lunes, 9 de febrero de 2026

ARTICULO DE AMIT SEGAL

 

¿Qué no hará Israel por los rehenes?

Ochocientos cuarenta y tres días de cautiverio trajeron escenas de horror previamente inimaginables: extraer cuerpos de congeladores de helado, hurgar cementerios en busca de huesos. En la segunda semana, incluso se consideró otorgar a todos los rehenes la ciudadanía estadounidense después que Hamas insinuó que liberaría primero a los nacionales extranjeros.

Pero una escena salvada: si hubiese sido legislado el informe de la Comisión Shambar—la comisión que propuso normas extremadamente rígidas para las negociaciones con secuestradores en el 2012—¿lo habría permitido una sociedad israelí atónita? ¿O, bajo la presión de Hamas la Knesset se habría reunido y repelido la ley por demanda de Sinwar?

La comisión recomendó cortar todo contacto entre las familias de los rehenes y los responsables de la toma de decisiones para evitar la presión indebida—un decreto que los niños del invierno del 2023 no habrían soportado. Demandaba impedir la publicación de los detalles de negociación—una inocencia que ahora provoca risas amargas. Y también llegó a un conclusión interesante, mucho antes del 7 de octubre: el estado tiene una obligación mayor de regresar a un soldado capturado que a un civil.

¿Previó una situación de una madre secuestrada con sus dos hijos tiernos y pelirrojos?

Cuatro primeros ministros han servido desde que fue establecida la Comisión Shamgar—o por su nombre no oficial: la comisión para poner fin a la extorsión por parte de los secuestradores de israelíes. Algunos primeros ministros se inclinaron hacia la extrema izquierda, algunos forjaron alianzas con la derecha radical, pero todos compartieron algo: ninguno adoptó el informe. Incluso antes de la crisis de los rehenes, hubo un principio de los primeros ministros en funcionamiento—a las personas adictas a la influencia y al poder no les gusta atarse sus propias manos. Como dijo una vez el autor israelí Ephraim Kishon: "No tengo un hábito de debilitarme."

Pero la razón principal por la que la ley nunca fue aprobada es que, como el proyecto de ley, la cultura no puede ser cambiada a través de la legislación. Los valores de un estado o de un sector—correctos o errados—prevalecerán por sobre cualquier decisión de la Knesset o del gobierno. Incluso Itamar Ben-Gvir se engaña a sí mismo cuando promueve penas de muerte obligatorias. ¿Cómo se vería Israel si tal ley fuera repelida por la demanda de la próxima organización terrorista?

Israel, como un estado, debe ahora limpiarse y reparar el daño inmenso causado por la situación del terrorismo con rehenes. Uno puede regocijarse con lo sucedido en la Plaza de los Rehenes y decir, "Los trajimos de regreso." O uno puede mirar la realidad a los ojos y ver el precio terrible que fue pagado.

Incluso el fallecido Presidente Shamgar se enfocó sólo en el número de terroristas liberados por cada israelí. El nunca imaginó un día en que el enemigo demandaría precios estratégicos a cambio—tales como retiradas o un fin a la guerra.

Por lo tanto, la herramienta requerida debe combinar consenso nacional general y ser menos rígida que la Comisión Shamgar, pero más dura que la política israelí actual. Tal vez un estatuto de principios básicos firmado por los líderes de la mayoría de los partidos, tal vez una comisión pública. Como sugirió una vez el poeta israelí Natan Alterman:
“Colocar mi mano en la mano guía del artesano,
y escucharlo decir, mientras me acerco a la tarea con fervor:
‘Niño, sostén firmemente la herramienta—pero suavemente.’”

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