De Manhattan Contrarian:
FRANCIA ES EL FUTURO DEL PROYECTO PROGRESISTA
Por Francis Menton
Octubre 15, 2026
Es probable que hayas leído sobre la reciente oleada de disturbios en Francia. Comenzaron a finales de septiembre y ya van por su cuarta semana. En estos disturbios participan principalmente estudiantes, y los motivos declarados de las protestas parecen, cuando menos, bastante banales —si no triviales— y, desde luego, desproporcionados respecto a la magnitud e intensidad de los altercados. ¿Por qué están tan exaltados? Exigen cosas como la contratación de más profesores, la reparación de centros escolares en estado ruinoso, mejores sistemas de climatización (calefacción y aire acondicionado), comedores escolares universales a un precio de 1 euro, etcétera.
Mientras tanto, los disturbios han movilizado a cientos de miles de personas durante varios días, han provocado la quema de numerosos centros educativos, han generado mucha violencia y han dado lugar a miles de detenciones (en su mayoría, aunque no exclusivamente, de estudiantes de secundaria).
En el plano general, Francia ha llegado a un callejón sin salida —inevitable, por otra parte— tras haber seguido el proyecto progresista. Al igual que otros países desarrollados —o incluso más que ellos—, Francia ha adoptado el modelo de un Estado que actúa como protector universal frente a todas las adversidades de la vida. Tras décadas bajo este sistema, el país se enfrenta a un gasto público excesivo, una deuda pública insostenible, estancamiento económico y una escasez de recursos para satisfacer a todos los grupos de interés que reclaman su parte. Se ha convertido en una "guerra de todos contra todos" en un juego de suma cero, donde la única forma de conservar la propia porción de las ayudas estatales es gritar más fuerte y protagonizar disturbios más intensos que los demás.
Existen numerosos relatos que permiten hacerse una idea de la magnitud e intensidad de estos disturbios. Por ejemplo, uno publicado en el Washington Monthly el 9 de octubre y otro en Tablet Magazine con fecha del mismo día. Del artículo del Washington Monthly extraemos lo siguiente:
"Estamos en la tercera semana del mayor movimiento de protesta estudiantil en Francia de los últimos 20 años. Las manifestaciones, que comenzaron a las puertas de los centros de secundaria, han cobrado tal envergadura que ya cuentan con cientos de miles de participantes en todo el país: solo el martes, según el Ministerio del Interior francés, se contabilizaron 250.000 personas". Cuatrocientas cincuenta mil personas, según los organizadores —además de enfrentamientos violentos entre manifestantes y la policía en París, Lyon, Marsella, Toulouse y otras ciudades—. Para el 1º de octubre, se registraban manifestaciones en más de 1.000 institutos de educación secundaria en Francia. Los estudiantes de decenas de universidades francesas también se sumaron a las protestas, bloqueando edificios universitarios y provocando el cierre de algunas instituciones de educación superior. Innumerables videos en redes sociales muestran que algunos manifestantes no han protestado de forma pacífica. Los jóvenes han lanzado fuegos artificiales e incluso morteros contra los edificios escolares; otros han arrojado botellas, adoquines y, en casos excepcionales, ácido clorhídrico contra los agentes de policía, según informó el ministro del Interior, Laurent Nuñez.
El artículo del Washington Monthly menciona sólo de pasada que, entre los estudiantes que participan en los disturbios, hay una gran proporción de inmigrantes de primera y segunda generación, y que el partido político de extrema izquierda LFI («La France Insoumise» o «La Francia Insumisa») ha apoyado firmemente las protestas. No obstante, el Washington Monthly incluye una imagen (atribuida a la agencia AP) en la que se ve a estudiantes manifestándose sobre el Monumento a la República, en París. La nota al pie del Washington Monthly señala que los manifestantes están "exhibiendo la bandera francesa", pero, curiosamente, no mencionan la bandera palestina que aparece en la parte inferior izquierda.
