martes, 23 de junio de 2026

del jerusalem post

 

El acuerdo con Irán es una medida electoral de Trump

Entiendan lo que fué el acuerdo. Fue una elección estadounidense. Trump tiene una elección de medio término en cinco meses, los demócratas están arriba, y los iraníes extendieron la guerra para apretar al consumidor estadounidense hasta que un presidente asustado por la Cámara de Representantes necesitara que termine. El Estrecho de Ormuz abre, se mueve el petróleo, bajan los precios de la nafta, el presidente en ejercicio exhala con alivio.
Cuando Vance lo vendió en televisión, no lo llamó un buen día para Israel. El lo llamó “un gran día para el pueblo estadounidense.” Está nuestro nuevo estátus en una oración: El acuerdo que leímos como un referendo sobre nuestra supervivencia fue, en los lugares que importan, un referendo sobre el precio de la nafta en Pennsylvania.
El hombre que me dijo que guarde el dinero es más optimista que yo, y aquí es donde discrepamos. En el programa de Megyn Kelly esta semana, ella mostró a Vance un fragmento de John Podhoretz, uno de los conservadores más pro-Israel en Estados Unidos, objetando el acuerdo. Vance no se inmutó. El dijo que Podhoretz estaba “revelando el juego” al preocuparse más por Israel que por los precios estadounidenses de la nafta.
Cuando se le entregó la objeción grabada del halcón, al aire, el hombre que muy probablemente sea el próximo presidente se dirigió a las gasolineras. El respeto cuenta los votos. No se asoma a las 3 a.m. cuando un cohete cae en Kiryat Shmona, y no hay nada ahí para Ohio.
Asi que, acá hay una apuesta por la que me pueden pedir cuentas. El respeto perdura. La protección que solía venir con él, no, y es puesta a prueba antes que termine el año, probablemente en Líbano, dentro del reloj de 60 días que vencen justo alrededor de la fecha en que vamos a votar. La mañana en que es puesta a prueba, Washington nos compara con su propia política, y algunas mañanas perdemos.
Entre ahora y entonces, la tarea es no lamentarse y no regodearse. Es convertir el respeto en la moneda que ignora el ánimo de todos: las armas las construimos nosotros mismos, el extraño nuevo mapa desde Somalilandia a Kazajistán, un país que ha renunciado a organizar su supervivencia en torno a ser amado.
Nada de esto ayuda la mañana en que cae el cohete, y Washington no dice nada. Pero la calma de esta semana es el sonido de un pequeño país al que le entregan las llaves personas que nunca lo adorarán ni lo tomarán en serio de todas formas. Así es como suena madurar. Era hora que lo hiciéramos. Nos costará, ¿pero sigue siendo la mejor oferta?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.