La CPI no es un superhéroe judicial
Puesta en la balanza, la corte probablemente hace al mundo menos justo y más peligroso.
Por Eugene Kontorovich
Después que el Secretario de Estado Marco Rubio anunciara en estas páginas la nueva política estadounidense de "desmantelar" la Corte Penal Internacional, los defensores de la organización están argumentando que EE.UU. está anteponiendo sus intereses a la justicia mundial. Es una verdad a medias: Poner fin a la CPI es en los intereses de Estados Unidos. Pero disolverla no dañará la justicia mundial—porque la CPI no la ayuda.
Algunos imaginan que la CPI es un superhéroe judicial, dispensando justicia a los archivillanos en todo el mundo. Es todo menos eso. En sus casi 25 años de existencia, la CPI ha asegurado apenas seis condenas finales por crímenes de atrocidad tras las apelaciones. Todos fueron señores de la guerra o milicianos africanos. La CPI no ha enjuiciado exitosamente a un solo jefe de estado, ni ha disuadido los crímenes en los conflictos continuados.
Los crímenes con los que lidia la CPI son cometidos típicamente en conflictos entre estados o grupos étnicos. Los que los cometen saben que enfrentan u alto riesgo de una desaparición violenta y, como en el caso de Moammar Gadhafi, potencialmente espantosa si pierden el conflicto o calculan mal. Porque la CPI no tiene ejército o fuerza policial, puede enjuiciar a los líderes sólo si ellos caen del poder o meten la pata muy fuerte.
Más personas buscadas por el tribunal han muerto a manos de sus enemigos de los que han sido sentenciados y encarcelados por la CPI por crímenes atroces. Israel sola puso fin a más procedimientos de la CPI por medio de ataques aéreos el año pasado de lo que hizo el tribunal con las condenas. Eso se debe a que los crímenes de guerra son cometidos por los que tienen poder y pueden ser detenidos sólo a través del ejercicio del poder—algo que los respaldadores europeos de la CPI no tienen interés en hacer.
Los defensores de la CPI apuntan a sus acusaciones a los líderes ruso y talibán como prueba de su importancia. Pero estas son las demostraciones más claras de su impotencia. La CPI esperó ocho años desde la aceptación de su jurisdicción por parte de Ucrania en el año 2015 para acusar a Vladimir Putin, mientras le daba un pase respecto a la invasión de Georgia, un estado miembro.
La orden del 2023 contra el Sr. Putin no ha moderado la conducta de Rusia en Ucrania. En todo caso, ha fortalecido su resolución de permanecer en el poder para garantizar evitar la acusación. Las bajas civiles en Ucrania han aumentado significativamente desde la acusación.
El líder supremo talibán, Haibatullah Akhundzada, acusado por la CPI el año pasado por perseguir mujeres, no está preocupado porque la CPI lo extradite de Kabul como hizo Estados Unidos con el dictador venezolano Nicolás Maduro. Tampoco el clérigo reservado está sufriendo porque no puede visitar el Louvre o el Puente de Londres.
El historial de la CPI no se compara con los tribunales internacionales que la inspiraron—desde los tribunales de Nuremberg a los tribunales que creó el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para la antigua Yugoslavia y Ruanda, que condenaron a docenas de acusados en un tiempo relativamente corto. Esos enjuiciamientos dependieron del ejercicio exitoso de la fuerza militar significativa y de la coacción de los gobiernos involucrados.
Si la CPI desapareciera mañana, el mundo no se volvería un lugar más peligroso. Al contrario, el tribunal puede crear disuasión negativa. Puede juzgar a los líderes asesinos sólo cuando son depuestos. Pero en tal situación, la perspectiva de caer en manos de La Haya no se ven tan mal. La CPI ofrece un refugio durante juicios prolongados que pueden bien fracasar, mientras que sus enemigos ofrecen la muerte segura.
Las cosas se ven diferentes para los líderes democráticos porque ellos rotan naturalmente del poder, dejándolos vulnerables al arresto. Este desequilibrio inclina la balanza contra las democracias cuando ellas luchan contra regímenes que no son libres.
La rotación democrática también es el motivo por el cual se está volviendo cada vez más difícil la estrategia del Sr. Rubio. Los defensores de la CPI afirman que el "desmantelamiento" de la administración es innecesario porque ningún nacional estadounidense ha sido enjuiciado. Otros dicen que muestra que la administración Trump sabe que está cometiendo crímenes serios y debería ser enjuiciada. Pero la CPI debería ser lo suficientemente prudente como para no presentar acusaciones hasta que termine el mandato del Sr. Trump. ¿Alguien cree que un Presidente Gavin Newsom atacaría Países Bajos para rescatar a los ex funcionarios de Trump arrestados mientras estaban de vacaciones?
La CPI no es buena en encarcelar dictadores, pero es excelente en auto-preservación. La Unión Europea tiene un apego cuasi-religioso con la CPI y ejercerá presión para impedir que los estados renuncien, como hizo exitosamente con Hungría. Dado que toma un año que la salida anunciada de un país se vuelva efectiva, los defensores de la CPI intentarán esperar a que se vaya la administración Trump. Si el Sr. Rubio es serio acerca de su nueva política, tendrá que actuar rápidamente para implementar medidas tales como sanciones y penalizaciones institucionales contra los estados miembros.
El Sr. Kontorovich es un profesor en la Escuela de Derecho Scalia de la Universidad George Mason y un Miembro Legal Principal en Advancing American Freedom.
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