Israel acaba de convertir un tema cotidiano en seguridad nacional: quién produce la comida cuando una guerra, una sequía o una crisis comercial corta las importaciones. Su primer plan alimentario a 25 años busca aumentar la producción agrícola 33% para 2035 y 65% para 2050, reducir desperdicios, aplicar más tecnología y evitar depender de una sola ruta o proveedor extranjero. Una estrategia que deja una lección también para Latinoamérica: un país que puede alimentar a su población es un país más preparado para una crisis.

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