miércoles, 28 de enero de 2026

Del Middle East Forum

 Haz de Hierro y el fin de la guerra de imposición de costos

Los ataques de saturación dependen de la presunción que a los defensores se les agotarán sus interceptores o enfrentarán tensión financiera insostenible.
Israel's Iron Dome fends off terrorist attacks. The Iron Beam laser system augments this defense.

Israel’s Iron Dome fends off terrorist attacks. The Iron Beam laser system augments this defense.

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Durante más de dos décadas, los enemigos de Israel han confiado en una estrategia simple: Usar armas económicas para agotar las defensas costosas. Grupos terroristas en Gaza y Líbano, y fuerzas indirectas abastecidas por Irán en otras partes han seguido esta estrategia no para ganar batallas convencionales sino para agotar económicamente a Israel con el tiempo. Cuando un defensor debe gastar decenas de miles de dólares para derrotar una amenaza que cuesta algunos cientos, el atacante convierte al tiempo mismo en un arma.
Los estrategas llaman a este enfoque guerra de imposición de costo. Ha dado forma al entorno de seguridad de Israel y, más generalmente, al conflicto asimétrico moderno. Grupos armados disparan cohetes crudos, salvas masivas, y drones de bajo costo no porque esperan el éxito militar decisivo, sino porque quieren que el defensor pague más por cada intercepción. El sistema láser Haz de Hierro amenaza con terminar con esa lógica, no terminando el conflicto, sino haciendo colapsar la asimetría del costo que ha favorecido durante mucho tiempo al atacante.
Cuando la ofensiva demuestra ser más económica que la defensa, la agresión se vuelve más atractiva. Organizaciones de investigación han documentado cómo los actores más débiles aprovechan este desequilibrio obligando a estados tecnológicamente superiores a absorber costos desproporcionados. Los cohetes de corto alcance de Hamas y los vastos arsenales de misiles de Hezbola ilustran el modelo en la práctica: armas simples y sustituibles diseñadas para obligar al defensor a gastar interceptores escasos y costosos. Las defensas existentes basadas en misiles de Israel han salvado incontables vidas, pero operan dentro de esta asimetría en lugar de eliminarla.
Haz de hierro cambia la ecuación: Los interceptores de misiles cuestan típicamente decenas de miles de dólares por disparo—algunos considerablemente más—mientras que un arma láser de energía elevada, por el contrario, opera al costo marginal casi cero un vez desplegada. Cada intercepción requiere de electricidad y mantenimiento de rutina en lugar de un interceptor costoso y finito. Igualmente importante, Haz de Hierro elimina el problema de la "profundidad del cargador" que aqueja a las defensas de misiles. Los atacantes no pueden agotar un sistema láser disparando un cohete más. 
Este cambio importa estratégicamente. Los ataques de saturación dependen de la presunción que los defensores o agotarán sus interceptores o enfrentarán tensiones financieras insostenibles. El Haz de Hierro neutraliza las amenazas de bajo nivel a costo insignificante, despojando las tácticas de saturación de su recompensa económica. Los grupos armados pueden todavía disparar—pero ellos ya no imponen costo estratégico. Con el tiempo, lo que una vez pareció racional se vuelve performativo y excesivo.
El informe operativo reciente confirma que este cambio se ha movido más allá de la teoría. Israel ha anunciado intercepciones exitosas en combate usando armas dirigidas por energía, marcando la primera vez que un sistema láser de defensa aérea ha hecho la transición de pruebas experimentales a uso en el campo de batalla. La historia de la defensa está abarrotada de sistemas que actuaron bien en laboratorios y fallaron bajo condiciones de combate. El estreno operativo de Haz de Hierro señala que la defensa dirigida por energía ha cruzado esa barrera.
Las implicancias se extienden más allá de los cohetes. Los conflictos recientes han demostrado cómo los drones no costosos pueden imponer costos desmedidos sobre los defensores. Los enjambres de vehículos aéreos no tripuldos de bajo costo—a menudo derivados de plataformas comerciales—se proponen desbordar las defensas aéreas tradicionales a través del volúmen en lugar de la sofisticación. La intercepción de misiles contra tales amenazas se vuelve económicamente irracional en escala. La defensa láser, por el contrario, niega este problema.
Haz de Hierro no reemplaza la arquitectura de defensa aérea en capas de Israel; la fortalece. Los interceptores de misiles siguen siendo esenciales contra la amenazas de alto nivel tales como misiles balísticos y armas de precisión de largo alcance. Haz de Hierro absorbe el extremo económico del espectro de la amenaza, preservando a los interceptores costosos para objetivos que justifiquen su costo. Los planificadores de defensa ganan no sólo de la protección mejorada, sino de la protección sustentable.
Esa sustentabilidad ha atraído la atención más allá de Israel. Estados Unidos se ha comprometido a financiar el desarrollo de defensa dirigido a la energía, reflejando un reconocimiento que el problema de la imposición de costo se extiende mucho más allá del Medio Oriente. Las fuerzas estadounidenses, infraestructura aliada e instalaciones cruciales enfrentan retos similares de los drones económicos y ataques de saturación. La defensa láser ofrece un camino hacia restaurar el equilibrio económico en la defensa aérea.
Haz de Hierro no pone fin a la ideología ni elimina la intención hostil. Los analistas destacan que cambiar la curva del costo no cambia los motivos de un adversario. Sin embargo, cambia el entorno estratégico en el cual operan esos motivos. Cuando los ataques ya no hacen sangrar económicamente al defensor, cambia la dinámica de la escalada. La disuasión estabiliza. La defensa deja de funcionar como un reloj de cuenta regresiva.
Haz de Hierro puede ser una maravilla tecnológica, pero es también una corrección estratégica. Ataca la base económica de la guerra asimétrica en lugar de sus síntomas. Si es desplegado a escala, puede marcar el inicio del fin para un modelo de conflicto que recompensa la cantidad por sobre la efectividad y el espectáculo por sobre la estrategia. Eso solo lo convierte en uno de los desarrollos de defensa más consecuenciales de la década pasada.

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