Una misión de investigación de la ONU concluyó en febrero del 2026 que las ejecuciones masivas, violaciones en banda y hambruna provocada en Sudán tenían las marcas de genocidio, y que la intención genocida era la única inferencia razonable permitida. El hallazgo produjo -- ¡comunicados! Ningún campus estadounidense ha sido cubierto con acampes sudaneses. Ninguna campaña internacional demanda que las corporaciones demuestren su inocencia respecto a Jartúm. En imagen: soldados de las Fuerzas Armadas Sudanesas toman parte en un desfile el 17 de agosto del 2026 en la ciudad de Gedaref en el este de Sudán. (Foto de AFP via Getty Images)El tipo de víctima predilecta de la industria de derechos humanos es la políticamente útil: la víctima cuyo sufrimiento puede ser adjuntado a un adversario — un "villano" designado — preferiblemente uno que los activistas occidentales ya saben cómo odiar, presionar y como organizarse en su contra.
Ese es el motivo por el cual las víctimas palestinas, cuando Israel puede ser proyectada como un presunto perpetrador de injusticias, generan una extraordinaria maquinaria de indignación, mientras que las víctimas sudanesas de genocidio, las mujeres afganas bajo los talibanes, los manifestantes iraníes asesinados por su propio régimen o los cristianos perseguidos en Nigeria en gran medida no la generan.
La jerarquía no es determinada por la severidad del sufrimiento; es determinada por la utilidad política de la víctima y, aun más importante, por la identidad del "villano" que está supuestamente cometiendo estas injusticias.
Hay víctimas que adquieren apoyo popular. Sus rostros aparecen en carteles, sus nombres son leídos en voz alta en manifestaciones, los actores en las alfombras rojas llevan sus símbolos, los estudiantes ocupan edificios universitarios en su nombre, y las instituciones descubren una obligación moral urgente de emitir declaraciones. Luego están las víctimas que mueren en su mayoría solas, contadas brevemente por las organizaciones a las que se les paga para contarlas y no son advertidas por nadie más.
Sudán pertenece al segundo grupo. La guerra que estalló en abril del 2023 entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha producido lo que la agencia de refugiados de la ONU llama la crisis de desplazamiento y humanitaria más grande en el mundo, con cerca de trece millones de personas expulsadas de sus hogares. Ya hace un año, a fin de octubre del 2025, después de un asedio de dieciocho meses, las FAR entraron a El Fasher y asesinaron a sus habitantes con tal minuciosidad que los investigadores en Yale identificaron las manchas de sangre en las imágenes satelitales. Una misión de investigación de Naciones Unidas concluyó en febrero del 2026 que las ejecuciones masivas, las violaciones en banda, y la hambruna programada de las comunidades zaghawa y fur tenía las marcas del genocidio, y que la intención genocida era la única inferencia razonable que permitía la evidencia.
El hallazgo produjo -- ¡comunicados! Ningún campus estadounidense ha sido cubierto con acampes sudaneses. Ninguna campaña internacional demanda que las corporaciones demuestren su inocencia respecto a Jartúm, o que las transferencias de armas a los señores de la guerra sudaneses sean evaluadas por la inteligencia estadounidense. Darfur ahora carga la palabra genocidio, aplicada por la propia ONU -- y ningún apoyo popular.
La comparación con Gaza no es una competencia entre cadáveres. Los civiles palestinos merecen la simpatía debida a los civiles en cualquier lado. Lo que merece análisis es la fábrica de propaganda de la guerra. Al cabo de meses del 7 de octubre del 2023, los acampes, ocupaciones de edificios y arrestos en masa se habían extendido de Columbia a Yale pasando por la Universidad de New York y a partir de ahí a lo largo de Europa. En septiembre del 2025, una promesa de rechazar todo trabajo con festivales, y empresas de cine y producción israelíes reunieron más de 5,000 firmas de profesionales del cine, incluidos algunos de los nombres más grandes de la industria.
Afganistán pone más a prueba la proposición. Cinco años después que el Talibán regresó a Kabul, la UNESCO informó hace poco que dos millones cuatrocientas mil niñas afganas son excluidas de la educación secundaria. Afganistán sigue siendo el único país que prohibe formalmente a las niñas y mujeres estudiar más allá de la escuela primaria. Más de 70 decretos han restringido sus vidas, y desde septiembre del 2025 las mujeres afganas tienen prohibido incluso ingresar a las instalaciones de la ONU, o salir de su casa más de una o dos veces al mes.
El feminismo occidental pasó décadas insistiendo en que los derechos de las mujeres son universales. Afganistán es la prueba disponible má pura de la afirmación: una población femenina entera fue eliminada por decreto de la educación, el empleo y la vida pública, e incluso de la presencia pública -- una condición que los expertos de la ONU llaman apartheid de género. Ningún acampe permanente se encuentra fuera de Harvard demandando libertad para las mujeres afganas, ningun movimiento de desinversión se ha puesto de moda, ningún símbolo ha llegado a una alfombra roja. La agencia de mujeres de la ONU advierte que la represión está siendo normalizada e informa una brecha de financiación del 50% para su trabajo en Afganistán este año. Las mujeres siguen donde estaban; el público se ha marchado.
Irán eliminó cualquier duda que quedaba. Las protestas que empezaron a fin de diciembre del 2025 se extendieron a toda provincia, y el 8 y 9 de enero del 2026, las fuerzas de seguridad respondieron con rifles y escopetas disparados desde las terrazas y las partes traseras de camiones. Amnesty International describe matanzas en masa ilegales en una escala sin precedentes. Más de 52,000 hombres, mujeres y niños fueron masacrados este año solamente, acompañados por un apagón total de internet y decenas de miles de arrestos. El Relator Especial de la ONU para Irán colocó la cuenta por encima de cinco mil.
