La turbulenta discordia social de Israel ha estallado muchas veces en el pasado reciente, notablemente en el período inmediato antes de la horrorosa invasión del 7 de octubre del 2023 por parte del grupo terrorista Hamas. Hay evidencias que esos conflictos dieron la impresión de debilidad interna y discordia militar a los enemigos de Israel, Irán, Hamas y Hezbola. Hamas vio repetidamente la situación como el momento perfecto para lanzar su ataque sediento de sangre contra una nación no interesada en la batalla. El resultado fue la peor matanza de civiles judíos desde el Holocausto.
Parece haber tres preocupaciones más en el presente entre el público israelí. Primero, la elección de un futuro partido gobernante y del primer ministro. Si bien muchos partidos en Israel critican al Primer Ministro Benjamin Netanyahu en busca de ganancias políticas y hacen lo mejor que pueden para desbancarlo, es de esperarse que él surja una vez más como primer ministro de un nuevo gobierno luego de las elecciones. No parece haber un candidato de su estatura o experiencia – o su determinación churchilliana para proteger tanto a Israel como al Occidente.
Cualquier político que haya estado en el liderazgo durante muchos años puede esperar críticas y prensa adversa, en casa e internacionalmente. Contrariamente a la administración Biden, no hay presión discernible de la administración Trump para que Netanyahu no gane, a pesar de comentarios injustificados de vez en cuando. Se puede decir mucho sobre Netanyahu, pero un factor está más allá de la duda razonable: en su mayor parte, él ha intentado actuar en beneficio de los mejores intereses de su nación – ya sea fortaleciendo la economía de Israel hasta convertirla en la de un gigante de talla mundial, o rechazando ceder a la presión de cualquier administración estadounidense, sin importar el alto costo personal.
Aquí viene a la mente el escenario de Gaza. Como líder del partido más grande del gobierno de coalición, Likud, Netanyahu vio que la política de anteriores gobiernos israelíes hacia el terrorismo de Gaza -- "cortar el césped" cada tantos años en un esfuerzo por contener los ataques constantes de Hamas -- había demostrado ser un error de cálculo devastador.
El contexto para esta política puede ser explicado brevemente como sigue. En el 2005, el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, tomó una decisión controvertida de salir de la Franja de Gaza, expulsó a los miles de judíos que habían estado viviendo allí, y la entregó a la Autoridad Palestina (AP) para que se las arregle independientemente. Hamas pronto echó a la Autoridad Palestina del poder en Gaza – a veces arrojando a sus miembros desde edificios de altura.
A partir de ese momento, y sólo cuando se prueba que es necesario mantener una fachada de orden, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han atacado a Hamas a través de ataques aéreos cuidadosamente selectivos -- sin ningún soldado entrando realmente a Gaza. Esta estrategia fue un fracaso masivo. Hamas simplemente reconstruía nuevamente sus fuerzas -- como develaron los acontecimientos futuros en octubre del 2023.
Un primer ministro sólo sabe lo que le dicen los servicios de inteligencia. El General Omar Bradley nunca dijo al Presidente Harry S. Truman que la Unión Soviética tenía la bomba atómica; Bradley aparentemente no pensaba que el presidente "necesitaba" saber. Los altos mandos militares y de los servicios de inteligencia de Israel fallaron de forma desconcertante en su tarea de creer o actuar respecto a las advertencias que recibieron de sus propios soldados, agentes y analistas, sin embargo la culpa por el desastre es arrojada de forma injusta contra Netanyahu. El estamento entero de Israel -- las FDI, los servicios de inteligencia, políticos y medios de comunicación tradicionales -- fueron igualmente culpables por el fiasco.
En 1946, el futuro primer ministro fundador de Israel, David Ben-Gurion, explicó a un joven Shimon Peres – él mismo un futuro primer ministro y presidente de Israel, y un firme partidario del compromiso en busca de la paz – que el intelectual judío ruso y revolucionario marxista León Trotsky, no había sido "ningún estadista." El detalló que la fórmula de Trotsky para arreglar las cuestiones de conflicto había sido simplemente "alejarse de las negociaciones, declarar que el combate terminó, y no decidir nada."
Ben-Gurion luego describió lo que habría hecho un verdadero estadista:
"Un estadista debe decidir, en uno u otro sentido: ir por la paz y pagar el precio, o hacer la guerra, sabiendo cuales son los riesgos y peligros."
Eso es precisamente lo que hizo Netanyahu tras décadas de terrorismo de Hamas, batallas indirectas de Irán, y una acumulación militar masiva de Hezbola junto a la frontera norte de Israel con Líbano. Netanyahu tomó decisiones duras, generalmente frente a la oposición de Estados Unidos, Europa, las así llamadas organizaciones "de derechos humanos," y la fuerte oposición de Israel, en parte apoyada y financiada por las administraciones Obama y Biden. Netanyahu no obstante, logró sus objetivos: asegurar a su pueblo contra enemigos determinados a eliminarlos y preservar a la nación para las generaciones venideras. ¿Es todo perfecto respecto a él? Probablemente no. ¿Es él un líder bélico y estadista gigante? Absolutamente.
