El “Nunca Más” se defiende todos los días.
Seis millones de judíos fueron asesinados por ser judíos.
No fue un accidente de la historia: fue el resultado del odio normalizado, del silencio y de la indiferencia.
El Holocausto no comenzó con campos de exterminio.
Comenzó con palabras, con estigmatización, con la deshumanización sistemática del judío.
Hoy, cuando el antisemitismo vuelve a crecer en universidades, calles, redes sociales y se disfraza de consignas modernas, la memoria de la Shoá nos interpela más que nunca, la memoria deja de ser solo recuerdo y se convierte en responsabilidad.
Recordar no es un acto simbólico.
Es negarse a normalizar el odio.
Recordar no es mirar al pasado.
Es decidir, todos los días, de qué lado estamos.

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