
Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez endurece su postura contra Israel, su relación con Marruecos continúa avanzando.
La crítica apunta a una contradicción en la política exterior española: medidas contra Israel en ámbitos como el deporte y la cultura, mientras España mantiene y profundiza su relación con Marruecos, un país situado a apenas 14 kilómetros de Algeciras en su punto más cercano.

Para sus críticos, utilizar el conflicto entre Israel y Hamás como eje de confrontación política desvía la atención de otros asuntos que afectan directamente a los intereses y la seguridad de España.

La pregunta es inevitable: ¿por qué convertir a Israel en el enemigo mientras otros desafíos mucho más cercanos quedan fuera del foco?
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