Hay algo conmovedor en estar frente a la Tumba de Zacarías.
Es inevitable sentir la solemnidad de este lugar.
¡Jerusalén siempre logra dar vida a la Biblia!
«¡Alégrate mucho, hija de Sion! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí, tu rey viene a ti.» —Zacarías 9:9

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