban bien integrados en la ciudad a su alrededor.
Entre los más prominentes estaba Abraham Reuben, quien sirvió en la Corporación Municipal de Karachi en la década de 1930. Su elección reflejó el grado en el cual los judíos se habían vuelto participantes aceptados en la vida cívica.
Una marca aun más visible fue dejada por Moses Somake, un arquitecto judío nacido en Lahore en 1875. Somake diseñó algunos de los edificios coloniales más asombrosos de Karachi, incluidos la Mansión Mules, la Escuela Secundaria B.V.S. Parsi y la Casa Flagstaff House, la cual fue más tarde asociada a fundador de Pakistán, Muhammad Ali Jinnah.
Los edificios de Somake combinaban influencias europeas y locales y ayudaron a definir el carácter de la ciudad. Muchos todavía están en pie, aunque pocas de las personas que pasan por ellos cada día sepan probablemente que fueron diseñados por un judío.
El declive fue gradual, no inmediato
Ese solo hecho debería dar una pausa a los pakistaníes. La historia judía en su país no está confinada a un cementerio abandonado o a una foto antigua. Está construida en las calles de Karachi.
Los antiguos residentes judíos generalmente recordaban las relaciones cordiales con sus vecinos musulmanes, hindúes, cristianos, y parsis. Los judíos asistían a las escuelas locales, operaban negocios y entraban al servicio civil. La creación de Pakistán en agosto de 1947 no trajo inmediatamente el fin de ese mundo.
Hasta entonces, la India actual y Pakistán habían formado parte de la India colonial británica. Cuando terminó el control inglés, el subcontinente fue particionado en dos estados independientes: la India predominantemente hindú y el Pakistán predominantemente musulmán.
La división gatilló una de las migraciones más grandes y sangrientas en la historia moderna, cuando millones de musulmanes huyeron a Pakistán mientras millones de hindúes y sijs se movían en la dirección opuesta. Vastos números fueron asesinados en la violencia comunitaria o murieron durante la revuelta.
Los judíos de Karachi estaban en gran medida fuera de ese conflicto, y muchos creyeron inicialmente que podrían continuar viviendo como antes. El establecimiento de Israel al año siguiente alteró drásticamente la atmósfera.
Aunque los judíos de Pakistán no tuvieron ningún rol en el conflicto árabe-israelí, se encontraron cada vez más juzgados a la luz de los acontecimientos sucediendo a miles de millas de distancia. Tuvieron lugar manifestaciones contra los judíos, fue atacada la Sinagoga Magain Shalome y las familias que durante mucho tiempo se habían sentido seguras empezaron a reconsiderar su futuro.
El declive de la comunidad fue gradual, no inmediato.
Algunos judíos se mudaron primero a India y luego a Israel. Otros se establecieron en Gran Bretaña, Canadá o Estados Unidos. Un número más chico permaneció en Karachi en las décadas de 1960 y 1970, manteniendo la vida judía lo mejor que pudieron mientras observaban a su comunidad achicarse a su alrededor.
Hacer Aliá requería discreción, porque Pakistán no reconocía a Israel. Las familias partían aparentemente a India, Gran Bretaña u otros destinos antes de continuar al estado judío, viajando a veces a través de Bombay y Teherán. Al hacerlo, dejaban atrás casas, amigos, tumbas familiares y una ciudad a la que su comunidad había ayudado a desarrollar.
Muchos judíos pakistaníes se establecieron finalmente en la ciudad de Ramle en el centro de Israel, donde establecieron una sinagoga llamada Magain Shalome Karachi. El nombre preservó una conexión con la congregación que habían dejado atrás y garantizaba que la Karachi judía no desaparecería por completo. Esa sinagoga sigue sirviendo a los descendientes de la comunidad y mantiene vivo el recuerdo de la congregación original.
Una de las figuras más conmovedoras en los últimos años de la comunidad fue Rachel Joseph.
Nacida en Karachi en 1921, permaneció en la ciudad mucho tiempo después que la mayoría de los otros judíos se habían marchado. A medida que la comunidad menguaba, ella se volvió una de las últimas personas todavía tratando de proteger su propiedad y preservar sus derechos.
En 1988, la Sinagoga Magain Shalome en Karachi fue demolida por las autoridades pakistaníes para dar paso a un desarrollo comercial. Los responsables prometieron supuestamente dar al Fondo Judío una propiedad en reemplazo, incluyendo espacio para una nueva sinagoga y departamentos.
Las promesas no fueron honradas.
Rachel Joseph pasó años litigando el tema en la justicia. Para entonces había escasamente una congregación a la que defender, pero ella se negó a abandonar lo que quedaba del patrimonio de la comunidad.
La sinagoga representaba décadas de vida judía: servicios, estudio, casamientos, celebraciones y los recuerdos de las familias que ya se habían desperdigado a lo largo del planeta. Su destrucción marcó la desaparición del símbolo público más importante de la comunidad.
A fin del 2004, a los 83 años de edad, Rachel finalmente se retiró.