Para profundizar en la implicación de la extrema izquierda, se puede consultar información en medios más conservadores; por ejemplo, en un artículo de Dominic Green publicado el 10 de octubre en el New York Post:
Multitudes de estudiantes en las calles. Escuelas en llamas. La policía empleando gases lacrimógenos y lanzadores de proyectiles de impacto. Cientos de heridos y miles de detenciones. El desorden cuenta con el respaldo del partido de extrema izquierda La France Insoumise (La Francia Insumisa). Su líder, Jean-Luc Mélenchon, ocupa el segundo lugar en las encuestas para las elecciones presidenciales del próximo año. En las calles de París, el diputado de LFI Thomas Portes fue grabado empujando a agentes de policía. Por su parte, el diputado de LFI Bally Bagayoko —quien ha llegado a afirmar que "la violencia es legítima"— apareció bailando junto a un grupo de estudiantes a las puertas de su centro educativo, rodeados de contenedores de basura en llamas.
Es posible que Mélenchon considere que ponerse al frente de estas protestas sea su pasaporte para ser elegido presidente la próxima primavera. Por otro lado, podría estar sellando su propia derrota.
Cabe señalar que, hasta que estallaron estos últimos disturbios, el principal caballo de batalla de Mélenchon era revertir la reforma de las pensiones que el actual presidente, Macron, sacó adelante en 2023. En Francia, el término "retraites" (jubilaciones) equivale a lo que nosotros llamamos Seguridad Social: un sistema universal de pensiones de reparto, sin fondo de reserva. Hasta la reforma de Macron de 2023, existía el derecho universal a empezar a cobrar una pensión a los 60 años. En comparación, nuestro sistema de Seguridad Social establece la edad para percibir la pensión completa a los 67 años, y aun así, se encamina hacia la quiebra. Macron dedicó un esfuerzo enorme a elevar, aunque fuera parcialmente, la edad de jubilación. (Actualmente, el sistema es un complejo entramado: la edad se sitúa mayoritariamente en los 62 años y está aumentando progresivamente hacia los 64 para el año 2030, con diversas excepciones). Aquello fue un gran logro, un favor enorme al pueblo francés. Sin embargo, fue insuficiente para dotar al sistema de una base sostenible y, al mismo tiempo, la reforma supuso un duro golpe para la popularidad de Macron, del cual nunca se ha recuperado. Por supuesto, Mélenchon quiere revertirla.
Así pues, en un Estado sin fondos, la izquierda reclama mucho más dinero para la educación y también para las pensiones. Y luego está la salud. Francia cuenta con eso que nuestra izquierda considera el "Santo Grial": un sistema de salud universal (o casi universal) gratuita o prácticamente gratuita. Un logro obtenido a costa de médicos mal remunerados, atención racionada, hospitales en declive y una innovación médica escasa o nula. La izquierda cree que la solución, en este caso, también pasa por destinar más dinero. No reconocen límites ni contrapartidas.
Analicemos el panorama general de las finanzas públicas francesas. El PBI per cápita ronda los us$50.000, poco más de la mitad que el nuestro. El gasto público absorbe un 57 % del PBI —una cifra asombrosa—, frente al 38 % aproximadamente en nuestro caso. Esto significa que el trabajador francés medio dispone de apenas un tercio de la renta disponible de su homólogo estadounidense. Y, aun así, Mélenchon y la izquierda exigen mucho más dinero público para pensiones, educación y sanidad. El crecimiento del PBI está estancado. El déficit presupuestario anual supera el 5 % —un porcentaje ligeramente inferior al nuestro—, pero con una diferencia fundamental: nuestro gobierno federal puede endeudarse en una moneda que él mismo puede emitir, mientras que Francia no tiene esa posibilidad.
Brivael Le Pogam, un emprendedor francés del sector de la inteligencia artificial, ha publicado recientemente en X un extenso texto sobre este tema que, al parecer, se ha vuelto viral. Aquí les presento un fragmento considerable:
"Soy francés. Quiero dirigirme a los estadounidenses que están a punto de votar por los demócratas. No para insultarlos, sino para advertirles. Vengo de su futuro. En Francia hemos implementado todo lo que sus políticos progresistas prometen: sanidad gratuita, universidad gratuita, un generoso sistema de bienestar, sindicatos fuertes, una regulación estricta, impuestos elevados a los ricos y un Estado que se encarga de todo". El gasto público roza el 57 % del PBI, una de las cifras más altas del planeta. Sobre el papel, es un sueño. Pero así es como se ve desde dentro...
