martes, 25 de agosto de 2026

 GRANDE BEGUIN!!!

ALTALENA: UNA HERIDA QUE NO DEBE REABRIRSE
Por Natalio Steiner
Director de Comunidades Plus
Altalena: el barco que estuvo a punto de provocar una guerra civil en Israel
El 22 de junio de 1948, apenas cinco semanas después de la proclamación del Estado de Israel, un enfrentamiento entre judíos dejó una de las heridas políticas más profundas de la joven nación. El protagonista fue el Altalena, un barco del Irgún (Etzel) que transportaba combatientes, armas y municiones desde Europa.
El buque había llegado primero a la zona de Kfar Vitkin, al norte de Tel Aviv, con alrededor de 900 inmigrantes y voluntarios y un importante cargamento militar. Para entonces, el gobierno encabezado por David Ben-Gurión había decidido que todas las organizaciones armadas judías debían integrarse en las recién creadas Fuerzas de Defensa de Israel. Esto significaba, en la práctica, el fin de la autonomía militar del Irgún, dirigido por Menájem Beguin.
El principal conflicto surgió en torno al destino de las armas. El Irgún pretendía conservar una parte para sus unidades, especialmente para sus combatientes en Jerusalén. Ben-Gurión, en cambio, sostenía que ningún grupo podía mantener armamento independiente del Estado. Para él, la cuestión no era solamente militar: se trataba de establecer desde el comienzo que el nuevo gobierno tendría el monopolio de las armas y de la fuerza.
Tras un primer choque armado en Kfar Vitkin, el Altalena navegó hacia Tel Aviv, donde encalló frente a la costa. La tensión aumentó rápidamente. Ben-Gurión ordenó a las fuerzas del ejército impedir la descarga de las armas y, finalmente, se abrió fuego contra el barco. Un proyectil de artillería alcanzó al Altalena, que comenzó a incendiarse mientras sus ocupantes intentaban abandonarlo.
El episodio dejó 19 muertos: 16 miembros del Irgún y tres soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel, además de numerosos heridos.
Menájem Beguin estaba a bordo. Ante la posibilidad de que el enfrentamiento se extendiera por todo el país, dio una orden que sería recordada durante décadas: no iniciar una guerra entre judíos. Sus seguidores tenían armas y podían haber respondido, pero Beguin insistió en evitar una guerra civil.
El hundimiento del Altalena consolidó la autoridad del gobierno de Ben-Gurión y el principio de que Israel tendría un solo ejército bajo control estatal. Sin embargo, también generó una profunda división entre el movimiento laborista de Ben-Gurión y el campo revisionista encabezado por Beguin.
Durante años, ambos sectores interpretaron el episodio de manera diferente. Para los partidarios de Ben-Gurión, su decisión fue necesaria para impedir la existencia de ejércitos partidarios dentro del Estado. Para los seguidores de Beguin, el ataque contra el barco constituyó un uso injustificado de la fuerza contra otros judíos en plena Guerra de Independencia.
Con el paso del tiempo, el Altalena se convirtió en mucho más que un episodio militar. Es recordado como una de las pruebas más difíciles que atravesó Israel en sus primeras semanas de existencia y, al mismo tiempo, como un momento decisivo en la construcción de sus instituciones.
La tragedia dejó además una enseñanza que Menájem Beguin repetiría posteriormente: por profundas que fueran las diferencias políticas, una guerra civil entre judíos debía evitarse a toda costa.

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