miércoles, 9 de septiembre de 2026

 **Tras un diagnóstico experto de una rara enfermedad neurológica, una mujer de 41 años despierta después de permanecer más de dos meses en coma**

«Gracias por salvarme la vida», dice Ariella Hirschel, de 41 años, madre de siete hijos, rodeada de los médicos que la trataron.
Solo unas semanas antes, Ariella se encontraba en un coma profundo inducido médicamente en la Unidad de Cuidados Intensivos Neurológicos del Centro Cerebral Helmsley del Centro Médico Shaare Zedek, en Jerusalén. Allí, el equipo médico trabajaba para estabilizar su estado después de diagnosticarle el raro síndrome FIRES.
FIRES (*Febrile Infection-Related Epilepsy Syndrome*, por sus siglas en inglés) es un síndrome epiléptico que aparece después de una infección acompañada de fiebre.
«Es una enfermedad tan rara que ni siquiera existen suficientes datos médicos para determinar con qué frecuencia ocurre realmente», explica el Dr. Stefan Mausbach, director de la Unidad de Cuidados Intensivos Neurológicos, al describir la incidencia del FIRES.
La enfermedad se manifiesta con una aparición repentina de convulsiones graves que evolucionan hacia un **estado epiléptico prolongado y resistente al tratamiento**, que no responde a los medicamentos convencionales utilizados para controlar la epilepsia.
El Dr. Mausbach es un experto de renombre mundial en este campo y, en los últimos años, la Unidad de Cuidados Intensivos Neurológicos del Shaare Zedek ha tratado a varios pacientes con FIRES procedentes de distintas partes del mundo.
«En cuanto vi a Ariella, entendí que estábamos ante un caso de FIRES, y que lo más urgente era proteger su cerebro.
El tratamiento inmediato consiste en inducir un coma profundo para detener las convulsiones frecuentes, que pueden provocar daños cerebrales graves e irreversibles. Para mantener la anestesia profunda, el equipo utilizó **isoflurano durante aproximadamente un mes**», explica el Dr. Mausbach.
Esto es poco habitual, ya que esta sustancia generalmente se utiliza durante periodos cortos como anestesia durante una cirugía o para breves periodos de sedación en cuidados intensivos.
Posteriormente, el equipo comenzó un tratamiento biológico e inmunológico y realizó una monitorización continua mediante **EEG (electroencefalograma)**.
Al mismo tiempo, un equipo de neurocirujanos dirigido por el Dr. Gustavo Rejs implantó a Ariella un **estimulador del nervio vago**, que ayudó considerablemente a reducir la frecuencia y la gravedad de sus convulsiones.
«El extenso tratamiento multidisciplinario, que reunió a equipos de muchas especialidades diferentes, permitió una mejoría gradual del estado de Ariella, hasta que, después de más de 80 días, pudimos despertarla del coma de forma segura», añade el Dr. Mausbach.
Ariella, residente de Jerusalén que emigró de Estados Unidos hace 19 años, se encuentra actualmente realizando una rehabilitación intensiva y mejora cada día.
La historia de Ariella comenzó poco después de que su familia regresara de unas vacaciones de Pésaj en Estados Unidos. Cuando empezó a sentirse mal y su familia notó que estaba cada vez más confundida, fue trasladada al Centro Médico Shaare Zedek por **Magen David Adom**, el servicio nacional de emergencias médicas de Israel.
Aunque inicialmente la familia sospechó que sufría deshidratación, poco después de llegar al hospital Ariella comenzó a experimentar una serie de convulsiones.
Su esposo, Yosef, recuerda:
«Fue muy aterrador. Las convulsiones se hicieron cada vez más fuertes. Ella se quedaba dormida, luego se despertaba y sufría otra convulsión muy intensa».
Durante su prolongada hospitalización, Ariella fue atendida por un equipo muy numeroso que incluía enfermeros y médicos, especialistas en fisioterapia y nutrición, profesionales de enfermedades infecciosas y hematología, además de muchos otros equipos.
Cuando finalmente se tomó la decisión de comenzar a despertarla del coma y retirarle progresivamente el respirador, Ariella comenzó a responder casi de inmediato y recuperó el movimiento y el habla.
Las convulsiones, que habían sido una de las principales características de la enfermedad, disminuyeron drásticamente tanto en frecuencia como en intensidad.
«Nuestro orgullo en este caso es que identificamos la rara enfermedad en una etapa muy temprana, gracias a nuestra experiencia, y adaptamos inmediatamente el tratamiento de una manera que salvó la vida de Ariella», resume el Dr. Mausbach.
«Nuestro equipo, incluidos los médicos y el personal de enfermería de la Unidad de Cuidados Intensivos Neurológicos y del Departamento de Neurología, que cuidaron de Ariella las 24 horas del día con una dedicación extraordinaria, junto con los equipos de apoyo de todos los departamentos y unidades, y con el Dr. Roni Eichel, director del Departamento de Neurología, y el Dr. Amir Janah, director de la Clínica de Epilepsia del departamento, realmente lo dieron todo.
Estamos muy felices de ver que Ariella se está recuperando, volviendo a ser ella misma y regresando junto a su querida familia».
Yosef, que permaneció casi constantemente al lado de su esposa durante todo este periodo, mientras al mismo tiempo cuidaba de su familia en casa y se ocupaba de sus necesidades prácticas y emocionales, cuenta que durante su estancia en el Shaare Zedek el equipo médico se convirtió para ellos en una especie de familia extendida.
Tenía los números de teléfono directos de todos los miembros principales del equipo, quienes lo animaban a llamar en cualquier momento si tenía alguna pregunta, incluso después de que Ariella hubiera abandonado el hospital.
«A pesar de la gravedad del estado de Ariella, siempre tuvimos la sensación de que íbamos a superar esto. El personal siempre fue profesional y realista respecto a lo que estaba sucediendo, pero nunca dejó de ser optimista, y podíamos ver que estaban haciendo todo lo posible», afirma Yosef.
«No puedo dejar de agradecer a todos los equipos, desde los médicos de mayor rango hasta cada enfermero y cada miembro del personal. Algunos incluso vinieron a visitarnos al departamento después de que Ariella saliera de cuidados intensivos.
No podríamos haber pedido mejores personas para cuidarla. Mi familia y yo les estaremos eternamente agradecidos».

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