Nuestros hospitales están colapsando a pesar de contar con una financiación récord. Nuestras escuelas obtienen peores resultados cada año. Los jóvenes con estudios universitarios no pueden permitirse un apartamento en la ciudad donde nacieron. Nuestros mejores ingenieros se marchan a Londres, Zurich o San Francisco. ¿Y los ricos a quienes querían gravar con impuestos? También se han ido, llevándose consigo los empleos. La promesa era la protección; el resultado, el estancamiento. Lo peor es que nadie en Francia votó a favor de la decadencia. Cada paso parecía generoso, compasivo, razonable... Tras cincuenta años así, te despiertas en un país que ya no es capaz de construir una central nuclear a tiempo ni de mantener sus calles seguras... Créanme: no quieren que el país de ustedes sea como Francia.
La siguiente publicación de Le Pogam (del 13 de octubre) es bastante extensa y está en francés, pero se puede utilizar un botón de traducción para acceder a una versión en inglés. Aquí presento mi traducción de las frases iniciales:
Nunca he sido tan optimista como ahora. No a pesar del caos actual, sino precisamente a causa de él. Voy a explicarles por qué el "imperio de la mentira" construido por la izquierda va a derrumbarse, y por qué esto no es una mera opinión, sino una cuestión de realidad física...
En este extenso texto, la tesis de Le Pogam es que el "imperio de la mentira" de la izquierda está plagado de contradicciones y fricciones que irán desgastando gradualmente el funcionamiento de su maquinaria; asimismo, sostiene que la inteligencia artificial acelerará inevitablemente dichas contradicciones y fricciones, precipitando el colapso.
Espero que tenga razón. Aunque, bien mirado, puede que "más rápido" no sea lo suficientemente pronto. Cuando cayó la Unión Soviética, pensé que países como Corea del Norte o Cuba —por no mencionar a China— seguirían el mismo camino rápidamente. Pero aquí estamos, 35 años después; toda una generación ha fallecido tras haber sufrido, hasta el final de sus días, bajo estos regímenes horribles, y todos ellos siguen existiendo. Francia no atraviesa, ni de lejos, una situación tan grave como la de cualquiera de esos países.
¿Y qué aspecto tendría el colapso del programa de la izquierda en Francia, o en cualquier otro país desarrollado similar? Hasta la fecha, ningún gobierno elegido democráticamente ha logrado, mediante un proceso democrático, eliminar los derechos sociales universales una vez que estos han sido establecidos. (Quizás Argentina sea, recientemente, el caso más cercano). Lo más probable es que el detonante de un retroceso en tales derechos —tal como predijo Le Pogam— fuera una crisis financiera: por ejemplo, si Francia acudiera a los mercados para refinanciar una parte de su deuda y no encontrara compradores, lo que obligaría a una falta de pago. ¿Y después qué? Los acreedores no disponen de un mecanismo sencillo para forzar una reducción de otros gastos públicos con el fin de cobrar lo que se les debe. La negativa a conceder nuevos préstamos podría, hasta cierto punto, imponer un ajuste gradual mediante la necesidad ineludible de equilibrar el presupuesto. Sin embargo, los grandes bancos internacionales tienen un triste historial: suelen reabrir rápidamente el grifo del crédito a los Estados que han incurrido en falta de pago. Una falta de pago ser seguida, fácilmente, de un proceso de ajuste gradual que se prolongaría durante años o décadas, sin que llegara a producirse nunca un ajuste de cuentas definitivo.
Y Francia cuenta con lo que considero una gran ventaja frente a Estados Unidos: al haber adoptado el euro, no puede endeudarse en una moneda que ella misma pueda imprimir. Estados Unidos, en cambio, puede endeudarse en una moneda que sí puede imprimir, lo que le otorga la capacidad de prolongar el estallido del desastre —posiblemente durante décadas adicionales—lo que derivará en una debacle mucho mayor cuando todo colapse.
Sospecho que prácticamente ninguno de los votantes que están a punto de votar por los demócratas ha dedicado ni un segundo a reflexionar sobre ninguna de estas cuestiones.
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