jueves, 24 de septiembre de 2026

 La profunda confusión mental de Roberto Vannacci respecto a Israel y el pueblo judío. Vannacci es el adalid de la coherencia intermitente: un general que navega a ojo, haciendo declaraciones que se contradicen entre sí según la audiencia y el momento.

Ha construido un rompecabezas incoherente sobre los judíos e Israel que parece diseñado específicamente para mantenerlo vinculado a sectores dispares del electorado.
He aquí los hechos, no interpretaciones:
• 2023 – El libro *Il mondo al contrario* (El mundo al revés) y entrevistas posteriores
Vannacci insiste: «Los gais y los judíos no son intocables». Respecto a la Shoah: «Lo entiendo —la Shoah ocurrió, vale—, pero eso no convierte a la religión judía en una categoría protegida». Niega ser antisemita y señala que ¡ha trabajado con fuerzas especiales israelíes! Al mismo tiempo, resta importancia a la singularidad histórica del odio antijudío, tratándolo simplemente como otra forma de ofensa religiosa.
• Período posterior al 7 de octubre de 2023
Israel «tiene derecho a defenderse» de los ataques terroristas de Hamás. Palestina «técnicamente no existe». Se declara «amigo» de Israel. Sin embargo, en otras ocasiones se presenta como un «pragmático»: «No soy ni proisraelí ni propalestino». Reconoce la «colonización progresiva» de ciertas zonas, pero rechaza la idea de eliminar el Estado de Israel por considerarla inviable.
• 2024 – Entrevista con *Il Foglio*
Expresa su satisfacción porque Marco Tarquinio (candidato del PD) comparte sus puntos de vista sobre Rusia e Israel. Tarquinio había hablado de una «limpieza étnica» por parte de Israel. Vannacci no refuta ni aclara el punto, dejándolo en la ambigüedad: si alguien se alinea con sus objetivos, «es bienvenido», independientemente de su afiliación política. • 2025-2026 – Publicaciones en redes sociales y declaraciones públicas
Ataca las manifestaciones propalestinas, presentándolas como una alianza entre la «izquierda radical y el islam»: una causa que «encarna la lucha contra los judíos» y que es explotada por la izquierda «antiimperialista, globalista y, a veces, antisemita». Al mismo tiempo, sigue criticando las decisiones militares israelíes (por ejemplo, la idea de derrocar al régimen iraní) y se niega a justificar «todas» las acciones emprendidas por Netanyahu.
• Enero de 2026 – Día de Conmemoración del Holocausto
Publica un mensaje en recuerdo de las víctimas del Holocausto. Sus seguidores lo bombardean con comentarios revisionistas y antisemitas. No logra distanciarse claramente de esa misma base que lo insulta por reconocer Auschwitz.
• Septiembre de 2026 – Foro de Orvieto
Anuncia que votará en contra del proyecto de ley sobre el antisemitismo: «No porque tengamos un problema con los judíos —aunque me llamen sionista...—, sino porque no podemos aceptar el principio de que ofender a un judío sea más grave que ofender a un cristiano, a un musulmán o a un budista». Sigue el mismo patrón que en 2023: relativización combinada con la afirmación de que «no tengo problemas con los judíos».
Esta confusión no es casual.
Por un lado, relativiza la Shoah y el antisemitismo (afirmando que «no es más grave»); por otro, se presenta como amigo de Israel y ataca a la izquierda propalestina tachándola de latentemente antisemita. Por un lado, parece «pragmático» y ajeno a alineamientos; por otro, sostiene que Palestina no existe y que Israel tiene todo el derecho a defenderse. Por un lado, habla de haber trabajado con israelíes y conmemora el Holocausto; por otro, permite que su base lo ataque por ello y vota en contra de medidas específicas para combatir el antisemitismo.
Esto no es pensamiento estratégico. Es oportunismo. El resultado es un discurso confuso y vacilante que cambia de tono según la audiencia. No es coherencia ideológica. Es marketing electoral: captar votos de la derecha sin perder del todo los de la izquierda o del ámbito «alternativo». No es un caso de confusión por error. Es cálculo.

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