La segunda preocupación socio-política es la de aplicar el servicio militar obligatorio de Israel a los hombres haredim ("ultraortodoxos"). La Corte Suprema de Israel, tras décadas de demora, finalmente ordenó que los hombres haredim eran elegibles para ser alistados con los de todos los otros sectores elegibles de la población de Israel. Aunque tal fallo parece justo y equitativo, la vasta mayoría de la población haredí cree que el estudio a tiempo completo de la Torá para los hombres jóvenes tiene precedencia por sobre el servicio militar, mientras que el liderazgo religioso y político de la comunidad demanda que incluso los hombres jóvenes haredim que no están involucrados en el estudio de la Torá deberían ser eximidos del servicio de las FDI porque ellos creen que presenta una amenaza para el estilo de vida y práctica religiosa haredí.
Aunque cada año cientos de hombres jóvenes haredim ingresan al servicio de las FDI en desafío a los líderes de su comunidad, ellos representan apenas un 9% del contingente anual de haredim aptos para el servicio militar, comparados con aproximadamente un 88% de la tasa de conscripción entre los hombres judíos laicos y religiosos no haredim. Si bien otros jóvenes hombres israelíes pasan casi tres años de sus vidas en el servicio militar a tiempo completo, y pueden ser heridos o morir combatiendo para defender a su nación, el 91% de sus pares haredim pasan esos años estudiando, trabajando, o incluso ociosos.
Con el número de jóvenes jaredim de entre 18 y 19 años de edad volviéndose anualmente elegibles para el servicio militar obligatorio siendo más de 14,000 (y aumentando), un sector significativo de la comunidad haredí objeta, a veces de forma violenta, la conscripción de sus hombres. Durante las protestas masivas de hombres y niños haredim, algunos de ellos declaran, "preferimos morir que ser alistados." La cuestión sigue dividiendo a la sociedad israelí.
La tercera preocupación pertenece a la omnipotencia problemática de la Corte Suprema de Israel, en un país donde no hay constitución y ninguna separación enumerada de poderes.
En su libro, Justicia Rebelde: El Ascenso de la Supremacía Judicial en Israel, el abogado israelí-estadounidense Yonatan Green ha producido un trabajo sobre "el equilibrio de poder apropiado entre la Knesset y la Corte Suprema," de acuerdo con el comentarista Neville Teller.
"Green cree que durante unos 40 años, el poder en el Estado de Israel ha sido usurpado deliberadamente, constantemente e ilegalmente por el poder judicial.... [y] analiza como la Corte Suprema se ha engañado en desequilibrar la relación apropiada entre el poder judicial y el gobierno."
Teller escribe de la afirmación de Green que la Corte cree que "su poder sobre el gobierno de Israel es absoluto y no puede ser desafiado" -- de hecho una situación seria para la estabilidad social y política de una nación. Una doctrina crucial de la democracia -- la separación de poderes entre las tres ramas del gobierno -- ha sido ignorado por la Corte Suprema de Israel, la cual no requiere que el demandante tenga legitimación activa para admitir un caso, y hace incursiones en los dominios del poder ejecutivo y la legislatura (la Knesset).
Siempre que el gobierno de Netanyahu objeta o se opone a la interferencia injustificada de la Corte en el gobierno de la rama ejecutiva -- ayudada y asistida por la políticamente sesgada Fiscal General Gali Baharav-Miara, en quien el gobierno evidentemente carece de confianza -- algunos israelíes acusan que el gobierno está subvirtiendo la democracia y destruyendo el país. En realidad sucede lo contrario. Lamentablemente, muchos en los medios israelíes, tanto como sus políticos, han incitado a sus partidarios para que protesten, a veces violentamente, contra los recortes propuestos para limitar una autoridad judicial prácticamente absoluta, descontrolada e incontrolable.
Estas tres preocupaciones, con un electorado agudamente polarizado, promete poco cambio o compromiso. El área política parece dividida en izquierda y derecha sin ningún partido centrista verdadero para que medie en los temas. La situación de la conscripción haredí pone a la mayoría de la población contra un privilegio, considerado por muchos inaceptable, permitido a hombres jóvenes muy capaces para defender su nación pero no dispuestos a hacerlo – en un momento en que la Corte Suprema no muestra señales de recortar sus incursiones autoritarias en el mandato dado a la Knesset y en la rama ejecutiva para gobernar como a ellos mejor les parece.
Todos los que valoran la civilización occidental y la libertad podrían rezar por la valiente Israel y su defensa de nuestras libertades en las palabras del antiguo salmista:
"Por amor a la casa del Señor nuestro Dios, buscaré tu bien."
— Salmo 122: 6-9
Nils A. Haug es autor y columnista. Abogado de profesión, es miembro del Colegio Internacional de Abogados, la Asociación Nacional de Académicos, miembro del profesorado en el Intercollegiate Studies Institute, la Academia de Filosofía y Letras. El campo de interés particular del Dr Haug es la teoría política conectada con los acontecimientos actuales. Entre los títulos en Filosofía, Literatura Inglesa, y Derecho, él tiene un Master en Estudios Judíos (con honores) y un Doctorado en Teología Apologética.
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