Ustedes probablemente tengan una visión errada de la guerra de Irán
El bloqueo demuestra el éxito de las sanciones. Si Estados Unidos mantiene el bloqueo, Teherán probablemente se quebrará.
Por Miad Maleki
Septiembre 18, 2026
Dos importantes informes sobre la guerra con Irán este mes probablemente dieron a los lectores la impresión que la República Islámica ha eludido los intentos de EE.UU. por contenerla, frustrando tanto el bloqueo naval de Estados Unidos del Estrecho de Ormuz y sus sanciones económicas. Un informe de Reuters del 1º de septiembre afirmaba que el bloqueo, al detener el crudo iraní, está teniendo éxito "donde fracasaron años de sanciones," mientras un informe del Journal del 10 de septiembre echaba dudas que el bloqueo haya funcionado, dado que Irán ha podido reanudar el ensamble de misiles balísticos. Pero esto invierte la realidad de la guerra—y por lo tanto pasa por alto una importante oportunidad para que Washington quiebre potencialmente a Teherán.
La guerra es una historia del éxito de las sanciones en facilitar las victorias militares, que a su vez permitieron que EE.UU. ponga aguda presión sobre la economía iraní. Años de aislamiento económico dejaron a Irán incapaz de defender sus propios cielos cuando Israel y Estados Unidos atacaron el 28 de febrero. Cerca de 900 ataques estadounidenses e israelíes impactaron objetivos iraníes en las primeras 12 horas de la guerra. El líder supremo Ali Khamenei y docenas de comandantes y funcionarios de alto rango, incluido el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas, murieron en la oleada de ataques de inicio. Israel se atribuyó la superioridad aérea al cabo de un día y la destrucción de un 85% de las defensas aéreas de Irán al cabo de tres semanas. Esa velocidad de dominio fue posible sólo debido a que las sanciones habían negado previamente a Irán el capital, la tecnología y partes que requiere una defensa moderna y capaz.
El suministro de misiles económicos, drones y aliados indisciplinados de Teherán es un esfuerzo por compensar su incapacidad de comprar combatientes modernos, forjar tratados militares significativos, construir un sistema de defensa aérea integrada o desarrollar una base industrial. Su fuerza aérea fue a la guerra este año con aproximadamente 265 aviones en condiciones de volar, la mayoría de ellos diseños que el shah compró antes de 1979. El presupuesto militar oficial de Irán era de us$7,400 millones en el 2025, de acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute, una caída por segundo año consecutivo en términos reales. Aunque Teherán gastó más riales, el 42% de la inflación se comió la diferencia. Los fondos petroleros ajenos al presupuesto oficial complementan esa cifra, pero incluso los estimados generosos colocan el presupuesto militar total de Irán en cerca de us$23,000 millones— menos de un tercio del de Arabia Saudita y aproximadamente la mitad del de Israel.
Las sanciones impidieron que Irán se reconstruyera apropiadamente después que Israel destruyó aproximadamente un tercio de sus defensas aéreas en junio del 2025—una previsión de lo que estaba llegando. Teherán estuvo exportando más petróleo que en cualquier año desde que Estados Unidos renunció al acuerdo nuclear de la época de Obama y reimpuso las sanciones en el 2018 y había recibido supuestamente nuevas baterías de misiles chinos pagados en crudo, un informe que Beijing negó. Pero aunque las baterías pueden ser compradas rápidamente, los radares, vínculos de datos, tripulaciones entrenadas y depósitos de reparación que hacen que una defensa funcione no pueden. Las sanciones demoraron la primera adquisición de aviones caza por parte de Irán en aproximadamente tres décadas—aviones rusos Su-35, según documentos rusos filtrados—que están destinados a llegar entre el 2026 y el 2028. Dado que el embargo de armas de Naciones Unidas se reactivó en septiembre pasado, la entrega violaría una resolución del Consejo de Seguridad.
Así como las sanciones vaciaron las defensas de Irán, dejaron frágil la economía del país. Después del 2018, la producción económica de Irán se achicó un 12% en dos años y la inversión cayó 17%. Irán entró a esta guerra con inflación interanual del 62%. Para julio era del 88%, y los funcionarios conceden un déficit de nafta de cerca de 4 millones de galones diarios. El comercio informado de China con Irán ha caído drásticamente desde que empezó la guerra, y ningún crudo iraní nuevo ha llegado a China desdde mediados de julio. Las sanciones produjeron la condición crónica, y el bloqueo trajo el choque agudo.
Analicen bajo esta óptica el informe del Journal del 10 de septiembre sobre la producción de misiles, y está claro que el bloqueo da a las sanciones nueva capacidad para limitar al ejército iraní. Irán está ensamblando misiles de componentes almacenados, en números más chicos que antes de la guerra, porque el bloqueo está manteniendo fuera las partes e ingredientes propulsores que no puede fabricar. Imágenes satelitales el año pasado mostraban que Irán todavía carecía de los mezcladores necesarios para el combustible sólido.
El riesgo ahora es diplomático—que Washington permita a Irán librarse de su bloqueo antes que el régimen se vea obligado a rendirse. El precio declarado de Teherán para reabrir Ormuz—el alivio integral de las sanciones, activos descongelados, un fin al bloqueo—es una solicitud del dinero en efectivo e importaciones que necesita para reconstrur sus misiles y defensas aéreas. Esto sería un retorno a la política de la administración Biden bajo la cual la aplicación debilitada permitió que decayera la ventaja estadounidense. Las exportaciones petroleras de Irán subieron de 340,000 barriles diarios en el 2020 a 1.45 millión en el 2024, y los ingresos de us$5,000 millones a cerca de us$50,000 millones, casi todo ello de China.
Más bien, ahora es el momento de cortar el comercio que queda con Irán. Es preciso interrumpir el flujo de oro y divisas duras que el Departamento del Tesoro alega pasa a través de Turquía; trabajar con los Emiratos Arabes Unidos para aplicar su propia decisión en agosto para frenar todas las transacciones con Irán; actuar contra la red de bancos y casas de cambio radicados en Irak que Estados Unidos alega mueven dólares a Teherán bajo la cobertura del comercio. E involucrarse en diplomacia callada con Beijing: un entendimiento privado que los bancos, abastecedores de químicos y fabricantes de armas chinos permanezcan fuera de la reconstrucción de Irán, empezando con el perclorato para combustible de cohetes, los mezcladores de propelente y las baterías de misiles.
La aviación estadounidense e israelí destruyó las armas que tenía Irán. Las sanciones le aseguraron que nunca adquiriera las que podrían haber mantenido a raya a esos aviones, y son el motivo por el cual su reconstrucción es lenta. Esa lentitud es el punto: Cada mez que se sostiene el bloqueo es un mes que Teherán no puede comprar su retorno. Washington no necesita un acuerdo que otorgue alivio inmediato, y no debería firmar uno que financiaría lo que impidieron cuatro décadas de presión.
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