Hoy, 27 de enero, mi mente regresa a aquel abril de 2022.
No fue un viaje cualquiera; fue la invitación de mi hija Anto a “Marcha por la Vida” la que me llevó a transitar caminos que transformaron mi corazón para siempre. Una vivencia que tocó mi alma y dejó marcas imborrables.
Recorrer esos campos en silencio no fue solo observar la historia, sino percibir el peso de las ausencias y, al mismo tiempo, la fuerza inquebrantable de la vida.
Allí comprendí que recordar no significa únicamente mirar hacia atrás, sino asumir un acto de amor hacia las familias destruidas, hacia las historias que no pudieron continuar, y rendir homenaje a la resiliencia de nuestro pueblo que, aún después de tanto dolor, eligió seguir viviendo.
En un día tan significativo, pienso especialmente en mis nietos y les dejo estas palabras, porque en ustedes late el mañana.
Mantener viva la memoria es un compromiso que se hereda de generación en generación, para comprender nuestras raíces y cuidar el camino que continúa para que nunca más vuelva a suceder. Recordemos el pasado para proteger el futuro.
Que Hashem nos acompañe en la tarea de transmitir valores, educar con amor y elegir siempre la vida.
El horror fue real.
La dicha de compartir la memoria con mi hija, también.
Zijronam lebrajá “Que su memoria sea una bendición”
Zajor. Nunca más.

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