miércoles, 11 de febrero de 2026

 El presidente de Israel, Isaac Herzog, visita Australia, un país donde dos meses antes miembros de su pueblo sufrieron un ataque terrorista.

El 14 de diciembre un ataque terrorista islamista inspirado por ISIS dejó quince muertos en Bondi Beach, Sídney, durante las celebraciones de Janucá. La mayoría de las víctimas pertenecían a la comunidad judía australiana.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, invitó a Herzog con la intención declarada de reforzar la cohesión social y promover la unidad tras la tragedia. No obstante, la visita provocó críticas y protestas. Sectores propalestinos —incluidos algunos judíos australianos— acusaron al presidente israelí de ser cómplice de la muerte de civiles en Gaza y organizaron manifestaciones en varias ciudades del país.
Algunas de estas protestas derivaron en incidentes violentos, lo que obligó a la policía a intervenir con gas pimienta. Paralelamente, el Consejo Judío de Australia financió anuncios a página completa en The Sydney Morning Herald y The Age bajo el lema “¡Los judíos dicen no!”, afirmando que más de mil firmantes rechazaban la presencia de Herzog. El texto calificaba al presidente de “presunto criminal de guerra” y sostenía que recibirlo traicionaba tanto a la comunidad judía como a los valores de la Australia multicultural.
Sin embargo, reportes posteriores señalaron inconsistencias en la lista de firmantes: algunos nombres no correspondían a personas reales y otros negaron haber apoyado la iniciativa. Además, el número de firmas publicadas era inferior al anunciado.
En medio de la polémica, Herzog optó por un tono sobrio y conciliador. Durante un acto de solidaridad con la comunidad judía australiana, ante unas 4.000 personas, afirmó que el odio que motivó el ataque en Bondi forma parte de una larga historia de antisemitismo. Vinculó el atentado con el extremismo yihadista y advirtió sobre la expansión global de ese tipo de violencia.
También sostuvo que las protestas no representan a la mayoría de los australianos y defendió que los intentos de boicotear su visita buscan deslegitimar el derecho de Israel a existir. Su agenda incluyó una reunión con Albanese, en un contexto en el que ambos gobiernos buscan recomponer relaciones tras meses de tensión diplomática.
En el plano simbólico, uno de los momentos centrales fue la colocación de una corona de flores en el lugar del atentado. Allí, Herzog afirmó: “Cuando un judío sufre, todos los judíos sienten su dolor”. Más que una declaración política, fue un mensaje de solidaridad dirigido a una comunidad golpeada por la violencia.
La visita puso de relieve no solo las fracturas dentro de la sociedad australiana, sino también las tensiones existentes en el propio mundo judío respecto a Israel y su liderazgo. En ese contexto complejo, Herzog apostó por una representación institucional centrada en la dignidad y la cohesión, subrayando la conexión entre Israel y la diáspora en un momento particularmente delicado.
Más allá de las protestas y el ruido político, el viaje evidenció el desafío permanente de equilibrar memoria, diplomacia y sensibilidad comunitaria en un escenario internacional marcado por profundas divisiones.
Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío

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