domingo, 16 de agosto de 2026

  

A 29.000 pies de altura, Uri Bar-Lev tomó una decisión extraordinaria: inclinó hacia abajo un Boeing 707 lleno de pasajeros mientras dos secuestradores armados intentaban tomar la cabina.
Era el 6 de septiembre de 1970. El vuelo 219 de El Al había salido de Tel Aviv rumbo a Nueva York, con escala en Ámsterdam. Antes de despegar de Schiphol, Bar-Lev había sido advertido sobre cuatro pasajeros sospechosos.
Dos viajaban con pasaportes senegaleses cuyos números eran consecutivos y fueron rechazados. Los otros dos llevaban pasaportes hondureños y sí subieron al avión. En realidad eran Leila Khaled y Patrick Argüello, vinculados al Frente Popular para la Liberación de Palestina.
Bar-Lev ya desconfiaba. Por precaución había ordenado que el agente armado Avihu Kol permaneciera dentro de la cabina.
Unos veinte minutos después del despegue llegó la alarma.
Khaled y Argüello avanzaron hacia la cabina con pistolas y granadas. Una azafata transmitió la amenaza: si la puerta no se abría, podían hacer estallar el avión. Al mirar por la mirilla, la tripulación vio a Argüello apuntando a una integrante del personal.
Bar-Lev se negó a abrir.
Entonces hizo algo que los secuestradores probablemente no esperaban.
Advirtió al agente que se sujetara y lanzó el Boeing 707 a un pronunciado descenso. Según su propio relato, el avión perdió alrededor de 10.000 pies en apenas un minuto. La maniobra produjo fuerzas suficientes para derribar a quienes permanecían de pie mientras los pasajeros, sujetos con sus cinturones, permanecían en sus asientos.
La cabina de pasajeros se convirtió inmediatamente en una lucha.
Argüello disparó e hirió gravemente al sobrecargo Shlomo Vider. Un agente de seguridad respondió al fuego y lo hirió mortalmente. Khaled fue reducida. Una de las granadas involucradas en el enfrentamiento no llegó a explotar.
Bar-Lev puso rumbo a Londres y realizó un aterrizaje de emergencia en Heathrow. Vider sobrevivió. Argüello murió a consecuencia de sus heridas y Khaled fue detenida por las autoridades británicas.
Según Bar-Lev, desde la alarma hasta el final del enfrentamiento habían transcurrido aproximadamente dos minutos y medio.
Aquel día, la maniobra más importante de un Boeing 707 no tuvo como objetivo llegar más rápido ni esquivar una tormenta.
Sirvió para impedir que dos personas armadas tomaran el control del avión

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