De RCW:
El siguiente conflicto de Medio Oriente se está formando en Siria
Por Lora Karch
EL próximo punto de irritación en el Medio Oriente no es el Estrecho de Ormuz–es la frontera entre Siria e Irak.
Washington está comprensiblemente enfocado en su conflicto con Irán, pero sus consecuencias se están expandiendo rápidamente a los países circundantes. Desde la Guerra contra el Terror, Irak ha evolucionado en un territorio dividido albergando a su propio gobierno estatal, al Gobierno Regional Kurdo (KRG), y al grupo extremista Frente de Movilización Popular (PMF) vinculado a Irán. El régimen islámico de Teherán pasó décadas creando su red Hezbola en Irak, la cual finalmente expandió dentro de Siria como un corredor de abastecimiento para el grupo terrorista en Líbano.
Hoy, Siria está experimentando su propia transformación política tras la derrota de Assad mientras continúa la agitación interna bajo su nuevo presidente, el ex líder de al Qaeda, Ahmed Al Jolani. ¿El problema? La interrupción de la infraestructura terrorista de Irán en Siria dejó detrás un vacío que muchos actores se están apresurando por llenar. Las fronteras conjuntas sirvieron anteriormente como rutas de contrabando, corredores militares, y un camino fiable para los aliados que abarcaba desde Irán a Líbano. La tensión creciente de hoy no tiene que ver simplemente con quien logra gobernar Siria. Tiene que ver con quien controla el orden político, los nuevos corredores, y el territorio que surge después que se asienten las consecuencias—y los que están posicionados para asumir el rol no pueden concordar en lo que sigue.
Con Assad, Irán tenía algo posiblemente más valioso que un arma nuclear—influencia estratégica. El corredor terrestre de Siria proporcionaba un camino de ayuda a Hezbola, el aliado terrorista de Irán en Líbano. La capacidad de mover armas, personal, y recursos adicionales para su red creaba influencia contra su rival vecino Israel, lo que resultó en incontables ataques. Era esencialmente un puente que se extendía desde el Régimen Islámico hasta el Mediterráneo—y el colapso de Assad en diciembre del 2024 cortó velozmente la conexión.
La posición disipada de Irán en Damasco, la muerte de la ruta tradicional de abastecimiento de Hezbola, y el deseo del nuevo gobierno sirio de reconocimiento del Occidente ruegan por una nueva pregunta acerca del futuro de Siria: ¿Quién controlará lo que queda?
Estados Unidos, Israel, Turquía, los kurdos, el gobierno iraquí, y los militantes respaldados por Irán tienen cada uno intereses en competencia. Irán quiere preservar lo que queda de su red regional en Irak e impedir que Siria se convierta en un vecino hostil, mientras que el gobierno interino de Siria está enfocado en asegurar la soberanía y la legitimidad internacional a través de las sociedades diplomáticas. La tensión histórica de Turquía con los kurdos se está transformando lentamente en un acuerdo de reintegración potencial con el Partido Obrero del Kurdistán (PKK), señalando el interés continuado en impedir una presencia kurda autónoma junto a su frontera sureña. Los kurdos reclaman un estado soberano, mientras que el líder del KRG, Masrour Barzani, confirmó públicamente la falta de interés de los kurdos en involucrarse. El Ministro del Exterior de Irak hace poco se reunió con el Presidente Trump para confirmar la posición del estado contra el PMF y discutir el desarme del PMF. Los intereses primordiales de Estados Unidos en la región, afines a los de Israel, todavía son contrarrestar la influencia iraní, a sus aliados terroristas y la capacidad de crear armas nucleares.
En resúmen, la debilitada red de Irán está colisionando con el orden emergente de Siria luego de Assad. Por un lado: Siria, Estados Unidos, Turquía, y las fuerzas kurdas. Por el otro lado: El PMF—y apoyándolo, Irán. La configuración recuerda una división histórica entre suníes y chiíes, pero la falta de un final de juego en común hace más peligrosa la situación.
Esto deja al Presidente Trump con una espada de doble filo. Si elige desconectarse completamente, él corre el riesgo que Irán y sus aliados reclamen el espacio. Por el otro lado, elegir el involucramiento militar activo corre el riesgo de arrojar a Estados Unidos dentro de otra guerra meso-oriental eterna—algo contra lo que Trump hizo campaña.
Estados Unidos no debería buscar controlar la nueva Siria, pero tampoco puede permitirse ignorar el vacío regiona dejado atrás por Assad e Irán. Las elecciones de Washington formarán inevitablemente como se verá el Medio Oriente una vez que se asiente el polvo. El reto no es simplemente decidir si quedarse o irse, se trata de hallar una manera de impedir que el vacío sea llenado por actores hostiles sin asumir la responsabilidad por el dilema entero.
El próximo conflicto será acerca de quien controle lo que sigue después de Irán, y comenzará en una frontera que nadie está observando.
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