Algo está llegando para Teherán
También, otra división en el bando de Bibi, y una nueva carta impactante desde Gaza.
People walk next to a large banner depicting U.S. President Donald Trump with the slogan “The Deliverer” hangs on a building in Jerusalem, April 19, 2026. (Yonatan Sindel/Flash90)
Es viernes 16 de octubre, y el 3 de enero los miembros de la nueva Cámara de Representanes de EE.UU. ingresarán a sus oficinas. Todo apunta a que varias docenas de demócratas se mudarán a oficinas vaciadas por los republicanos derrotados en el otoño. La pérdida casi certera de la Cámara, junto a la pérdida justamente probable del Senado, harán de la vida del presidente un infierno. No sólo de la suya, tal vez.
La legislación estadounidense permite al presidente iniciar una acción militar, pero, transcurridos 60 días, se requiere la aprobación del Congreso. El presidente —sin duda, el actual— podría continuar, pero, de hacerlo, se expondría a riesgos legales y, sobre todo, presupuestarios. Un Congreso hostil puede bloquear los presupuestos; y Estados Unidos, como es bien sabido, no libra sus guerras solo con las uñas.
¿Qué se puede hacer en dos meses que logre cambiar el panorama? Y, si el objetivo es adelantarse a un Congreso hostil, ¿le compensa a Trump —contra todo pronóstico y análisis— iniciar una campaña militar antes incluso que eso ocurra?
En los últimos días, ha surgido un creciente rumor tanto en Washington como en Jerusalén. Ya no se trata de meras especulaciones o falsas noticias; algo está ocurriendo. A primera vista, esto desafía toda lógica: los iraníes no desean una escalada antes de las elecciones en Israel, y Trump tampoco la quiere antes de los comicios en Estados Unidos. Pero, ¿y si se iniciara una campaña a finales de octubre para luego obtener la aprobación de un Congreso —todavía bajo control republicano— a finales de diciembre? ¿Podría ser esa la forma de derrocar al régimen? Al fin y al cabo, los iraníes trabajan a largo plazo; para ellos, dos meses no son nada.
O tal vez se trate de una operación limitada y quirúrgica que, sin provocar un aumento desorbitado en el precio del combustible, logre un resultado significativo; algo que, cabe esperar, ponga fin al debate sobre la necesidad y los frutos de la guerra. ¿Qué tipo de acción podría ser breve y "elegante"? ¿Cómo evitar quedar atrapados en un tercer conflicto que no arroje un desenlace claro, precisamente en un momento tan delicado para dos líderes políticos a quienes las encuestas auguran un duro revés, a ambos lados del océano?
United Torah Judaism party member MK Yitzhak Pindrus attends the opening of the party’s election campaign headquarters in Jerusalem, October 11, 2026. (Chaim Goldberg/Flash90)
Dos semanas antes de las elecciones —quizás para desviar la atención del hecho que su partido se sitúa muy lejos de la corriente principal de la sociedad israelí en lo que respecta al servicio militar obligatorio—, Yitzhak Pindrus, del partido Judaísmo Unido de la Torá, participó en un pódcast jaredí para recordar a todos que su formación sigue siendo profundamente homofóbica.
Tras repasar las quejas de los jaredim contra Netanyahu, así como los logros que aun así habían conseguido, señaló un factor que, a su juicio, privó al gobierno de la ayuda divina: "Al comienzo de la legislatura votaron por un presidente de la Knéset, y creo que eso constituye un 'jilul Hashem' [profanación del nombre de Dios]", afirmó, añadiendo que tal acto "tiene un precio".
No es ningún misterio a qué se refería Pindrus al hablar de lo que, según él, enfureció a Dios: Amir Ohana es el primer presidente de la Knéset abiertamente gay en la historia de Israel. Pindrus concluyó citando un versículo del Levítico que advierte que la tierra "los vomitará" debido a las relaciones sexuales prohibidas.
Si los políticos jaredim realmente creyeran esto, ¿por qué 17 de sus 18 diputados votaron a favor de Ohana, llegando incluso algunos de ellos a abrazarlo en el pleno tras la votación? O bien son lo suficientemente cínicos como para haber arriesgado al país entero a un castigo divino a cambio de exenciones del servicio militar, o bien no creen realmente en ello y no tienen reparos en sacrificar a los israelíes homosexuales para justificar sus propios fracasos. En cualquier caso, el discurso homófobo de Pindrus no hace sino profundizar la brecha entre su electorado y el conjunto de la sociedad israelí.
Esto pone de relieve, además, una fractura dentro del campo derechista. La cuestión del servicio militar ya enfrenta a gran parte del electorado de derechas con los jaredim. Por otro lado, el laicismo sitúa al Likud en una posición opuesta a la de casi todos los demás partidos de su propia coalición. El Likud es un partido diverso; aunque sus votantes se identifican firmemente como judíos, entre el 50 y el 65% de ellos —según la encuesta que se consulte— apoyan el matrimonio civil y la disponibilidad de transporte público durante el Shabat.
Esta división ha quedado relegada a un segundo plano frente al debate sobre el servicio militar. Sin embargo, en un escenario político despojado de sus bloques actuales, cabe preguntarse si el sector más liberal del Likud se sentiría más cómodo junto a Liberman que junto a Degel HaTorah.
Pocas cosas son tan disonantes como la inocencia infantil de Spider-Man, impresa en la esquina de la carta del hijo de 10 años de Yahya Sinwar a su padre. La carta expresa el deseo del niño de “sostener una Kalashnikov y disparar a los judíos,” y cuenta a su padre de sus esfuerzos por hacer "pistolas, tanques y Kalashnikovs de papel y cartón.”
La carta está salpicada por las ilustraciones del niño de una andanada de cohetes siendo lanzados desde Gaza mientras un tanque israelí arde en el primer plano. Si fuera sólo el hijo del cabecilla terrorista quien tiene tales opiniones de los judíos. Una de las revelaciones cruciales de esta guerra fue la extensión absoluta de la radicalización en Hamastán. Una cosa es observar programas infantiles glorificar el martiio, o leer los manuales de enseñanza en las escuela gestionadas por Naciones Unidas. Otra cosa es recorrer las aulas de Gaza y encontrar un rifle de francotirador oculto dentro de un osito de peluche, granadas ocultas en una mochila escolar, y certificados otorgados a los niños por sobresalir en el manejo de armas de fuego.
La siguiente generación en Gaza tiene pocas razones para amar a Israel. Pero si van a tener un futuro, tendrán que odiar más a Hamas. La frase se ha vuelto trillada por el uso excesivo, pero la carta del hijo de Sinwar hace dignas de ser repetidas las palabras de Golda Meir:
“La paz llegará cuando los árabes amen más a sus hijos de lo que nos odian a nosotros."




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