Su partida fue planeada calladamente porque los parientes temían que la publicidad podría impedir que ella se fuera. Con la ayuda de la Agencia Judía, ella viajó primero a Londres y luego abordó un vuelo de El Al a Israel.
De acuerdo con su familia, cuando llegó al Aeropuerto Internacional Ben-Gurion, ella besó el suelo y declaró que había llegado a la Tierra Santa.
El momento cargaba peso inusual. Rachel no era una inmigrante joven llegando para construir un futuro. Ella era una mujer anciana que había visto desaparecer casi el mundo judío entero de su niñez. Su Aliá llevó a la última custodia de ese mundo a Israel.
Ella murió allí dos años después.
Aunque algunos informes describían a Rachel como la última judía de Pakistán, han surgido relatos dispersos y difíciles de verificar de familias que ocultaron los orígenes judíos después de 1948. El ejemplo contemporáneo más visible es Fishel Benkhald.
Hijo de madre judía y padre musulmán, Benkhald luchó durante años para ser registrado oficialmente como judío en sus documentos de identidad pakistaníes.
Los registros del gobierno lo habían identificado como musulmán. Tras una lucha prolongada, las autoridades finalmente reconocieron su identidad judía en sus documentos oficiales; un acontecimientos extraordinario en un país donde la vida judía organizada había desaparecido décadas antes.
Ese reconocimiento no hizo simple la vida.
Benkhald ha descripto ocultar su kipá debajo de una gorra de béisbol y evitando la discusión pública innecesaria de su religión. Pero, él ha trabajado para atraer la atención hacia el pasado judío de Pakistán y preservar lo que queda de él. En el 2022 visitó Israel como parte de una delegación promoviendo el diálogo entre israelíes y musulmanes. El visitó Yad Vashem en Jerusalén, se reunió con funcionarios israelíes y expresó esperanza en que Pakistán un día establezca relaciones diplomáticas con el estado judío.
La profundidad de la amnesia histórica
Esa esperanza enfrenta obstáculos formidables.
Pakistán todavía se niega a reconocer a Israel, y los pasaportes pakistaníes declaran explícitamente que son válidos para todos los países excepto el estado judío. Su oposición no ha estado confinada a la política diplomática. Funcionarios de alto rango pakistaníes han empleado repetidamente discurso incendiario contra Israel y sus líderes.
En enero del 2026, el ministro de defensa pakistaní Khawaja Asif instó públicamente a Estados Unidos y Turquía a "secuestrar" al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Tres meses después, él describió a Israel como "malvada," "una maldición para la humanidad" y "cancerosa", provocando que la Oficina del Primer Ministro de Israel denuncie sus comentarios como un llamado a la aniquilación de Israel.
Los esfuerzos de Benkhald por preservar el recuerdo de los judíos de Pakistán, por lo tanto están en agudo contraste con la posición oficial del país hacia el estado judío.
Sin embargo, a pesar de décadas de descuido y desaparición, todavía pueden encontrarse ecos de esa comunidad olvidada.
En Karachi, los recordatorios más visibles están en los cementerios de la ciudad.
En el cementerio Mewa Shah, lápidas desgastadas por el tiempo llevan inscripciones en hebreo, estrellas de David y los nombres de hombres y mujeres que una vez formaron parte de la vida diaria de la ciudad. Algunas tumbas datan de más de 170 años. Otras se han deteriorado o desaparecido debido al descuido e invasión de terrenos.
Otro ex edificio de una sinagoga, uno más chico en la zona de Ramaswamy, se dijo que sobrevivió en una forma alterada, despojado de su propósito original y difícil de reconocer.
Juntos, estos restos exponen la profundidad de la amnesia histórica de Pakistán.
La historia de los judíos de Karachi también complica la presunción que los judíos y musulmanes en el Sur de Asia estuvieron siempre destinados a vivir en hostilidad. Durante mucha de la existencia de la comunidad, las relaciones comunes fueron generalmente pacíficas. Fue la importación del conflicto árabe-israelí a la vida local lo que convirtió a vecinos de largo tiempo en objetos de sospecha.
Esa historia merece ser reconocida, particularmente en el propio Pakistán.
Preservar un cementerio judío o identificar al arquitecto judío detrás de un edificio prominente no es un respaldo a la política israelí, tampoco requiere tomar posición en el conflicto de Medio Oriente. Es simplemente un acto de honestidad histórica. Pakistán no puede entender totalmente el pasado de Karachi mientras elimina a los judíos que ayudaron a formarlo.
La Sinagoga Magain Shalome ha desaparecido, y la congregación que un vez la llenó con rezos se ha dispersado. Pero la comunidad no ha desaparecido sin un rastro. Sus descendientes viven en Israel y otras partes; su nombre sobrevive en una sinagoga en Ramle; y sus lápidas y edificios continúan dando testimonio de lo que una vez existió.
Durante demasiado tiempo, los judíos de Pakistán han sido tratados como si nunca hubiesen estado allí. Es hora de restaurarlos a la historia que ayudaron a armar.
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