El nudo gordiano de la guerra de Trump contra Irán
¿Qué haría Alejandro Magno? Privar a Teherán de los ingresos petroleros y concentrar a los aliados contra el régimen.
Por Ludovic Hood
Agosto 17, 2026
Más de 2,300 años después que se dijera que Alejandro el Grande confrontó el Nudo Gordiano mientras perseguía al Imperio Persa, el Presidente Trump y su administración enfrentan su propio dilema en Irán. El Sr. Trump está atrapado entre las restricciones políticas que impiden usar la fuerza militar adecuada para cambiar el comportamiento de Teherán y un régimen desafiante dispuesto a arriesgarse al serio dolor económico para rechazar las demandas de Washington.
La Casa Blanca parece haberse decantado por una campaña de presión económica, una especie de pausa hasta después de las elecciones de medio término de Estados Unidos o del año nuevo. El riesgo es que tal política de contención podría estancarse en un punto muerto que el régimen reclamará como una victoria. Tras desafiar las órdenes de Estados Unidos, Teherán terminaría con el control de facto del Estrecho de Ormuz y su eje de la resistencia, aunque disminuido, todavía potente en la Media Luna chií.
Desatar este nudo gordiano y llegar a un resultado satisfactorio, a saber un gobierno moderado o nuevo en Teherán, depende de dos líneas de esfuerzo: librar la guerra económica contra las fuentes de ingresos del régimen y convocar a los socios para debilitar a Irán y su red aliada en la región. El Sr. Trump debería ar al Secretario del Tesoro Scott Bessent y al Secretario de Estado Marco Rubio un cheque en blanco para estrangular la economía iraní—por sobre todo, las fuentes de financiación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica—y lanzar una campaña diplomática enfocada. Esta campaña sería apoyada por el uso juicioso de la fuerza, aprovechando las capacidades de los aliados regionales para poner de rodillas a las milicias pro-iraníes en Irak, a los hutíes en Yemen y a Hezbola en Líbano.
El liderazgo dividido de Irán ya está a la defensiva internamente y regionalmente. La administración Trump puede dañar al régimen en ambos escenarios y acelerar su desaparición. Localmente, cuatro levantamientos populares desde el año 2018—incluyendo protestas nacionales este año—ilustran el descontento del pueblo iraní con las duras condiciones económicas traídas por las políticas de un régimen doctrinario, corrupto e inepto. La economía ya frágil se tambalea por un estimado de us$270,000 millones en daños a la infraestructura a partir de los ataques aéreos estadounidenses e israelíes—equivalentes a un 60% de la producción anual de Irán.
Las exportaciones petroleras han caído en más del 70% desde el inicio del bloqueo de los puertos iraníes por parte de la Marina de Estados Unidos. En los últimos dos meses, las acciones por parte del Departamento del Tesoro han restringido aun más el acceso de Teherán a los ingresos de las ventas de petróeo y de las redes financieras ilícitas. El Sr. Trump debería permitir que el Sr. Bessent aumente la presión sobre China y otros países que proporcionan apoyo a Teherán.
Además de nuevas sanciones contra actores iraníes y facilitadores de transacciones ilícitas, los Departamentos del Tesoro, de Estado y de Justicia deberían ejecutar vigorosamente las sanciones existentes, incluyendo ir tras intermediarios en las sombras y los centros de transbordo, ya sea basados en Shangai, Singapur o Dubai. La presión económica sostenida exacerbará la inflación, la fuga de capitales y la crisis bancaria en Irán. El control sobre el poder por parte del régimen casi con seguridad se debilitará a medida que la economía colapse bajo esta campaña.
El aparato aliado regional de Irán ha sufrido gran daño en la serie de conflictos precipitados por el ataque de octubre del 2023 de Hamas contra Israel, por la caída del régimen de Assad en Siria a fin del 2024, y por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes en los últimos seis meses. Los nuevos gobiernos en Beirut y Bagdad han mostrado una voluntad, aunque tentativa, por refrenar a los grupos militantes apoyados por Irán.
Queda mucho trabajo por hacer para degradar la capacidad de Irán de descargar a sus aliados para atacar a los aliados de Estados Unidos del golfo, a Israel o los intereses estadounidenses en otras partes—tanto como su capacidad de dictar los acontecimientos políticos en Beirut y Bagdad. El Presidente Trump debería empoderar al Sr. Rubio para que involucre a los aliados árabes en una campaña para debilitar a Irán y a sus aliados regionales.
Los líderes en Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos y Catar—todos socios económicos y estratégicos de Estados Unidos—saben que Irán cruzó un Rubicón con sus ataques de misiles y drones contra sus capitales e infraestructura. Ellos y otros gobiernos árabes, aunque amenazados por Irán, parecen incapaces de proyectar unión o convicción. El compromiso diplomático de Estados Unidos puede tranquilizar y galvanizar a nuestros aliados regionales.
Una campaña liderada por el Sr. Rubio puede reforzar los esfuerzos por degradar a las milicias apoyadas por Irán en la región. La diplomacia liderada por Estados Unidos puede ayudar a resolver las diferencias entre Abu Dabi y Riad por Yemen y los hutíes. Puede facilitar los roles respectivos de los aliados del golfo en fortalecer a los nuevos gobiernos en Bagdad y Beirut para que puedan poner presión sobre los grupos respaldados por Irán y mejorar la gobernancia general.
Durante los últimos 35 años las restricciones políticas y otras internas han mermado la disposición de los presidentes estadounidenses a comprometer la fuerza militar necesaria para lograr sus objetivos. La administración Trump no es diferente: Es improbable que el presidente se comprometa en una campaña de bombardeo sostenida, por no hablar de botas en el terreno. Afortunadamente, el Sr. Trump—como Alejandro Magno en el año 333 A.C.—tiene un camino por delante, uno que requiere paciencia y crear una coalición, reforzada por las amenazas y acciones militares.
El Sr. Hood es un miembro principal en el Center for Peace and Security in the Middle East del Hudson Institute y un ex diplomático estadounidense con múltiples publicaciones en el Golfo Pérsico.
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