El régimen ya ostentaba el récord. Amnesty International documentó 2,159 ejecuciones en Irán en el 2025, más del doble del año anterior, y aproximadamente cuatro quintos de ejecuciones registradas mundialmente, la cifra nacional más alta desde 1981. Al menos 48 mujeres estuvieron entre los condenados, el número más grande en dos décadas. La respuesta del Occidente a la masacre de Irán en enero tomó la forma de marchas de la diáspora y una condena firmada por 800 profesionales del cine. La industria que produjo cinco mil firmas contra los festivales de cine israelí produjo ochocientas contra un gobierno que acababa de disparar a miles de sus propios ciudadanos en 48 horas, y su propia prensa especializada lo reconoció así.
Los estudiantes iraníes regresaron a los campus en Teherán, Mashhad e Isfahan en febrero sosteniendo fotografías de compañeros de clase asesinados en enero, muchos estudiantes están siendo todavía arrestados y expulsados por ello. Los estudiantes estadounidenses que ocuparon edificios por Gaza no se arriesgaron a nada peor que una audiencia disciplinaria, y no ofrecieron nada a los manifestantes iraníes.
En noviembre del 2025, hombres armados tomaron a 303 niños y 12 docentes de la escuela católica de St. Mary en Papiri, Nigeria, un secuestro más grande que el de las 276 niñas capturadas en Chibok, Nigeria, en el 2014, cuando circuló un hashtag en el mundo y una primera dama estadounidense fue fotografiada sosteniendo de hecho ¡un cartel! Los niños de Papiri llegaron a casa un mes después de las conversaciones de rescate, no habiendo atraído ninguna campaña en lo absoluto. La Comisión Estadounidense sobre Libertad Religiosa Internacional, que ha pasado 17 años pidiendo a Washington que trate a Nigeria como un país de interés particular, cuenta cerca de 53,000 civiles asesinados allí en violencia selectiva desde el 2009. Los cristianos perseguidos presentan un problema de marketing: La Cristiandad es percibida en la imaginación occidental como una fuerza histórica en lugar de una realidad vulnerable presente.
El racismo y escala tampoco explican el patrón. Los palestinos no son ni occidentales ni están cerca de los campus donde su causa se volvió dominante, y los manifestantes no defienden nada que realmente ayude a los palestinos, tal como la libertad de la tortura y del arresto arbitrario por parte de líderes corruptos, libertad de expresión y de prensa, y una educación que los prepare para una vida productiva y próspera.
La indignación occidental ha adquirido una economía política: una causa exitosa necesita más víctimas. La víctima predilecta no es la que más sufre, sino aquella cuyo sufrimiento puede ser utilizado políticamente. Una causa exitosa necesita un "villano" utilizable, idealmente uno que ya esté circulando en la narrativa. Israel sirve a ese propósito casi perfectamente. Está alineado con Occidente, es democrático, respaldado por Washington y es permanentemente accesible para la prensa. Sus políticos responden a las preguntas. sus tribunales fallan contra su gobierno, y todo eso lo hace susceptible de recibir presiones.
Nada comparable puede ser organizado contra el Talibán. Columbia no tiene un comité de inversiones vinculado a los talibanes contra el cual hacer piquetes, la Guardia Revolucionaria no dirige ningún programa de intercambio cultural que boicotear, y los señores de la guerra de Sudán son perfectamente indiferentes a un senado estudiantil en California. Las dictaduras son malos objetivos para el activismo performativo porque los dictadores son inmunes a la actuación. Atacar a Israel conecta a un activista con un aparato de grupos en los campus, ONGs y redes ensambladas durante décadas, con las consignas escritas de antemano y el vocabulario estandarizado. Alguien de 19 años de edad no necesita saber nada sobre el Medio Oriente para tomar parte. El necesita un cartel. Sudán requiere hacer la tarea, e informarse acerca del régimen en Irán le requeriría conceder que los enemigos del poder estadounidense son frecuentemente peores de aquello a lo que se oponen.
Una industria que nunca deja de hablar acerca de la "interseccionalidad" ha creado una jerarquía de la compasión en la cual las víctimas y lo que se hizo a la víctima cuenta menos que quién lo hizo y qué historia política puede ser construida en torno al hecho. Nada de esto disminuye el sufrimiento palestino, que fue infligido a personas reales. Deja a todos los demás fuera de la puerta.
La consistencia es algo que la maquinaria no logra proporcionar. Un movimiento que hablara realmente en serio acerca de derechos humanos se movilizaría por los cautivos cuyos esclavistas, tales como Catar, gozan de vastos activos. Protestaría por el tráfico de niños y robo de órganos, y defendería a las mujeres afganas y a los disidentes iraníes. Los civiles palestinos serían defendidos como civiles en lugar de como evidencias. Tal movimiento sería difícil de manipular, imposible de monetizar e inútil para toda facción que busque sacar provecho, lo que explica bastante bien por qué nadie ha creado uno.
Pierre Rehov, abogado de la Universidad de Paris-Assas, es un periodista, novelista y cineasta de documentales francés. Es autor de seis novelas, incluyendo "Más Allá de las Líneas Rojas", "El Tercer Testamento" y "Edén Rojo," traducido del francés. Su último ensayo tras la masacre del 7 de octubre " 7 octobre - La riposte " se convirtió en uno de los libros más vendidos en Francia. Como cineasta, ha producido y dirigido 17 documentales, muchos fotografiados a alto riesgo en zonas de guerra meso-orientales, y enfocado en terrorismo, sesgo mediático, y la persecución de los cristianos. Su último documental, "Pogrom(s)" destaca el contexto del antiguo odio al judío dentro de la civilización musulmana como la fuerza principal detrás de la masacre del 7 de octubre.
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