La nueva Siria: El enemigo del enemigo de Israel
Al-Sharaa no es un amigo, pero su ascenso representa una oportunidad novedosa.
Por Or Horvitz
Agosto 16, 2026
Israel tiene una oportunidad única en Siria. El colapso del régimen de Bashar al-Assad en diciembre del 2024 cambió abruptamente la orientación regional. Siria de pronto ya no fue más el sustento del eje chií en el frente norte, a través del cual pasaban las armas y dinero iraníes a Hezbola. En su lugar, Damasco pertenece a Ahmed al-Sharaa, un líder suní y ex comandante del afiliado sirio de al-Qaeda, quien había combatido a Hezbola durante años.
Hasta ahora, Israel ha tratado al Sr. al-Sharaa con escepticismo. Respondió militarmente a la caída del régimen de Assad, destruyendo las capaidades sirias y capturando una línea de avanzada en el Golán sirio. El pasado del Sr. al-Sharaa plantea interrogantes legítimos acerca de si su transformación política de yihadista a reconstructor de Siria que viste de traje es genuina o táctica. Aún cuando él está verdaderamente comprometido a restaurar Siria y a estabilizar las relaciones con Israel, el país seguirá siendo frágil. El sur de Siria es vulnerable ante la actividad terrorista; tales grupos han operado cerca de la frontera israelí antes. La relación del régimen con Turquía es también preocupante, mientras la disputa no resuelta por los Altos del Golán limita las perspectivas para la paz integral.
Sin embargo, Israel parece estar perdiendo una oportunidad estratégica. El Sr. al-Sharaa no es amigo de Israel, pero es un claro enemigo de Hezbola. Y mientras el gobierno sirio anterior dependía de Irán y Rusia, el del Sr. al-Sharaa depende del apoyo occidental y del golfo, de la inversión extranjera y de la aceptación internacional. Damasco necesita calma en el frente israelí.
Esta superposición de intereses parece ya estar devengando resultados. De acuerdo con Axios, Estados Unidos en julio negoció un entendimiento que involucra a Siria, Israel y la Agencia Internacional de Energía Atómica para asegurar y sacar el material nuclear de un sitio clandestino vinculado al programa nuclear del régimen de Assad. El episodio demostró que donde convergen los intereses, Israel y el nuevo gobierno sirio pueden hacer frente a las amenazas de seguridad concretas a través de acuerdos mediados por Estados Unidos y verificables en vez de a través de la confrontación.
Israel debería explotar esta superposición de intereses en dos áreas: debilitando al eje chií e impidiendo que los grupos terroristas suníes se establezcan en Siria. Por primera vez en años, hay un gobierno en Damasco que puede reducir abruptamente el flujo de armas y dinero a Hezbola. Israel debería promover un mecanismo de seguridad liderado por EE.UU. junto a la frontera entre Siria y Líbano para impedir el rearme de Hezbola—una parte esencial de cualquier esfuerzo por debilitar al grupo. Las fuerzas occidentales, incluida Israel podrían entrenar y apoyar a las unidades sirias y libanesas designadas para atacar las redes de contrabando con la ayuda de sistemas avanzados de monitoreo. Estados Unidos garantizaría que Siria y Líbano hagan una prioridad de asegurar la frontera e interrumpir el contrabando.
Los dos países deberían evitar que Siria sirva a grupos yihadistas globales o a Hamas. Israel puede apoyar la reconstrucción bajo condición de excluir a las fuerzas iraníes, impedir la infraestructura terrorista y garantizar que el territorio sirio no sea usado nuevamente para amenazar a Israel.
Israel debería seguir siendo cauta. Cualquier redespliegue israelí de las posiciones que capturó tras la caída del Sr. Assad debería ser gradual y estar atado a condiciones de seguridad verificables. Israel puede también coordinar la ayuda humanitaria a través de canales internacionales monitoreados para las comunidades fronterizas, ayudando a estabilizar una de las áreas más pobres de Siria y a reducir la hostilidad local hacia Israel.
Un tratado de paz integral no es actualmente realista. Pero la estrategia de Israel no necesita correr limitarse sólo a la fuerza. En la Siria del Sr. al-Sharaa está surgiendo una oportunidad para la cooperación limitada contra el eje chií, lo que podría preparar el terreno para acuerdos más amplios, principalmente un acuerdo de seguridad en el sur de Siria. Israel debería buscar la oportunidad de forma cautelosa, siguiendo el enfoque de Reagan hacia Gorbachov: Confía, pero verifica.
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