martes, 23 de junio de 2026

de Jerusalem Post

 

La relación entre EE.UU. e Israel pertenece a Vance y Rubio, no a Trump

Aquí está la parte que casi nadie acá dirá en voz alta. Miren más allá de este acuerdo, y más allá del propio Trump, porque no le corresponderá a él definir la relación por mucho más tiempo, le corresponderá a los dos hombres a los que él sigue llamando su equipo soñado: JD Vance y Marco Rubio, quienes le darán forma durante la próxima década, probablemente en conjunto.
Nos decimos que Rubio ama a Israel, y lo hace. Pero Rubio es el último de su especie, no el primero de una nueva especie. Vance es el molde ahora: respeto; nada de la antigua devoción; el registro en el que se está instalando el partido.
El detalle que ustedes deben tener en cuenta es menor: El propio consejero de Rubio en el Departamento de Estado, Mike Needham, parece salido del riñón de Vance – la misma indiferencia absoluta acerca de si somos amados. Cuando la calidez se haya agotado incluso en las oficinas del bando pro-Israel, no va a regresar.
El mismo frente frío se llevó consigo los sermones. Esta generación no siente nada por la causa palestina tampoco: ningún plan; ningún mapa con nuestro nombre cortado a la mitad.
La semana en que 99 de nuestros miembros de la Knesset votaron contra un estado palestino, el futuro del Partido Republicano ya había perdido interés en crear uno. Hay una lucha real acerca de si el ala que se desliza en el desprecio abierto hacia los judíos se queda o se va, y la gente que la empuja podría perder. Ninguno de ellos nos odia. Son indiferentes con un tipo de indiferencia con la que ustedes pueden trabajar una vez que dejen de esperar ser amados.
Los intransigentes tienen una respuesta, y yo mismo la tenía. ¿Qué promoción? El régimen de Khamenei está todavía en pie. El uranio está enterrado, no se ha ido. Hezbola está dañado y respirando. La televisión estatal iraní lo está llamando una victoria. Una promoción.
Es todo cierto, y pierde el punto. Nunca íbamos a derribar a ese régimen desde el aire, y la gente que nos dijo que lo haríamos estaba vendiendo algo. El techo honesto de esta guerra fue un Irán humillado, su liderazgo decapitado, sus aliados eviscerados, su programa frustrado, con una superpotencia ahora tratándonos como un socio en lugar de como una carga.
Tocamos ese techo. La brecha entre eso y lo que se nos prometió es una factura para los que exageraron la guerra, no para Washington.

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